Trabajó 22 años en la UDEP

Fallece Enrique Martínez y deja un ejemplo de alegría y optimismo

Enrique, el jefe del servicio de mantenimiento de la Universidad de Piura falleció ayer, en Lima, dejando como legado su ejemplo de trabajo bien hecho, su espíritu cristiano, optimismo y compañerismo.

Por Elena Belletich.
El Ing. Enrique Martínez, derecha, trabajó 22 años en la Universidad de Piura.

“Gracias Kike por todos los años y experiencias compartidas, por el cariño y las largas conversaciones. Estoy seguro de que nos volveremos a abrazar”, así se despide su amigo y compañero de trabajo Pedro Escajadillo, tras la noticia que ha entristecido a la comunidad universitaria.

Enrique Martínez Palacios, Kike para algunos de sus amigos, el Ñaño, para los más cercanos, ha sido durante más de 22 años un entregado trabajador de la Universidad de Piura, esposo amoroso de Liliana Mogollón y padre dedicado de Natalia, Jorge Enrique (alumno de Ingeniería de la UDEP) y Sebastián Alonso. Ahora, descansa en paz.

Más de media vida en la UDEP
Se vinculó a la UDEP allá por el año 1987, cuando comenzó a estudiar la carrera de Ingeniería Industrial y de Sistemas, hasta titularse. Realizó prácticas profesionales en el Centro de Diseño del Departamento de Ingeniería Mecánico Eléctrica. “Allí, aprendía y realizaba diseños mecánicos en AutoCAD, era un muchacho muy dedicado e inquieto. Llegaba temprano y salía tarde, interesado en aprender nuevas formas de diseñar mejor. En ese entonces, las versiones de AutoCAD aparecían con cierta frecuencia y todos buscábamos las mejores herramientas para el diseño”, recuerda el doctor Dante Guerrero.

En agosto de 1997, Kike comenzó a trabajar en esta casa de estudios, en la Oficina de Servicios Técnicos (OST); y, actualmente, se desempeñaba como jefe del servicio de mantenimiento. Durante todo este tiempo, destacó por su calidad humana, su optimismo y compañerismo. Estamos seguros de que esta alegría y fortaleza, con las que afrontó las dificultades que le tocó vivir, serán un ejemplo a seguir para sus hijos, amigos y compañeros, aseguran quienes lo han conocido.

“El Ñaño”
Pedro Escajadillo, uno de sus amigos más cercanos, nos cuenta que Enrique se ganó la ‘chapa’ de Ñaño “no solo porque tenía la apariencia de un niño, robusto y saludable, sino porque también era una persona sencilla, sincera, cariñosa y servicial, como un niño. A cualquier persona que lo conociera le caía bien, pues siempre estaba de buen humor, dispuesto a arrancar una sonrisa o a dar un consejo, si era necesario”.

“Tenía una risa fuerte y contagiante… En una cara con expresión de felicidad, roja, y con todo el cuerpo moviéndose. Expresión de la alegría que siempre llevaba dentro. Era un amigo noble, generoso y leal”, comenta el ingeniero Jorge Machacuay, quien lo conoció desde antes de ingresara a estudiar en la UDEP.

Padre de tres hijos, uno de los cuales sigue sus pasos en la Ingeniería, ponía siempre a su familia en un lugar especial. “Su familia era lo más importante al igual que la UDEP. La universidad era su casa, él la sentía así y la cuidaba como si realmente fuera suya”, comenta Pedro.

“Siempre se preocupaba de que sus seres queridos estuvieron bien y procuró el equilibrio entre el tiempo que dedicaba a su esposa e hijos y a sus padres”, recuerda Jorge.

Trabajo en equipo
“Era un compañero que le gustaba trabajar con mucha coordinación y en equipo con quienes tenía a cargo. Promovía mucho las charlas de formación, así como los retiros espirituales. Yo debo mucho mi acercamiento a Dios, a la gentil insistencia de Kike”, recuerda Rolando Castillo, con profunda emoción.

Rolando está convencido de que el ejemplo de Enrique Martínez ha calado en sus compañeros: “En el trabajo, con esa sencillez de las personas que saben mucho, nos dio mucha confianza y libertad para realizar nuestras tareas. Si se producía algún error, siempre estaba ahí para que pensáramos juntos la solución y evitarlos en el futuro; para ayudarte y sacar las cosas adelante”.

“Es una de las personas más nobles y responsables que he conocido. Desde los años universitarios siempre estaba allí para apoyar, anímica y materialmente. Era muy generoso. Como estudiante, era uno de los más responsables y siempre destacó por sus notas. Era muy querido por todos gracias a su carácter alegre y juguetón…”, acota Jorge Machacuay.

Mañana se despide de la UDEP
Enrique será velado en la Iglesia San Sebastián (velatorio, Piura), a partir de las 11:00 a. m., del viernes 21 de junio. El sepelio será el sábado 22 en el Cementerio Campo de Paz, a las 10:00 a. m., previa celebración de la misa.

Una hora antes (9 de la mañana), la comunidad universitaria lo despedirá en la Ermita de la Sagrada Familia del campus, donde habrá un responso por el descanso de su alma.

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