Apertura del Año Académico 2009

Dr. Antonio Abruña Puyol
Rector de la Universidad de Piura (2003-2012).
Lima, 22/04/2009
Piura, 25/04/2009

Han pasado los  años y San Josemaría puede contemplar desde el Cielo, entre tantos sueños hechos realidad, un buen grupo de universidades nacidas al calor de su espíritu: la Universidad de Piura es una de ellas y entre sus glorias está haber tenido a San Josemaría como su Fundador y primer Gran Canciller. Sólo Navarra y Piura gozan de esta prerrogativa.

Como todos los años, y siguiendo una tradición secular, hoy se reúne el claustro de la universidad para inaugurar oficialmente el nuevo Año Académico, año especial pues, como todos sabemos, celebramos nuestro 40 aniversario.

Y me parece oportuno, en primer lugar, dar la bienvenida a los nuevos alumnos y con nuestra felicitación por este logro personal, manifestarles que todos, profesores y personal administrativo, estamos a su disposición para apoyarles en lo que necesiten.

Mis sinceras felicitaciones también a los graduados que hoy han recibido su insignia académica de titulado: comienzan una nueva etapa que, como hasta ahora, tampoco va a ser fácil. Deberán seguir poniendo esfuerzo, espíritu de servicio y trabajo bien hecho, pero estoy seguro que, con esas virtudes y con la formación que sus profesores han tratado de transmitirles, tendrán numerosas satisfacciones en el curso de su desarrollo profesional. Repito mis sinceras felicitaciones que hago extensivas también a sus padres y maestros que lo hicieron posible.

* * *

En un Aniversario como el que estamos celebrando  es natural que volvamos la vista atrás. Nuestra mirada se carga de nostalgia y el corazón se llena de sentido agradecimiento a la Divina Providencia y a todos aquellos que dieron vida a esta feliz iniciativa que es la Universidad de Piura.

Qué diría ahora nuestro recordado poeta, José Ramón de Dolarea, al ver que los algarrobos verdes le han ganado espacio a la arena blanca, compitiendo en armónico diálogo espacial con los varios edificios que, cual retoños llenos de vitalidad, acompañan a éste curtido edificio principal con el que empezamos las actividades académicas un 29 de abril de 1969.

En el inicio de estos recuerdos se alza la figura de San Josemaría Escrivá de Balaguer, Fundador del Opus Dei. Urgido por su afán apostólico y su amor entrañable a la universidad, alentó a lo largo de su vida la creación de variadísimas instituciones de ámbito educativo superior.

En el ámbito universitario, la Universidad de Navarra fue la primogénita, pero desde su inicio la entendió como punto de partida y no de llegada.

Decía en octubre de 1960 que «en el horizonte de esa labor se hallan países del continente americano, unidos por viejas tradiciones, y países jóvenes recientemente constituidos, sin olvidar otros pueblos antiguos que un día conocieron la luz de la fe y a los que la Iglesia también dedica sus solícitos desvelos».

Sin establecer dependencias innecesarias, veía ante sus ojos, después de años de rezar y soñar, el comienzo de un despliegue de numerosas iniciativas universitarias que se beneficiarían —mutuamente— de la experiencia, ejemplo y  generosidad de aquella que iba por delante.

Han pasado los  años y San Josemaría puede contemplar desde el Cielo, entre tantos sueños hechos realidad, un buen grupo de universidades nacidas al calor de su espíritu: la Universidad de Piura es una de ellas y entre sus glorias está haber tenido a San Josemaría como su Fundador y primer Gran Canciller. Sólo Navarra y Piura gozan de esta prerrogativa.

San Josemaría, años antes de que se pronunciara por primera vez el nombre de la Universidad de Piura, pulsaba las distintas posibilidades de iniciar alguna en diversos países. Y la ocasión llegó a través de Mons. Erasmo Hinojosa Hurtado, Obispo de Piura, quien aprovechando su estancia en Roma durante la etapa final del Concilio Vaticano II, por intermedio de Mons. Luis Sánchez Moreno, Obispo Auxiliar de Chiclayo —también Padre Conciliar—, le hace llegar una carta a principios de noviembre de 1965 en la que expresa a San Josemaría su deseo de  promover una Universidad en la  diócesis de Piura.

