Licenciado en Historia y Gestión Cultural por la Universidad de Piura. Docente de la Facultad de Humanidades.

Publicado el en Nº 93.

¿Imaginan ustedes a médicos recetando asistir a un museo o un festival de música para reducir el estrés? ¿A ingenieros inspirándose en el Camino Inca para crear sus proyectos viales? ¿A economistas reflexionando acerca de los hábitos culturales sobre el ahorro y el gasto? ¿A educadores usando el patrimonio cultural en sus clases de matemática o lenguaje? ¿A administradores desarrollando habilidades interculturales en las empresas? Bueno, todo esto ya está ocurriendo, lo que hace falta es conocerlo, impulsarlo y divulgarlo.

Sin embargo, el panorama no fue siempre así. En 1988, la Unesco proclamó el “Decenio Mundial para el Desarrollo Cultural”. La intención era hacer evidente el valor que poseía la cultura para el desarrollo humano. Hoy en día, la cultura ya tiene un reconocimiento público. Existen, por ejemplo, ministerios de cultura, gobiernos locales que promueven iniciativas artísticas y patrimoniales, empresas promotoras de proyectos de responsabilidad cultural, prestigiosas universidades que brindan programas de formación para gestores culturales. Incluso, se habla de la economía naranja o la industria cultural en las cuales confluyen, por ejemplo: turismo, cine, mundo editorial, moda o gastronomía.

Sin embargo, aún existen retos para la cultura, como hacerla entrar en diálogo con otros sectores. ¿Qué conexiones guarda con la
salud, deporte, telecomunicaciones, transporte, medio ambiente, tecnología o relaciones internacionales?

Hace poco, se publicó el segundo informe sobre el impacto social de “Sinfonía por el Perú”. Allí, se explicaba que los niños y jóvenes beneficiados habían aumentado un 30% su autoestima, otro 34% había mejorado su rendimiento escolar y un 20% había incrementado su creatividad. Este proyecto es un potente ejemplo de lo que se puede lograr teniendo a la cultura como horizonte.

Puede entonces el desarrollo ser ajeno a la cultura? Rotundamente, no. Lo que hace falta es repensar el desarrollo. Darle una mirada holística que involucre otras dimensiones de la persona. Se debe fomentar una visión transversal e interdisciplinar. Es muy interesante lo que viene haciendo el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile, donde se ha creado el programa “Haz tu tesis en cultura”, para despertar el interés de egresados de diferentes profesiones para reestudiar la cultura y su relación con el desarrollo.

La cultura es una necesidad básica de la persona. Urge su inserción planificada en las políticas públicas, los planes de desarrollo y el imaginario social. La cultura no es un mero instrumento para el desarrollo sino su fin en sí mismo –siempre– a la luz de la dignidad del ser humano.