1995 | Condoray

Categoría: Servicios Directos a la Sociedad
Otorgado a: Condoray
Propuesto por Dra. Luz Gonzales Umeres (Consejo Consultivo)


Condoray

“Una fortaleza en el valle de Cañete”

(Tomado del libro Premios Esteban Campodonico Figallo 1995-1999, Lima, octubre de 2000)

 CONDORAY-3

Tienen más de cincuenta años en San Vicente de Cañete, un poblado ubicado a 145 kilómetros al sur de Lima, en un valle rodeando el desierto. Allí llegaron solo tres jóvenes para sembrar las primeras semillas del Opus Dei. Cuando consolidaron su estancia en Cañete, quisieron bautizar al naciente centro con un nombre que resultara familiar a la gente. Y Condoray es el nombre quechua de un pueblo cercano a Lunahuaná, que significa ‘fortaleza’, algo que necesitaron todo este tiempo para sobrevivir, mantenerse y crecer.

 

Nombre: Condoray.

Lugar/Fecha de creación: San Vicente de Cañete, 1963.

 

Perfil:

Ubicado en el poblado de San Vicente de Cañete, 144 kilómetros al sur de Lima. Es una obra corporativa del Opus Dei que trabaja desde 1963 al servicio del desarrollo y de la promoción humana, social y espiritual de la mujer rural, con el objetivo de formarla individualmente para que ella misma sea agente de su propio desarrollo y el de su entorno. Sus programas de desarrollo rural: alfabetización, capacitación laboral básica, higiene, nutrición, saneamiento, educación para la salud, refrigerios infantiles, educación familiar y promotoras rurales, han beneficiado a más de 20 mil campesinas.

 

El trabajo de promoción se realiza a través de las promotoras rurales que asumen funciones de liderazgo en sus pueblos e impulsan a otras mujeres a conseguir mejoras educativas, familiares y comunales. Ellas hacen posible la realización de programas estables de desarrollo según las necesidades de cada lugar.

 

Para la educación a las jóvenes también han creado un Instituto de Educación Superior, que ofrece carreras cortas de Contabilidad, Secretariado Ejecutivo y Administración de Servicios de Hostelería. Desde 1985 más de 500 jóvenes de Europa y Canadá han realizado trabajos de voluntariado que se enmarcan en los programas sociales que se ejecutan durante todo el año.

El jurado

  • Ing. Alberto Giesecke Matto – IGP
  • Dr. Rodrigo Travezan
  • Ing. Rafael López Aliaga, PERUVAL
  • Dr. César Fernandez Arce
  • Dr. Guillermo Velaochaga

Discurso de presentación

Discurso de agradecimiento

Ceremonia de premiación: 1995

DISCURSO DEL DOCTOR ANTONIO MABRES, RECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE PIURA

cerem95-3

Sr. Dr. R. Coti, Director de la Fundación Clover.

Señores miembros del Consejo Consultivo del Premio Esteban Campodonico.

Señoras y señores.

Antes que nada, deseo expresar en nombre de la Universidad de Piura, mi más cordial saludo de bienvenida para todos ustedes a este acto de entrega de los primeros “Premio Esteban Campodonico 1995 por servicios a la Sociedad Peruana”, al Ing. José Raúl Davelouis y a los representantes de las instituciones ‘Condoray” y Asociación Familiar Educacional y de Salud (AFESA). Diócesis de Abancay.

Nos hemos reunido para acompañarlos  amigos y personas allegadas a los premiados y algunos de los que han participado en el proceso de organización del premio y selección de los ganadores; concretamente miembros del Consejo Consultivo y del Jurado, a quienes agradezco muy especialmente el valioso trabajo realizado hasta este momento culminante. La Fundación Clover, entidad responsable del Premio, se ha hecho presente por medio de su Director y Secretario el Dr. Ralph Coti, a quien expreso el mayor agradecimiento.

Saludo también muy particularmente a los miembros de la familia del Dr. Esteban Campodonico que nos acompañan. Uno de ellos, la señora Elena Raffo de Velaochaga, ha integrado el Consejo Consultivo.

Ha sido un verdadero privilegio para la Universidad de Piura haber sido invitada a participar en la primera edición de los “Premios Esteban Campodónico Figallo”. Como ustedes saben, la Fundación Clover, por encargo de las Cortes de Nueva York, debió identificar una institución peruana que pudiera garantizar el cumplimiento de la voluntad del Dr. Esteban Campodonico Figallo, quien dejó un fondo ‑como reza textualmente en su testamento‑ para ” estimular el progreso científico en el Perú y fomentar los auxilios humanitarios y de beneficencia”. La Fundación Clover solicitó la participación de la Universidad de Piura.

Desde el primer momento acogimos con mucho agrado esta invitación, porque vimos en ello la oportunidad de cumplir con algo que constituye parte de la misión de la Universidad: proyectarse a la sociedad difundiendo los valores que contribuyen a mejorarla y estimulando a quienes encarnan dichos valores.

La Universidad de Piura, al comprometerse con la Fundación Clover a la organización y dirección para la ejecución de los Premios enfrentó un difícil reto; pero no se encontró sola ante él: me complace enormemente destacar y agradecer la generosa respuesta que nos brindaron un selecto grupo de profesionales de distintos campos a los que invitamos a constituir el Consejo Consultivo del Premio Campodónico.

Han contribuido decisivamente al éxito de esta primera edición del Premio los miembros del jurado, propuestos por el Consejo Consultivo y la Secretaria Ejecutiva ‑la Dra. Marisa Aguirre‑, verdadera impulsora de todo el proceso, desde el anuncio y difusión de la Convocatoria del Premio, hasta este Acto de Entrega.

Desearía referirme brevemente a algunas circunstancias del Premio que lo hacen particularmente interesante. Antes que nada la personalidad ejemplar de quien lo instituyó y dotó económicamente, el Dr. Esteban Campodónico Figallo: Fue un gran hombre, excelente profesional y universitario, además de generoso mecenas. Nacido en Italia, en 1866, llegó al Perú a los 13 años y aquí realizó sus estudios secundarios y universitarios, doctorándose por la Universidad Mayor de San Marcos.

También se doctoró más adelante por las Universidad de Bologna y Viena. Ejerció el magisterio universitario en la Facultad de Medicina de San Fernando, junto a una prolífica vida profesional y social en la que destaca la dirección del Hospital Italiano, su trabajo en la Beneficencia y en la Municipalidad de Lima, así como haber representado al Perú en importantes certámenes científicos internacionales. A una donación suya se debe el primer Laboratorio de Fisiología experimental en la Universidad de San Marcos.

Su valoración del trabajo científico y profesional de calidad, le indujo a dejar parte de la fortuna que hizo con su trabajo para estimular a personas que siguieran el camino de la excelencia que él supo recorrer.

Con esta primera edición del Premio se ha abierto pues un camino que, tengo la esperanza, irán recorriendo muchos a lo largo de años ofreciendo a los peruanos ejemplos prácticos y cercanos de cómo servir a la sociedad.

Termino estas palabras introductorias reiterando mi agradecimiento a la Fundación Clover y a todos los que han hecho posible dar este primer paso que inaugura los Premios Campodonico ya institucionalizados, haciendo realidad la voluntad del Dr. Esteban Campodonico Fígallo, a quien va principalmente y en último término al gratitud de todos nosotros.

Muchas gracias,

Lima, 25 de setiembre de 1995

Ceremonia de premiación: 1995