Publicado el en Nº 91.

“En los inicios, yo dictaba Química Básica porque soy ingeniero químico industrial. Eso llamaba un poco la atención, ya que recién me había ordenado sacerdote. Todos éramos un grupo de amigos, con un trato muy grato que se ha mantenido a pesar del crecimiento habido. Estoy muy orgulloso de ver cómo ha madurado la Universidad, del prestigio que sigue teniendo y del ambiente de mucha confianza y de gran exigencia académica. Seguro que el centenario se celebrará mucho mejor, con la Universidad más cuajada y grande. Al principio, yo decía que eran 130 hectáreas de deserticus universitarium;
ahora sí que es un campus”.