Aprendizaje afectivo

Claudia Vivanco (Educación 92) se planteó tener su colegio propio. El enseñar corre por sus venas.

Por Cesar Flores Córdova.
Claudia Vivanco enseñando a niño

Corrían los meses finales de 1987 y una sola carrera profesional retumbaba en la cabeza de Claudia Vivanco: Educación especial. Sin embargo, esta especialidad no se dictaba en ninguna de las universidades de la ciudad. Decidió, entonces, postular al programa académico de Ciencias de la Educación de la Universidad de Piura, en la especialidad de Educación Primaria.

Luego de cinco años de estudios terminó la carrera y, sin respiro, inició su primera etapa como profesional, que duró tres años. Luego, decide casarse y deja la vida profesional para dedicarse a su familia. Era feliz con su nueva vida de casada, pero algo no estaba bien: quería seguir ejerciendo la pedagogía con el espíritu de siempre. Fue allí, sin proponérselo, que se inició la historia de la empresa propia.

El colegio propio
“¿Y si hacemos un colegio?” fue una de las preguntas que se plantearon tres mujeres, hace ya 15 años. Carla Contini y Mercedes Dediós estaban de visita en la casa de Claudia y conversaban sobre lo que su aún corta experiencia laboral les dictaba; entre otras cosas, ellas estaban convencidas que podrían ofrecer otra alternativa educativa para la ciudad, un colegio que trabaje lo académico, lo afectivo, y que respete la individualidad de cada alumno.

Luego de un mes de trámites legales –y con una inversión inicial de mil dólares y muchas letras bancarias– el colegio empezó a funcionar con un poco más de 50 alumnos. De esta manera, Claudia Vivanco se convirtió en una de las promotoras de la institución educativa Las Arenas.

“Empezamos con un aula de Educación Inicial de 5 años, y Primaria hasta quinto grado. Nosotras éramos todo: porteras del colegio, hacíamos la limpieza y cobrábamos la pensión. Pero, no recibíamos ganancias porque se iba en pagar sueldos, alquileres, servicios; cumplíamos con todo pero, para nosotras, ni un sol. Éramos las esclavas del colegio. Luego de algunos meses fuimos viendo los frutos de nuestro esfuerzo”, recuerda Claudia. Hoy, el colegio alberga a más de 300 alumnos y tiene más de 42 trabajadores.

Es evidente que el colegio ha crecido en muchos aspectos; por ello, Claudia lo siente “como un hijo más al que cuidas”. Es un cuidado que incluye a los padres de familia, a los alumnos, al personal que trabaja en aula, personas valiosas que tienen nuestro respaldo para crecer y el apoyo para cuando cometen errores”.

Enseñanzas imborrables
La idea que sigue practicando Claudia, junto a sus socias, es que su colegio siempre impartirá educación “no solo en conocimientos” sino también “como personas”: “Para mí todos necesitan un trato igual, deben sentir que son importantes, que valoras lo que ellos hacen para darles mayor seguridad. No concibo que la sociedad o el mismo colegio hagan diferencias con los alumnos”.

Esa convicción, afirma, la aprendió en las aulas de la UDEP con los profesores Pablo Pérez, Carmela Aspíllaga, Bertha Ho, Ana María Altuna y María Luisa Sánchez, de quienes guarda muy gratos recuerdos: “De ellos aprendí la ética, la prudencia, la honestidad, la transparencia”. Estos valores son dejados de lado por muchas entidades educativas pues solo se preocupan por el conocimiento. Siempre he creído que los chicos vienen felices y deben irse igual”.

En ese sentido, a Claudia le apena la situación confusa en la que se encuentra la educación peruana: “Día que no trabajas, no lo recuperas. No estoy de acuerdo con las huelgas porque al único que perjudicas es al alumno. No se puede jugar con el futuro de los chicos. Si la educación en el Perú no sigue un proyecto a largo plazo nunca se verán resultados positivos. Lamentablemente, las cifras no nos acompañan”.

Después del largo trajinar de 15 años, hay algo que a Claudia Vivanco le gustaría disfrutar: más tiempo con sus hijos. “Es sumamente difícil verlos. Le agradezco a mi esposo, Abel, a quien admiro mucho y, además, es quien siempre me ha apoyado; a mis 5 hijos: Nicolás, Sebastián, María Claudia, Daniela y Andrea, con quienes me gustaría estar mucho más tiempo”. El mayor tiene 14 años y las menores son gemelas de 5 y aunque aún no se puede asegurar, a ellas también les gusta jugar a la escuela.

“Cuando juegan, la mayor es la profesora y las gemelas son las alumnas; o una gemela se sienta delante de la otra para enseñarle. Yo jugaba a lo mismo y simulaba corregir las tareas de mis muñecas; ellas aún están pequeñas” afirma. El tiempo lo dirá.

Examen 2013-I

La Facultad de Ciencias de la Educación aplicará un examen de admisión (gratuito) dirigido a todos los jóvenes que deseen seguir la carrera de Educación (Inicial, Primaria) en la Universidad de Piura, en el periodo 2013-I.
La prueba será el martes 26 de febrero; las inscripciones estarán abiertas hasta el 25 de este mes. Inscripciones: http://udep.edu.pe/taa_educacion/

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