En sus 30 años en la Universidad, el doctor Antonio Abruña Puyol considera que ha cumplido un papel mínimo comparado con el de la ‘machada’ o valor de quienes, con San Josemaría a la cabeza, impulsaron el inicio de la UDEP y la encaminaron.

Publicado el en Nº 86.

Huye de las entrevistas y no le gusta que le “revienten cohetes”. Aún así, sus colegas, alumnos y exalumnos no dejan de reconocer sus cualidades: “Su actitud positiva al escribir, al evaluar resultados o cuando afronta retos, y su tenacidad manifiesta al poner en marcha – hace 25 años– la Facultad de Derecho, la primera en esta parte del norte del país”, refiere Carlos Hakansson, profesor de la Facultad.

Se vincula a la Universidad desde 1978, a través de asesoría legal de ADEU, la promotora de UDEP. Ha sido representante del Istituto per la Cooperazione Universitaria (ICU) en el Perú por lo que tuvo una relación estrecha con algunos proyectos de la Facultad. Proyectos que reflejan su gran capacidad de gestión y liderazgo, cualidades más que importantes en sus dos gestiones como rector, del 2003 al 2012. Actualmente, es profesor ordinario principal de Derecho Administrativo.

Cuando le encargaron la tarea de formar parte del grupo que inició la Facultad, se valió de los dos años que duraban los estudios generales para buscar a los primeros profesores. Tiempo suficiente para sentar las bases de un proyecto con el perfil que quería la Universidad.

No solo reconforta sino que enorgullece el prestigio que tiene la Universidad, eso lleva consigo un grado de responsabilidad muy grande, porque si no estamos a la altura de los que iniciaron este proyecto, estaríamos, de alguna manera, traicionando a la Universidad.

— (A. Abruña, 2009)

Como rector, demostró su habilidad para dirigir con una política de puertas abiertas: siempre disponible para recibir a todos, escuchar y dialogar, excepto si alguien “habla mal del Real Madrid”. Como buen madrileño, eso sí que no. Hincha número uno de las olimpiadas y otras iniciativas deportivas. Su gran espíritu deportista lo llevó a jugar tenis, deporte del que se alejó un par de años debido a una lesión degenerativa en la rodilla. Pero ni eso lo detuvo por mucho. Hoy, con una rodilla de titanio, ha regresado a las canchas.

Su función en el rectorado reconfirmó su visión del verdadero quehacer de toda universidad: “En especial de esta, que tiene una identidad propia, que impulsa la investigación como tarea primordial, promueve la formación continua de los profesores y cumple su rol de servicio a la sociedad”.

Está muy al día con las cuestiones, normas y leyes universitarias así como con el desarrollo universitario en el Perú. Por ello, sabe de lo que habla cuando dice con orgullo: “La Universidad de Piura tiene un prestigio bien ganado, con esa identidad y espíritu propuestos por sus fundadores, que constituye también un ejemplo. Los que nos visitan quedan sorprendidos de que hayamos creado espacios, tanto aquí como en Lima, que sean lugares propicios para la vida universitaria. Si nuestros egresados de las diversas áreas o facultades tienen logros importantes en diversos aspectos del desarrollo nacional, es porque ellos constituyen un reflejo del trabajo bien hecho que todos debemos realizar”.

Amistad sí. Exigencia, también

 

Paola García recuerda la presión y exigencia del exdecano y exrector que obligó a los alumnos a “ponerse en modo jurídico y universitario desde el primer momento en el curso de Derecho Administrativo I, para que tomáramos muy en serio nuestros estudios. Como profesora, con más oportunidades de tratarle y conocerlo, uno aprende a diario con su experiencia como ejemplo”.

Ronald Vílchez recuerda su primer día de clase. Víctor Baca y Antonio Abruña presentaron la materia que dictarían. “Por un lado estaba la seriedad dura del primero; por el otro, la sonrisa tranquilizadora de Abruña, que me hizo pensar que Derecho administrativo no era tan difícil como lo pintaban. Ahora, como colega, tengo mucha libertad y confianza para proponer los planes de trabajo que hay que sacar adelante. Su visión, experiencia y, sobre todo, su conocimiento de cómo ser un buen profesor, un buen abogado y un buen director, nos favorece enormemente”.

Aunque para para sus alumnos, colegas y amigos están muy claras sus cualidades humanas y profesionales, Antonio Abruña cree que no hay nada extraordinario que escribir sobre él. Lo único cierto, nos dice, es que solo hace su trabajo y procura hacerlo siempre de la mejor manera posible, y punto.