El Fundador del Opus Dei acogió el deseo de Mons. Hinojosa respondiendo por escrito el 30 de noviembre de 1965. Le decía que él también estaba «convencido de que en esa querida ciudad y con ese centro universitario se realizaría un gran servicio a la Iglesia, al Perú y a tantas almas».

San Josemaría conocía a la perfección, como es lógico, las posibilidades y dificultades que esa labor presentaba para su realización. Sabía, como lo sabían los directores del Opus Dei en el Perú, de la carencia de medios para llevarla a cabo. No obstante, una vez más su fe y su amor a Dios le llevaron a acoger esa labor, y a poner todo aquello en la manos de los directores del Perú, quienes no hicieron si no caminar tras la fe de un santo.

Sigue a estas cartas una etapa de gestación del proyecto: entrevistas en Lima y Piura de Mons. Hinojosa y los directores del Opus Dei en el Perú. Se continúa con el diseño de la idea que elaboraría la Asociación para el Desarrollo de la Enseñanza Universitaria (ADEU) sobre dos ideas claves: el carácter secular y civil de la Universidad, así como la autonomía de ADEU en la elaboración del proyecto de la que se seguiría su dirección académica, económica y selección de profesores.

En una cultura del éxito, a veces un tanto neurotizada porque empuja reductivamente al joven profesional a  consumir egoístamente los beneficios alcanzados con sus estudios. Comprendemos, más bien,  que hemos de formar hombres y mujeres solidarios capaces de involucrarse en generosa ayuda al prójimo: la excelencia humana no puede ser narcisista.

En 1966, ADEU ya era una institución que empezaba a ser considerada en los ambientes educativos, empresariales y sociales. Constituida el 3 de noviembre de 1965,  tenía como miembros de su primera Junta Directiva al Dr. José Agustín de la Puente, al Ing. Eugenio Giménez, al Ing. Rafael Estartús, al Ing. Ramón Mugica, al Dr. Jacobo Rey Elmore, al Dr. Enrique Cipriani Vargas, al Arq. Alejandro Ferreiros Diez Canseco, al Dr. Carlos Rizo Patrón, al Ing. Isidoro Reverte, al Dr. Jorge Wiese y al Arq. Fernando Pérez Rosas.

Tuvo como Presidente Honorario a don Víctor Andrés Belaunde, Fundador y Director —entre otros galardones por todos conocidos— de la prestigiosa Revista de Humanidades Mercurio Peruano, que a su muerte legó a ADEU. Fue él quien firmó, en su casa de San Isidro, la solicitud —de fecha 21 de enero de 1966— por la que ADEU pedía al Ministerio de Educación su reconocimiento y equiparación a las universidades en lo relativo al tratamiento fiscal de los donativos que recibiera.

Dionisio Romero en su Lección Inaugural ha recreado en magníficas pinceladas el desarrollo de este proyecto universitario en el período que va de 1967 a 1969 y que San Josemaría siguió en detalle rezando y haciendo rezar.

Así lo recuerda la profesora Luz González a quien, en febrero de 1969, hallándose en Roma, pocos meses antes de su incorporación a la Universidad de Piura, en una reunión con un grupo de profesionales, San Josemaría le dijo: «la Universidad de Piura es una cosa pequeña. Nace como todas las cosas grandes. Dentro de 10 ó 12 años será una Universidad estupenda. Para que crezca así hace falta mucha oración, mucha mortificación y un gran esfuerzo humano».

