Las leyendas de una leyenda de la Literatura

Este febrero se celebraron 179 años del nacimiento del poeta y narrador español Gustavo Adolfo Bécquer. Como parte de la conmemoración de la fecha, nos comentamos acerca de sus leyendas.

Por Maria Gracia Bullard.

Gustavo Adolfo Domínguez Bastida, como en realidad se llamó, nació en Sevilla el 17 de febrero de 1836. Hijo del pintor José Domínguez Insausti, mostró desde pequeño talento para el dibujo. Sin embargo, no sería él quien ganaría fama con sus pinturas si no su hermano Valeriano y siguiendo el ejemplo de su padre, ambos llegarían a firmar sus obras usando el apellido de sus antepasados flamencos: Bécquer.

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Inició su trayectoria como escritor con algunas comedias y zarzuelas, viviendo en Madrid y frecuentando Toledo, una ciudad medieval que admiraba y en la cual transcurren varias de sus obras. Lamentablemente en 1857 cayó víctima de la tuberculosis de la que nunca se recuperaría. De hecho, fue en una fuerte recaída de su enfermedad cuando se decidió a establecerse con su hermano en el Monasterio de Veruela en Zaragoza. Vivir por casi un año en este antiguo edificio le sirvió de inspiración para sus leyendas.

Que un viejo, alejado y misterioso monasterio haya sido su inspiración no resulta extraño pues el autor vivió en la época del Romanticismo, una etapa en la historia en la que los hombres se sentían atraídos por lo oculto, el demonio y donde evocaban continuamente el exotismo y el pasado medieval.

Basta adentrarse en una de sus leyendas para verse inmerso en este mundo. No obstante, las historias de Bécquer tienen un componente más: el miedo. Muchos de ellos inspirados en viejas leyendas populares, los relatos sumergen al lector en una circunstancia angustiante con personajes que se vuelven de carne y hueso y cuyo final es insólito.

Ejemplo de ello es la leyenda “El monte de las ánimas”, que inicia cuando el autor es despertado en la Noche de los Difuntos por el sonar de unas campanas, recordando así una antigua tradición de Soria: “Yo la oí en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito volviendo algunas veces la cabeza con miedo, cuando sentía crujir los cristales de mi balcón, estremecidos por el aire frío de la noche.”[1]

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En la Edad Media, en la colina conocida popularmente como el “monte de las ánimas”, se libró una batalla entre nobles y caballeros templarios que culminó con el entierro de todos los cadáveres en la capilla del monasterio de San Juan de Duero. A partir de entonces cada Noche de los Difuntos, las almas de los fallecidos en lucha aparecían en el monte y corrían desesperadas por entre las ruinas del lugar. Ante el terror de los habitantes, el lugar fue abandonado y se cuidó que, sobre todo esa noche, nadie transitara por entre las ruinas. Años más tarde, Alonso, hijo de los condes de Alcudiel se dirige al lugar la misma noche de los difuntos buscando recuperar la banda azul de Beatriz, la prima a la que pretendía en matrimonio. Las horas pasaban pero él no regresaba y la angustia de Beatriz se convierte en pánico cuando sucesos extraños comienzan a suceder a su alrededor.

El final de esta historia así como el de todas las demás es inesperado y desconcertante. Así que si una de estas noches le provoca  leer un relato de fantasmas, maldiciones y eventos sobrenaturales, acérquese a Biblioteca y pregunte por las “Leyendas” de Bécquer.

[1] Bécquer, Gustavo Adolfo. “Leyendas”. Ediciones Altaya. España, 1994.

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