Martín Palma Lama. Doctor ingeniero por la Universidad Politécnica de Madrid e ingeniero por la Universidad de Piura.  Es profesor de la Facultad de Ingeniería de la Universidad y de la Escuela Naval del Perú. Ha sido también Director Regional de Educación de Piura.

Publicado el en Nº 85.

Actualmente, en el Perú se discute la conveniencia de acreditar las carreras universitarias, al punto de que se han emitido dispositivos legales y creado instituciones estatales para ayudar a lograr esa condición, pero ¿qué es acreditarse?, ¿por qué hacerlo?

La acreditación es el resultado de un proceso voluntario de evaluación del cumplimiento de las funciones universitarias que una carrera manifiesta desarrollar, a partir de información fidedigna y objetiva. El fin es demostrar la calidad de la formación de los egresados de la institución y de los recursos empleados para alcanzarla.

Para garantizar la imparcialidad, el proceso lo realizan instituciones externas a las universidades. La credibilidad que la sociedad da a la calidad de los egresados de una universidad acreditada está íntimamente relacionada con el mayor o menor prestigio de la acreditadora. Al interior de la institución y para su entorno cercano, la acreditación puede parecer innecesaria, pues conocen sus recursos y a sus egresados; sin embargo, si una facultad desea influir en ámbitos alejados de sus campus o socioeconómicamente complejos, el respaldo de un acreditador de prestigio y de una autoridad nacional e internacional es muy relevante.

El objetivo es que una carrera demuestre, a sí misma y al acreditador, que cuenta con las políticas, procedimientos y recursos adecuados para cumplir su misión y objetivos, que los pone en práctica en un ambiente de progreso y mejora continua, y que se vivencian en los estudiantes y profesores. Para ello, una carrera pasa por tres etapas, con valor propio: autoevaluación institucional, evaluación externa y la final o de síntesis. Las tres se complementan, dándole al conjunto del proceso el carácter completivo. La primera etapa la realizan evaluadores internos quienes determinan las propias debilidades y fortalezas. La segunda, la conducen evaluadores externos y precisan cómo está la universidad, con un enfoque global y sin considerar intereses particulares. En la evaluación final, la acreditadora determina si otorga la acreditación considerando los resultados de las etapas anteriores.

La sociedad solicita cada vez más estas valoraciones para determinar cuáles carreras y de qué instituciones merecen atención y respaldo por sus resultados reales y comparables. La acreditación no es una moda, es un reconocimiento sustancial y, en algunos casos, imperioso, de que una carrera hace lo que dice, no porque así lo perciba alguien, sino porque la evaluación de un experto externo que compara muchas y muy diversas universidades, así lo determina.