Gracias a ese gran esfuerzo humano de los primeros, el 7 de abril de 1969 tuvimos la primera Ceremonia de Apertura del año académico, exactamente en la parte delantera de este proscenio. La lección inaugural corrió a cargo del Dr. José Agustín de la Puente Candamo quien hoy nos honra con su presencia y con cuya conferencia Piura en los tiempos de la Emancipación empezamos la edición de la Colección Algarrobo en 1971, dirigida desde entonces con indeclinable tesón por la profesora Luz González.

El mismo día de la lección inaugural, el Ing. Ricardo Rey Polis, primer Rector de la Universidad recibía un telegrama que no podía ser más auspicioso, dada la aún tensa situación política del Perú y de Piura después del golpe de Estado del General Velasco Alvarado en octubre de 1968. El telegrama decía: «Expresa a Usted y juventud estudiosa noble tierra piurana mis mejores votos por éxitos actividades académicas  a iniciarse. Importante confianza depositada para orgullo de Piura y progreso de todo el Perú. Cordialmente General Juan Velasco Alvarado. Presidente de la República. 7 de abril de 1969».

Nace la Universidad de Piura para servir a la sociedad y en esa mentalidad hemos procurado formar a nuestros alumnos. Los universitarios necesitan ser responsables, con una sana inquietud por los problemas de los demás y un espíritu cultivado que les lleve a enfrentarse a estos problemas a fin de procurar encontrar la mejor solución.

En una cultura del éxito, a veces un tanto neurotizada porque empuja reductivamente al joven profesional a  consumir egoístamente los beneficios alcanzados con sus estudios. Comprendemos, más bien,  que hemos de formar hombres y mujeres solidarios capaces de involucrarse en generosa ayuda al prójimo: la excelencia humana no puede ser narcisista.

Con singular clarividencia, nuestro primer Gran Canciller formuló el ideal que anida en nuestra institución. Dijo: «La Universidad no vive de espaldas a ninguna incertidumbre, a ninguna inquietud, a ninguna necesidad de los hombres. No es misión suya ofrecer soluciones inmediatas. Pero al estudiar con profundidad científica los problemas, remueve también los corazones, espolea la pasividad, despierta fuerzas que dormitan, y forma ciudadanos dispuestos a construir una sociedad más justa. Contribuye así con su labor universal a quitar barreras que dificultan el entendimiento mutuo de los hombres, a aligerar el miedo ante un futuro incierto, a promover —con el amor a la verdad, a la justicia y a la libertad— la paz verdadera y la concordia de los espíritus y de las naciones».

El “desserticus” inicial de arena blanca y de algún que otro algarrobo verde con el que empezamos, es ahora este campus maduro que se alza bajo el cielo de Piura y se ha extendido también bajo el cielo de Lima. (…) La vida que ahora vemos florecer alegre por doquier se debe principalmente a la dedicación, ilusión y trabajo de este primer grupo de pioneros que gastaron su vida haciendo camino al andar.

La Universidad de Piura ha sido, indudablemente,  hija de la oración de un santo y respuesta abnegada de quienes estuvieron en sus inicios: unos pocos miembros del Opus Dei y muchos más que se unieron al proyecto movidos por un elevado sentido de responsabilidad social. Sembraron con  generosidad dando vida a esta institución universitaria y los frutos no se hicieron esperar: es la cosecha que otros recogemos.

El primer grupo de forjadores de la Universidad nos ha dejado un claro ejemplo de unidad y amistad franca. Dos valores que tanto estimó San Josemaría y de cuya vigencia pende el florecimiento de instituciones como ésta. La vivencia del principio de unidad ha conseguido que los 40 años que ahora celebramos no hayan sido mero tiempo transcurrido, sino tiempo que ha dejado pozo, tiempo que ha añadido vida. Basta mirar el espectáculo de un cuerpo sin vida en descomposición, para entender la riquísima  virtualidad de la unidad y la amistad en el crecimiento y consolidación de las instituciones.

