2003 | Radio Onda Azul (Puno)

Categoría: Servicios Directos a la Sociedad
Otorgado a: Radio Onda Azul (Puno)
Propuesto por Cáritas Puno


Radio Onda Azul (Puno)

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Esta radioemisora fundada en 1958 se ubica en el altiplano, a 3820 metros de altitud y desarrolla una destacada labor de comunicación educativa, participativa y evangelizadora, para esta región fronteriza con Bolivia, así como las zonas altas de Moquegua, Tacna, Arequipa y Cusco. Por ello, incluye horarios de programación destinados a las poblaciones de habla quechua y aymara.

Fue la primera en el país y la segunda en Sudamérica en instaurar el proyecto de educación escuelas radiofónicas, ayudando a superar el estado de analfabetismo que alcanzaba tasas muy elevadas en la región. A lo largo de su historia ha planteado objetivos educativos de cara a las necesidades e intereses de la población del altiplano: la paz, los derechos humanos, la capacitación en el trabajo del campo, el programa de corresponsales escolares, entre otros.

Actualmente, Radio Onda Azul integra la Coordinadora Nacional de Radio, la Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica y la Asociación Mundial de Radios Comunitarias.

El jurado

  • Ing. Juan de Madalengoitia
  • Dr. Guillermo Velaochaga
  • Sra. Susana Baca
  • CPC Luis Coleridge
  • Ing. Ignacio Soto

Discurso de presentación

Discurso de agradecimiento

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Agradecemos a la Fundación Clover y a la Universidad de Piura por este valioso premio y por proseguir con diligencia y empeño el sueño de don Esteban Campodonico Figallo; ilustre y noble médico, cuya vida la dedicó íntegramente a ayudar a los que menos tienen, haciendo de su profesión una vocación de permanente servicio en favor del prójimo.

Al conocer la decisión del jurado al hacernos merecedores del Premio Esteban Campodónico Figallo 2003 en el Área de Servicios Directos a la Sociedad, junto a la Fundación Nuestro Hogar ANAR; no pudimos evitar la emoción de recordar que hace 45 años, iniciamos con Radio Onda Azul aquella “locura de la predicación paulina” en la difícil geografía andina, teniendo por objetivo llegar a la población de los parajes más alejados, con una programación evangelizadora, para todos los aspectos de la vida humana, siguiendo las huellas de Jesús, el perfecto comunicador.

En ese caminar fuimos parte de las Escuelas Radiofónicas, las que fueron creadas con el fin de alfabetizar, aprovechando la ventajosa audiencia de una radio con cobertura departamental, llegando a personas que difícilmente podrían lograr una educación básica en alguna escuela de provincia.

Teniendo en cuenta que hace cuatro décadas, cuando se inició este ambicioso proyecto, las vías de comunicación aún eran muy precarias y la población que vivía en lugares apartados no tenía la posibilidad real y efectiva por ampliar el horizonte de sus conocimientos.

Para concretar la gran cruzada contra el analfabetismo, unieron esfuerzos el Obispado de Puno y la Región de Educación, desplegando denodados trabajos para cubrir las mayores expectativas del creciente alumnado, que reunidos ocupaban parroquias, salones comunales y hasta casas particulares alrededor de un receptor de radio, de donde emanaba la luz de la educación.

Más de 500 profesores quechuas y aymaras voluntarios, desarrollaban con pericia y dedicación encomiable la fructífera labor de impartir conocimientos en enormes aulas, cuyos muros eran la cordillera y los cerros del altiplano, teniendo por techo la infinitud de los cielos y por piso los reflejos del gran lago Titicaca.

En la cima más alta del trabajo educativo radial, el año 1968, se contaba con 8 mil 701 estudiantes matriculados, distribuidos en mil 750 escuelas radiales. La equivocada idea de que el indígena carecía de inteligencia para aprender, siendo la educación un privilegio de las urbes, había sido quebrada.

La tarea de llegar a los rincones olvidados del interior para educar y evangelizar, fue cumplida con la voluntad de algunos visionarios, como el padre Markinoll Roberto Kerns, ferviente creyente en el proyecto de la “radio escuela” y sus resultados satisfactorios en el esforzado campesinado puneño.

Los horarios en los cuales se impartían lecciones de matemática básica, lenguaje, geografía, ciencias naturales e historia, que tenían una duración de 50 minutos por curso, eran respetados escrupulosamente.

Ávidos oyentes mostrando interés en aprender, como si se tratara de un novedoso pero nutritivo alimento que los llenaba, no se perdían un solo detalle de los enunciados practicados por los “radio pedagogos”, digiriendo perfectamente el alimento llamado “conocimiento”.

A partir de allí, Radio Onda Azul se convirtió en un acompañante leal y constante del poblador de “adentro”, de las familias que viven del trabajo arduo y duro de la tierra. Un sonido más fue incorporado a la sinfonía de la naturaleza, que acompasa las labores del poblador andino: el de un hermano de gran voz, el cual, sin estridentes gritos o tronantes ecos, posibilitó al hombre del altiplano ampliar su horizonte de esperanza y libertad.

Ciertamente, los premios son estímulos, letreros en medio de la carretera llena de neblina que dicen si avanzaste algo, pero de ninguna manera metas finales; más bien alicientes morales que, sobreponiendo al fatigado cuerpo, animan el espíritu, anunciándonos estar en la ruta correcta, pero todavía muy lejos del objetivo, en el largo camino del servicio, sin esperar más retribución que, en nuestro caso, la silenciosa gratitud en la sonrisa ilusionada y esperanzadora de un oyente que descubrió un mundo de mayores posibilidades, contenidas en un receptor de radio que apareció en su vida, para ser parte de su historia y, por tanto, de su futuro.

A nombre de la Iglesia puneña de quechuas y aymaras, en particular de Monseñor Jorge Carrión Pavlich, nuestro pastor, y los trabajadores de Radio Onda Azul, brazo de evangelización y humanización, reitero mi gratitud por el premio que recibimos con la firme esperanza de seguir trabajando por nuestro pueblo.

Ing. Hiomara Castillo
Gerente de Radio Onda Azul (Puno)

Lima, 12 de agosto de 2003 

Ceremonia de premiación: 2003

Ceremonia de premiación: 2003