Secuelas de la cuarentena

Cuando la ansiedad y el estrés se vuelven peligrosos

Cuando la ansiedad es permanente, frecuente, y llega a una intensidad desproporcionada que conlleva a una parálisis o afectación de alguna área, es de suma importancia iniciar un tratamiento.

Por Koko Zavala, el en suplemento Semana del diario El Tiempo.

Un notorio incremento de trastornos en la salud mental será la inminente secuela de esta prolongada cuarentena. Estas alteraciones se están dando, especialmente, en aquellas personas con antecedentes crónicos de alguna enfermedad, así como en el personal médico, policial y técnicos que están en primera línea, combatiendo esta enfermedad.

Hace unos días, la licenciada Rosa Cornejo, psicóloga ocupacional de la Universidad de Piura, desarrolló la conferencia virtual: “Ansiedad y depresión durante la cuarentena”. Refirió que los trastornos ansioso-depresivos son muy típicos ante eventos de alta complejidad y, muchas veces, traumáticos como el que estamos viviendo en este obligado confinamiento generado por la pandemia desatada por el coronavirus. Es inevitable, dijo, que nuestra salud mental se vea afectada de alguna manera.

Ansiedad y miedo
La ansiedad y el miedo son una respuesta o reacción normal, que incluso nos protegen y ayudan a vivir, pero cuando esta reacción traspasa un límite y genera dificultades, o algún trastorno en nuestra salud mental, nos obliga a buscarle solución, debido a que nos está haciendo daño, explica Cornejo.

“Cuando la salud mental se ve afectada por un trastorno requiere ser atendida por los especialistas. Es necesaria una autoevaluación para reconocer si me está ocurriendo una respuesta normal y esperada o una reacción que requiere atenderse”.

Explicó que la ansiedad se muestra cuando el cerebro, al percibir una amenaza, alerta al cuerpo y este reacciona con síntomas físicos y emocionales. Un  ejemplo común es  cuando vas por la calle y eres sorprendido por un perro que de improviso sale de una casa ladrando o intenta morderte. O cuando vas desconcentrado, cruzas una pista y un vehículo suena su claxon frenando intempestivamente.

Ese susto sensación de miedo, dice la psicóloga, es la amenaza que percibe el cerebro y hace que nuestro cuerpo reaccione tanto física como emocionalmente. El corazón acelera sus pulsaciones, sientes que transpiras, te da frío o calor, dependiendo de cada organismo. Internamente los jugos gástricos comienzan a segregarse, el páncreas produce más insulina. En milésimas de segundo,  todo un conjunto de funciones  se altera a nivel fisiológico y emocional.

Pasada la amenaza y al constatar que no hay peligro, automáticamente se vuelve a la normalidad. “Ese es nuestro mecanismo de defensa llamado ansiedad y todos lo tenemos, es un mecanismo que nos protege del peligro”, dice Rosa Cornejo.

Permanente alerta
En la coyuntura actual, el coronavirus es el peligro principal que nos genera mucha ansiedad y nos obliga a mantenernos en un estado de alerta permanente. Aunque eso es esperado, nuestro mecanismo de defensa no puede estar en alerta durante mucho tiempo. Ya llevamos más de 80 días en alerta, ante un peligro que ni siquiera podemos ver. Nuestro mecanismo de defensa se encuentra en una constante activación, en algunas personas más que otras. La ansiedad pasa de ser algo esperado que nos protege a algo que nos hace daño.

La ansiedad, refiere la psicóloga, siempre es buena y está referida al estrés, y dependiendo de la personalidad que uno tenga, produciremos respuestas que podrán tener resultados positivos o no para nuestra salud mental. Hay personas que tienen tendencia a generar estados ansiosos y otras que son menos receptivas a los estímulos externos.

Niveles de estrés
Al abordar el nivel normal de resistencia del estrés, indicó que es el estímulo negativo que todos necesitamos para poder estar en alerta. Es necesario tener alguna dosis de estrés. Muchas personas lo reflejan cuando dicen “yo funciono  mejor cuando trabajo bajo presión”. Cuando no hay ningún tipo de presión surge la desmotivación. Generalmente, en esos puestos de trabajo donde no hay mucha actividad, el nivel de ansiedad no les motiva a realizar bien su trabajo.