El “desserticus” inicial de arena blanca y de algún que otro algarrobo verde con el que empezamos, es ahora este campus maduro que se alza bajo el cielo de Piura y se ha extendido también bajo el cielo de Lima. Ha sido regado, sí, con el agua de sus propias entrañas. Pero la vida que ahora vemos florecer alegre por doquier se debe principalmente a la dedicación, ilusión y trabajo de este primer grupo de pioneros que gastaron su vida haciendo camino al andar.

Un andar que lleva  40 años e invita a la reflexión para saber no cuán lejos hemos llegado, sino cuán hondo hemos crecido. Nunca mejor que en este Aniversario para considerar que si ahora podemos mirar hacia atrás desde la altura de nuestro tiempo, es porque quienes nos han antecedido han sabido hacer y desaparecer para que otros se luzcan.

De ahí que hallamos de volver una y otra vez al origen, no para repetir o detener el tiempo, sino para avivar el alma que a veces se adormila y otras veces se aturde por el vértigo de cosas que traemos entre manos.

Precisamente porque aspiramos llegar muy alto, sabemos que los cimientos han de ser sólidos y profundos, más aún tratándose de una institución como es la Universidad que cuenta sus años por siglos. Mirar el Ideario que enuncia los principios y valores de nuestra peculiar fisonomía institucional será la mejor guía para garantizar la fecundidad de los esfuerzos futuros.

* * *

Deseo hacer ahora un público reconocimiento, insuficiente desde luego, al primer grupo de promotores y profesores universitarios que pusieron los cimientos de esta nuestra casa común, la Universidad de Piura y agradeceré a los presentes o sus descendientes subir al estrado para entregarles una muestra de nuestro agradecimiento.

Algunos de ellos ya no están entre nosotros:

  • Don Ramón Romero Navarro acogió el proyecto con magnanimidad. Enterado del mismo y consultando a Mons. Ignacio María de Orbegozo se decidió a donar las primeras 80 hectáreas del Campus de la Universidad. La amistad con don Ignacio data de los años 60, año del Congreso Eucarístico celebrado en Piura. Amistad que se continuó en los hijos y nietos y que se extendió a la Universidad de Piura. Qué pena que hoy no pueda estar entre nosotros la señora Margota.
  • Don Juan Helguero y don José Fassbender se sumaron pronto y con generosidad a sostener el proyecto de la Universidad como lo ha hecho notar Dionisio Romero. Donaron las restantes 50 hectáreas con las que se completa el actual Campus universitario.
  • Isidoro Reverte, hombre generoso y un gran empresario del Grupo Fierro. Adquirió una gran experiencia administrativa para abrir los cauces jurídicos de las empresas a las que representaba. Se movía con facilidad en las Cámaras Legislativas y su papel fue pieza clave para el proceso legal de reconocimiento de la Universidad.
  • Jacobo Rey Elmore, agudo y servicial. Un gran conocedor del Derecho tributario y excelente periodista de los mejores tiempos del diario La Prensa de Lima. Desde el inicio asesoró a la Universidad en el día a día de los trajines jurídicos, en tiempos de aguas mansas y, también, en los de aguas bravas.
  • César Pacheco Vélez de inolvidable recuerdo. Cuando llega a Piura, acompañado de su familia, era ya un conocido historiador. Sus contactos con el Instituto Riva-Agüero le abrían puertas en el mundo intelectual peruano. No es casualidad, por eso, que el primer curso de extensión que organiza la Universidad en Piura sea sobre la Enseñanza de la Historia del Perú, auspiciado por la Dirección Regional de Educación y el mismo Instituto Riva-Agüero.
  • Bajo el cielo de Piura descansa el alma de Ramón Mugica. Más de un algarrobo sueña nostalgias y cuántas estrellas aún lloran su ausencia. Él, que sabía tanto de los vientos, del agua, de las fuerzas de la naturaleza, sabía mucho más del corazón humano. Fue un prestigioso científico, un preceptor ejemplar, un gran deportista y, sobre todo, un gran maestro que vivió con hondura su oficio docente.
  • Nos ha dejado, también, el Padre José Navarro Pascual, pionero y tercer Rector de la Universidad. Hombre de palabra exacta y elegante. Exigente consigo mismo y fino cultor de las Humanidades.  Ordenado sacerdote en sus últimos años, se dedicó a la atención de las almas con renovado empeño, dejándonos ejemplo cabal de los ideales culturales y apostólicos que inspiraron su  vida.

