Rosa Cornejo: “En esta pandemia vivimos una soledad impuesta”

De acuerdo con las cifras del Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo, antes de la pandemia 2 000 empleados realizaban teletrabajo. Actualmente, 220 000 laboran desde sus domicilios.

Por Koko Zavala.

A un año de la crisis sanitaria, Rosa Cornejo Briceño, psicóloga ocupacional del Policlínico de la Universidad de Piura, sostiene que el agravamiento de la crisis sanitaria y el aislamiento social excepcional que nos toca vivir nos  puede  llevar a sentimientos profundos que nos afectan mental, psicológica y físicamente, incrementando un sentimiento de soledad.

Según reportes de salud en el Perú, cerca del 60% de la población sufre estrés y el 70% de los trabajadores peruanos sufren estrés laboral. La edad más común para padecer este mal es entre los 25 a 40 años (cuando las personas asumen más responsabilidades) y las mujeres presentan mayor vulnerabilidad a padecerlo. (Jacquelinee Rojas, docente investigadora de la carrera de Psicología de la UPN).

Desajuste emocional
En ese sentido, Cornejo agrega que “la COVID -19 nos ha obligado a permanecer en casa por tiempo prolongado sin la posibilidad de salir, lo cual no es algo natural para nadie. Tampoco lo es, el no poder ejercer nuestros trabajos de manera normal, no tener contacto físico con otras personas, incluso hemos perdido la posibilidad de ofrecer o recibir un abrazo de las personas que más nos importan o, peor aún, no podemos despedirnos de aquel ser tan querido que deja este mundo”.

“La interacción social es una especie de fuerza protectora sin la cual corremos el riesgo de entrar en un estado de desajuste emocional y estrés físico. Esta libertad y este contacto social son importantes para conservar nuestro bienestar y el equilibrio entre nuestro mundo interior y nuestro entorno según el enfoque biopsicosocial”, añade Cornejo.

Esta soledad que experimentamos es muy diferente a esa otra que en otros momentos buscamos para tener un rato con nosotros mismos, haciendo algo que nos gusta, señala la psicóloga. Esta, agrega, es una soledad impuesta, no buscada que viene de la mano de otras emociones como la inquietud, el miedo, la tristeza, la irritabilidad, la pesadumbre, la ansiedad y el pesimismo. Pero que, sin embargo, debemos ver como una oportunidad de crecimiento.

El reto es lograr ser consciente de nuestra soledad, atreviéndonos a nombrarla y a sentirla, sabiendo que su presencia, en una situación como esta, es normal y puede llegar a hacernos conocer más a nosotros mismos y, a la vez, hacernos dueños de nuestro interior.

¿Qué hacer?
Rosa Cornejo dice que para para garantizar la salud mental de sus trabajadores, los empleadores deben seguir las medidas de la OIT, en virtud a las investigaciones de Robertson & Moiser y de la líder mundial en seguridad y salud en el trabajo WorkSafe Victoria, como:

  • Tener una comunicación continua con el personal, demostrándoles apoyo e indicarles que pueden ser escuchados cada vez que lo necesiten.
  • Potenciar los canales de comunicación a través de herramientas digitales como la creación de grupos de chat por equipos, confiar en los trabajadores y concederles control y flexibilidad adecuada para el desempeño de sus funciones.
  • Brindar información y material informativo para el cuidado de la salud mental como acceso a programas de asistencia al personal.
  • Atender debidamente los signos de angustia de los trabajadores a fin de poner a su disposición a un experto de la salud mental para que pueda hablar con ellos sobre sus preocupaciones.
  • Concientizar a los trabajadores sobre la importancia del cuidado físico y mental mientras se encuentren realizando el trabajo remoto e instarlos a realizar actividad física, mantener una alimentación saludable y salir a tomar aire fresco.

Por nuestra parte y a nivel personal debemos:

  • Darnos cuenta de nuestros sentimientos, cuál es esa emoción que más me acompaña en los últimos días o semanas.
  • Observar la actitud hacia mí, hacerme compañía; esta es una buena oportunidad para revisar mi diálogo interno: cómo me hablo, si me tengo paciencia, si me exijo, si me critico, si me juzgo, o me quejo, si me comparo, si alimento pensamientos catastróficos o esperanzadores, o me estoy dando tiempo para adaptarme, para aprender, para aceptar y acogerme con estos sentimientos.
  • Una actitud positiva y un diálogo interno nos alientan a no mirar hacia atrás, nos predisponen hacia el logro de nuestras sueños y metas, lo cual ayudará a activar en nuestro cerebro recursos para poder pensar claramente y a nuestro cuerpo para mantenerse saludable.
  • Debemos escuchar a nuestro entorno, mi familia, mirar a quienes me rodean, con quien comparto tiempo, oírlos, entender que dicen y que comunican, sintiendo en ellos también esta soledad impuesta. Cada quien contiene y maneja lo que siente como puede, pudiendo sentirnos más solos aun viviendo acompañados.
  • Este es un buen momento para fomentar nuestra empatía y la comunicación desde las emociones y sentimientos, para escucharnos un poco menos a nosotros y escuchar un poco más al que tengo al lado, desde lo que siente y no desde lo que yo siento, sin juzgar ni criticar. Por el contrario, respetando, dando cariño y reconociendo que cada quien es importante tal como es.
  • Desarrollar la creatividad, buscando estrategias que afiancen la resiliencia que dará luz a esta soledad en particular; identificando tus necesidades y escogiendo todo aquello que te permite ser consiente del presente, conectándote especialmente con quienes te rodean.
  • Buscar en tu pasado situaciones de tu vida a en la que te has sentido solo, y pregúntate: ¿qué me ayudó a sentirme mejor?
  • Recuerda que cuando nos involucramos en acciones que nos brindan satisfacción no solemos pensar en cuán solos nos sentimos.

Próximamente


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