Refiriéndose al estrés, precisó que la fase de alarma representa el momento en que se presenta una situación de reacciones físicas o emocionales (caso del perro) y hace que nuestros sentidos se agudicen. “Actualmente, nos encontramos en esta fase de alarma. No sabemos cuándo termina esta situación, y siempre estamos en un estado de alerta”.

Luego viene la fase de resistencia en la que ya se siente un poco de agotamiento. “Es probable que esta ansiedad comience a producir ciertas situaciones dañinas a nivel fisiológico, se ve un estrés severo y las reservas físicas y psíquicas se agotan y hay una pérdida de capacidad en las respuestas, hay cierta saturación y ya no se adaptan a la situación”.

Una tercera fase, la del agotamiento, “ya muestra una serie de indicadores clínicos que podrían determinar que hay un tipo de trastornos, como un estrés crónico, que obviamente necesitan una atención especializada. Uno se siente debilitado a nivel mental y emocional. Una persona que sufre de estrés o de ansiedad, no necesariamente es alguien que siempre está nerviosa o cuyo carácter explota siempre.

La licenciada Cornejo señaló que el miedo a contagiarse, la situación económica que se vive, el confinamiento y todo este tipo de factores “van a desencadenar que nuestro estado de alerta esté activado, pero lo que tenemos que lograr es que, en ciertos momentos, sino lo podemos desactivar, disminuya. Si sostiene un estado de alerta severo nuestra salud mental se verá deteriorada al punto de enfermarnos.

“Al identificar que nuestro sistema de alerta está activado, tenemos que ver cómo hacer que esa intensidad disminuya. Si la ansiedad se dispara y se mantiene durante mucho tiempo en un nivel intenso, traerá definitivamente problemas en nuestra salud mental”.

¿Cuándo hay que preocuparnos?
Respecto a la ansiedad y sus síntomas, la especialista del Policlínico de la UDEP explicó que cuando esta ansiedad nos trae dificultades para adaptarnos y no nos proteje, ya debemos preocuparnos. Cabe hacerse este análisis, incluso en cómo hemos venido desarrollándonos antes de esta cuarentena. Es posible que existe una desadaptación a las circunstancias como en los que se percibe miedo, pese a que por naturaleza, el ser humano tiene la capacidad de adaptarse.

Cuando la ansiedad es permanente, frecuente, y llega a una intensidad desproporcionada que conlleva a una parálisis o afectación de alguna área, es de suma importancia iniciar un tratamiento.

“Las personas con trastornos de ansiedad o depresión tienen mucho sentimiento de culpa, irritabilidad, trastornos del apetito, pensamientos de muerte, falta de energía, se aíslan socialmente, incluso descuida su aseo y vestimenta personal, además de tener problemas de sueño y abusar de sustancias psicoactivas. La ansiedad y la depresión siempre van juntas. Los cambios en su estado de ánimo son muy variados y bastante evidentes”.

Cuidados de la salud mental
Los cuidados de la salud mental se deben mantener en el tiempo, durante toda la vida. En primer lugar, se deben mantener relaciones saludables, evitar el aislamiento e interactuar con otras personas. Durante la cuarentena, inclusive, podemos relacionarnos a través de video llamadas con amigos y parientes. También se debe regular el horario de sueño y alimentación, mantener organizadas las rutinas y actividades, distinguir y hablar de nuestras emociones, hacer ejercicio y tener tiempo de relajación o un hobby.

En el segundo nivel, cuando la ansiedad pasa a convertirse en algo permanente y desproporcionado, y reconocida esta fase, se debe buscar la atención especializada o primeros auxilios psicológicos buscando ayuda en las líneas gratuitas del Colegio de Psicólogos, donde se encontrará la adecuada orientación o consejería para que las dificultades de nivel mental, generadas por esta crisis, no se compliquen y pasen a una situación más compleja.

En el tercer nivel, ya se necesita un abordaje médico con tratamiento farmacológico a cargo del psiquiatra. Pese a que existe una especie de tabú con relación a consultar un psiquiatra, este es el único especialista que puede tratar este grado de ansiedad. Los tratamientos no son iguales para todas las personas, por lo que automedicarse o seguir los consejos de algún amigo o familiar deben descartarse automáticamente.

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