Bajo el cielo de Piura descansa el alma de Ramón Mugica. Más de un algarrobo sueña nostalgias y cuántas estrellas aún lloran su ausencia. Él, que sabía tanto de los vientos, del agua, de las fuerzas de la naturaleza; sabía mucho más del corazón humano. Fue un prestigioso científico, un preceptor ejemplar, un gran deportista y, sobre todo, un gran maestro que vivió con hondura su oficio docente.

Otros no pueden acompañarnos impedidos por alguna enfermedad o por la distancia:

  • El P. Eugenio Giménez, piedra angular en el edificio de la Universidad. Trabajador infatigable. Generador y ejecutor de ideas. Supo ver desde el principio la diferencia entre el precio y el valor de las cosas y ayudó a que la Universidad marchara, como lo quería su primer Gran Canciller, al paso de Dios.
  • El P. Javier Cheesman, un verdadero espíritu de fineza como diría Pascal. Sus trabajos sobre Abraham Valdelomar siguen siendo de lectura obligatoria entre los conocedores. En sus pequeñas agendas registraba meticulosamente los giros del lenguaje que captaba en el hablar cotidiano. Su humor lingüístico era proverbial, así como la elegancia de su porte y la finura de su alma.
  • El P. Juan Roselló es un eximio conocedor de la lógica matemática, curso que junto a los de Teología, enseñó durante su estancia en Piura. Su conocimiento de la programación de sistemas fue utilísimo en los inicios de la informatización de la Universidad. Su sencillez manifestaba la valía de su calidad personal.
  • Miguel Samper dejó los mejores años de su vida profesional en la Universidad. Decano durante muchos años de la Facultad de Ingeniería, tuvo a su cargo la formación de las primeras promociones de ingenieros. El rigor y exigencia, como ha señalado Dionisio, que imprimió en el día a día de la marcha de la Facultad se capitalizó pronto en un buen merecido prestigio de nuestros egresados.
  • José Ramón de Dolarea, hombre de fina sensibilidad poética, cantor de la arena y el algarrobo. Con él Juan Ramón Jiménez, Pablo Neruda, Rabindranah Tagore o César Vallejo cobraban vida ante sus alumnos embelesados en clases y tertulias nocturnas. Hizo hablar al silencio y supo recogerse en requiebros de hombre recio y enamorado ante la imagen de la Virgen, Madre del Amor Hermoso.
  • Luz González Umeres,  fue la primera  Vicerrectora  en esos primeros  años. Desde 1969  se desempeña como profesora de Filosofía   clases  en las que estrenó el doctorado que había obtenido. Ha sido también Decana de la Facultad de Ciencias y Humanidades e impulsora del Instituto de Ciencias para la Familia.

La universidad se siente en deuda con muchas más personas, familias e instituciones que a lo largo de su vida han colaborado o simplemente la han acompañado con su cariño, cercanía y disponibilidad en todos los avatares (…). De corazón, de verdad, nuestro profundo agradecimiento  a todos ustedes.

Quiero, a continuación, dirigirme  a los presentes de la primera hora para expresarles el profundo agradecimiento que les tenemos:

