Doctora en Comunicación Pública. Es profesora del PAD-Escuela de Dirección. Ha sido directora de estudios y decana de la Facultad de Comunicación de la UDEP.

Publicado el en Nº 91.

Marisa Aguirre Nieto

El primer director del Instituto de Periodismo de la Universidad de Navarra, donde yo estudié, escribió: “El Fundador del Opus Dei y de la Universidad de Navarra había pensado desde el principio que la institución de la que sería gran canciller acogiera en su seno la formación profesional de periodistas y la investigación en las disciplinas básicas de la información y de la comunicación con el nivel académico y científico de las facultades tradicionales”.

El impulso fundacional de la Facultad, también en la UDEP, venía de san Josemaría, quien entendía el sentido, el valor y la trascendencia de las tareas informativas, realidad que me hizo percibir que nos quiso de modo particular.

Cuando llegué a Piura, la Universidad tenía apenas cinco años. Todo estaba por hacer. Comunicación era una profesión joven. No era fácil conseguir profesores: habría que prepararlos. (Hoy, la Facultad tiene muchos doctores, entre ellos, antiguos alumnos). Los pocos que habíamos tuvimos que dictar muchas materias. Había pocos medios, pero lo esencial estaba claro: nuestra identidad.

La información es un bien, un servicio a la sociedad, que permite conocer la verdad. Resultaba evidente el nivel que debía exigirse a los futuros informadores: había que formar sus personalidades y enseñarles las tareas informativas que debían asumir. Al mismo tiempo, sabíamos que para estudiar Comunicación hace falta un modo de ser, un modo de ver la vida y una clara vocación por la profesión; también aptitudes y actitudes, entre ellas: amor a la verdad, querer buscarla y tener pasión por ella.

Así fue madurando la Facultad. Sus alumnos siempre han dado colorido al campus: con su afán natural por la noticia, su genuina curiosidad y su espíritu abierto, que les hace estar ahí, micrófono en mano o cámara al hombro para rastrear y contar cuanto ocurre. Unos años hacíamos un noticiario que pasábamos en cafetería los sábados (¡éxito total!); las verbenas mostraban las imágenes del acontecer. El ruido fue otra gran característica: las clases de Redacción eran con máquina de escribir simulando la sala de un gran diario, con el tecleo inconfundible.

Más adelante nos conectamos con los directores de los grandes medios de Lima, con los servicios informativos de la Embajada de los Estados Unidos, con quienes hicimos diversas actividades de alto calado y con profesores extranjeros que supieron ver mucho talento en nuestra Facultad.

Alegrías, muchas alegrías… Eso son estos primeros 50 años: de mucho trabajo y de un extraordinario afán de servicio de muchos.