Publicado el en Nº 91.

“Cuando me incorporé al claustro de profesores (1969) era muy joven. Acababa de graduarme de doctora en Filosofía. Me llamó mucho la atención el ambiente universitario: los profesores teníamos una relación de respeto y exigencia con los estudiantes. Recuerdo que, en el cumpleaños del primer rector, Ricardo Rey, los alumnos llegaron a cantarle “Las mañanitas”, algo que yo nunca había visto. El rector era como un papá para los chicos. Realmente, la Universidad ha sido un milagro en el desierto y espero que siga creciendo y dando muchos frutos”.