  • Su Eminencia el Cardenal Juan Luis Cipriani, segundo Vice Gran Canciller de la Universidad. Su padre, don Enrique Cipriani Vargas, estuvo entre los fundadores de la Asociación para el Desarrollo de la Enseñanza Universitaria. Su generosidad y la de su familia están en los cimientos del proyecto de la Universidad de Piura.
  • Padre Vicente Pazos, primer Vice Gran Canciller de la Universidad. Recibió, cuando era el Consiliario del Opus Dei, el encargo de San Josemaría de estudiar el pedido de Mons. Erasmo Hinojosa para hacer una Universidad en Piura. Su respuesta, así como la de los directores del Opus Dei en el Perú, basada en una confiada fe operativa, fue la de caminar en pos de este proyecto. Le agradecemos su oración y desvelos.
  • Ricardo Rey Polis, primer Rector de la Universidad. Se trasladó con gran sacrificio y con toda su numerosa familia a residir en Piura. Supo ser el cimiento que la Universidad necesitaba en sus primeros pasos. A él le cupo hacer los surcos de este Campus maduro. Con prudencia y buen humor trazó el perfil del cuadro que con los años ha tomado el colorido que ahora vemos, el propio de la vida en sus innumerables concreciones.
  • José Agustín de la Puente, Presidente de ADEU y uno de los intelectuales peruanos de mayor renombre en el Perú. Enamorado del Perú y universitario a carta cabal ha dedicado innumerables viajes a nuestra Universidad impartiendo paciente y abnegadamente su amor por la historia patria, un hogar en cuyas raíces y promesas confluyen todas las sangres.
  • Dionisio Romero. Hijo ilustre de Piura, optimista nato y un convencido de las grandezas del Perú. Junto con su esposa Yole ayudaron a los que vinieron de Lima a sentirse en su casa. Promotor entusiasta de la idea de la Universidad desde sus inicios en cuya historia ha tomado participación directa.
  • Víctor Morales. Actualmente nuestro profesor más antiguo. Fue nuestro tercer Rector y en su período de gobierno supo  manejar con destreza los años difíciles de convulsión social en el Perú, defendiendo denodadamente la libertad de enseñanza en unos tiempos marcados por el intervencionismo estatal, desconocedor de la riqueza creativa de la iniciativa privada en la educación.
  • Su Excelencia Mons. Juan Antonio Ugarte. Entonces un joven sacerdote, quien enseñó —además de atender las labores sacerdotales de la Capellanía de la Universidad—, los primeros cursos de Química de la joven Facultad de Ingeniería. Aquella época inicial en la que todo el laboratorio de Química cabía en una pequeña maleta a la que don Juan Antonio supo sacarle el máximo provecho.
  • Therese Truel. Su alegría y dinamismo le dio viveza a esos inicios arduos de la Universidad. Su dominio del inglés y del francés aprovechó a muchas generaciones de nuestros alumnos y puso los cimientos de nuestro ahora floreciente Centro de Idiomas.
  • Beatriz Podestá, Secretaria Ejecutiva del naciente Consejo Superior, asumió también funciones gerenciales. Su orden y eficacia supusieron un importante apoyo para el Rector y fueron determinantes para la organización y marcha de los calendarios académicos.

La Universidad se siente en deuda con muchas más personas, familias e instituciones que a lo largo de su vida han colaborado o simplemente la han acompañado con su cariño, cercanía y disponibilidad en todos los avatares favorables y también en los aparentemente desfavorables. Además de los que ya he mencionado y sus familias, y, sabiendo que no nombraré a todos, no puedo resistirme a agradecer públicamente a algunos de los primeros amigos, varios de ellos también hoy día presentes, que abrieron sus casas y su corazón a los que vinieron de fuera para iniciar la universidad, la Sra. Clara Hilbck de Balarezo y sus hijos Josefina y Joaquín, Rufino y Maruja Arribas, Víctor y Teresa Helguero, Jorge y Rosita Santamaría, Kurt y Mira Arens, Alejandro y Rebeca Riofrío, en fin tantos amigos que hicieron que el inicio de la universidad no fuera simplemente el inicio de una institución universitaria sin más, sino el comienzo de una gran familia piurana que es  lo que quiere ser nuestra universidad.

De corazón, de verdad, nuestro profundo agradecimiento  a todos ustedes.

Muchas gracias a todos ustedes por vuestra presencia en esta ceremonia, renuevo mis felicitaciones a los recién titulados y sus familias y declaro inaugurado el año académico 2009.