Rosa Zeta de Pozo. Doctora en Ciencias de la Información por la Universidad de Navarra. Profesora de la Facultad de Comunicación, en los cursos Historia de la Comunicación, Ética de la Comunicación Digital, entre otros. Autora de varios libros y numerosos artículos científicos.

Publicado el en Nº 84.

El concepto de “verdad”, elemento constitutivo de la información periodística, se refiere al ser de las cosas, a su esencia, pero hoy está siendo relegado por la denominada “era de la posverdad”.

El Oxford Dictionary (2016) define “posverdad” como un adjetivo que denota circunstancias en las cuales los hechos objetivos tienen menos influencia, en la esfera pública, que la opinión, la cual apela a la emoción y a las creencias personales. La verdad de los hechos pasa a un segundo orden porque la realidad es lo de menos y la verdad no es un referente que se busque ni comparta generalmente.

El problema se ha agudizado con la comunicación digital que da demasiada importancia a los clics o a los likes. Lo que más interesa es el impacto, que luego se traduce en publicidad e ingresos. El público difunde la información que recibe, sin saber si es verdadera o falsa. Mucha de la que circula en las redes sociales es fragmentada o es la opinión de gente que piensa igual que el emisor. De este modo, se pierde la pluralidad informativa, la visión de conjunto.

Hace falta rescatar el sentido de responsabilidad de los medios tradicionales y digitales. Estos siguen teniendo la responsabilidad de defender la verdad; de investigarla y decirla, para ser creíbles y confiables; y, de ser independientes e imparciales.

Estamos en la sociedad “desmediatizada” descrita por Arrese (2016), en la que hay una gran fragmentación de fuentes de información y audiencias cada vez más atomizadas. Entonces, urge redescubrir la verdad. José María Desantes, ya en “La verdad en la información” (1976), establecía claramente que la información supone dar una forma mental a la realidad para darla a conocer. Parte, por tanto, de la realidad que es el supuesto previo informativo.

Desantes resalta ampliamente en su obra el sentido de la verdad como objeto del Derecho de la Información y establece su exigibilidad jurídica. Siguiendo su doctrina, podemos establecer que el Derecho a la información postula, exige y conforma el deber de informar, precisando que sea siempre una realización de la justicia. Con Ulpiano, define la justicia como la voluntad constante y mantenida de dar a cada uno lo suyo.

Las empresas informativas tienen la responsabilidad de contar la verdad. Coincidimos con el informe Ethics in the News (2017), que señala: “El deber de los periodistas en la era de la posverdad es el mismo que ha tenido siempre. Separar las mentiras de los hechos, informar a los lectores con toda la honestidad posible y ayudar a acercarnos con la mayor proximidad a la verdad”.