Isabel Chiyón Carrasco. Doctora en Ingeniería de planificación de proyectos de desarrollo rural y gestión sostenible. Es decana y docente de la Facultad de Ingeniería.

Publicado el en Nº 87.

Cuando en diálogo con mis alumnos recién ingresantes pregunto ¿por qué estudian Ingeniería?, un gran porcentaje dice “para tener éxito”, entendiéndolo como la adquisición de bienes materiales. Si bien es justo que nuestro trabajo bien hecho sea retribuido económicamente, esta no es la única razón para elegir la carrera.

A través de la historia, la Ingeniería ha demostrado que su acción se dirige a mejorar la calidad de vida de la sociedad, así que la formación de los futuros ingenieros no se puede limitar a una exigente formación técnica, porque la solución a los problemas reales la transciende; debe comprender los aspectos sociales implicados.

Se dice que la Ingeniería es el arte de resolver problemas y necesidades aplicando el ingenio o se le atribuye el progreso, basado en la aplicación tecnológica de principios científicos. Cualquiera de las dos posiciones, u otras, ven al ingeniero como un artífice del avance tecnológico, que genera ventajas sociales y bienestar pero también problemas nuevos, derivados del uso de estas tecnologías.

Por ejemplo, internet, que es muy ventajosa en todos los niveles, ocasiona problemas como
la pérdida de intimidad; y el crecimiento desmedido, a todo nivel, causa la degradación de los ecosistemas.

En los planes de estudios de la Facultad de Ingeniería existen, desde siempre, cursos transversales de humanidades para fomentar valores humanos y la vocación de servicio, a
través de actividades que impulsan una conducta ética en el desarrollo sostenible y el uso de la tecnología en favor de las personas y de su desarrollo: una tecnología solidaria. Es muy importante que los ingenieros adquieran una visión social de su formación de valores, pues la solución a los nuevos retos que enfrentan debe contribuir a hacer un mundo mejor.

Debemos considerar una formación tecnológica y humana, que aporte valores y encamine actitudes. Hacerlo no es sencillo; por una parte está la integración de una formación humanística asociada a la ingeniería y, por otra, las enseñanzas de ingeniería, como un conjunto de cursos con formato de compartimentos estancos de conocimiento, sin demasiada relación explícita con la formación humanística.

Tenemos que garantizar que, al terminar la carrera, los estudiantes interrelacionen los conocimientos adquiridos con los aspectos derivados de una visión humanística. Nuestro compromiso es que en su formación haya un equilibrio, para que sus soluciones estén a la altura de las circunstancias y creen una cultura de liderazgo.