2 de octubre

Hace 73 años, el 2 de octubre de 1928, durante unos ejercicios espirituales en Madrid, Josemaría Escrivá de Balaguer, que ejercía el ministerio sacerdotal desde hacía 3 años, vio lo que Dios quería de él y funda el Opus Dei. Empezó a trabajar y continuó su ejercicio sacerdotal, especialmente entre pobres y enfermos al mismo tiempo que estudiaba en la Universidad de Madrid y daba clases para mantener a su familia. Tenía entonces sólo 26 años.

¿Por qué se le llama “Obra de Dios” a la institución que fundó el beato Josemaría Escrivá? ¿No es un nombre demasiado ambicioso? Él, antes del dos de octubre de 1928, no sabía nada del Opus Dei. Aquel día, haciendo oración, “vio que el Señor le pedía hacer el Opus Dei”, por decirlo con palabras de un solemne documento de la Iglesia. Ese día, al recibir toda la inspiración sobre el Opus Dei, conmovido se arrodilló y dio gracias al Señor. Nos ha dejado escrito: “Ese día el Señor fundó su Obra: desde entonces comencé a tratar almas de seglares, estudiantes o no, pero jóvenes. Y a formar grupos. Y a rezar y a hacer rezar. Y a sufrir…”.

Había conocido “plenamente la misión, vieja como el Evangelio y como el Evangelio nueva, para la que había sido destinado: abrir a los fieles de todas las condiciones sociales un camino seguro de santificación en medio del mundo, a través del ejercicio del trabajo profesional y del cumplimiento de los deberes cotidianos, sin cambiar de estado y haciéndolo todo por amor de Dios. Poco después, el 14 de febrero de 1930, entendió, con la gracia de Dios, que el Opus Dei debía desarrollar su apostolado también entre las mujeres”. Son palabras de un documento oficial de la Santa Sede.

El Beato Josemaría decidió, a la edad de 15 años, prepararse para ser sacerdote sin conocer todavía lo que Dios querría de él. Decía en una ocasión: “¿Por qué me hice sacerdote? Porque creí que era más fácil cumplir una voluntad de Dios, que no conocía. Desde unos ocho años antes la barruntaba, pero no sabía qué era, y no lo supe hasta 1928”.

El Opus Dei, “camino de santificación en el trabajo profesional y en el cumplimiento de los deberes ordinarios del cristiano” es un reflejo de la vida santa del beato Josemaría: en el contexto de una libertad absoluta, es una puerta estrecha que conduce a la Vida.

El Opus Dei, no es una construcción humana. Es un querer de Dios, que llevamos en vasos de barro. En los primeros pasos del Opus Dei, siendo todavía una realidad muy pequeña, su Fundador tuvo un enorme empeño por grabar a fuego en las almas de sus hijos este convencimiento: La Obra de Dios no la ha imaginado un hombre, para resolver la situación lamentable de la Iglesia en España desde 1931. La Obra de Dios, nos dejó escrito, viene a cumplir la Voluntad de Dios. Por tanto, tened una profunda convicción de que el cielo está empeñado en que se realice. Es un querer de Dios y tiene amplitud universal.

Cuando el Papa configuró el Opus Dei como Prelatura personal, inició la Bula Ut Sit, con estas palabras: “Con grandísima esperanza, la Iglesia dirige sus cuidados maternales y su atención al Opus Dei, que -por inspiración divina- el Siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer fundó en Madrid el 2 de octubre de 1928, con el fin de que siempre sea un instrumento apto y eficaz de la misión salvífica que la Iglesia lleva a cabo para la vida del mundo”.

Pablo VI, con conocimiento de causa, dijo: “Monseñor Escrivá es una de las personas de la Iglesia que ha recibido más carismas y que ha correspondido con mayor generosidad”.

Esta es la principal razón, no la única, por la cual tantas almas quieren sinceramente al Beato Josemaría: porque recibió muchas gracias de Dios, y correspondió fidelísimamente a ellas; y es por ello también que la proximidad del centenario de su nacimiento, que se celebrará el 9 de enero del 2002, constituya una magnífica ocasión para recordar los alcances de su mensaje y elevar al Señor acciones de gracias por la “Obra de Dios”.

Vicente Pazos González
Capellán Mayor de la Universidad de Piura