Construir el mundo con el espíritu de Cristo

El pensamiento de Josemaría Escrivá de Balaguer sobre la actividad intelectual y su influjo en la construcción del mundo se encuentra formulado en muchos pasajes de sus escritos. Seguiremos aquí principalmente, como inspiración de fondo, el contenido de sus Discursos Académicos2 , cuyos títulos hablan por sí solos: La universidad al servicio del mundo, Valor educativo y pedagógico de la libertad, El compromiso de la verdad, etc. Sobre el espíritu que se encierra en esos textos se han escrito numerosos trabajos3 , en los que se aprecia que Josemaría Escrivá reflexiona sobre la actividad intelectual y el trabajo universitario a partir de una previa comprensión de su concreto protagonista, el universitario cristiano, como persona llamada a santificar esa actividad y a santificarse en ella4 . Desde esa perspectiva, que parte de la consideración de la persona como sujeto de la actividad que desempeña, el discurso sobre lo institucional -en este caso, la vida intelectual, o más precisamente la universidad-, sin salir de sus cauces naturales y sin abandonar sus temáticas características, queda plenificado por el nuevo significado que dichos cauces y temáticas adquieren a la luz de Cristo. De ese modo queda abierto un horizonte profundamente atractivo de la vida intelectual y del trabajo del universitario: el horizonte de la santidad, que lo muestra como uno de esos “caminos divinos de la tierra” de los que habitualmente habla el B. Josemaría.

Me atendré a ejemplificar una respuesta sobre la base de algunos datos tomados de los materiales de trabajo de un reciente Congreso Internacional celebrado en Roma con ocasión del Centenario del B. Josemaría, en el que he tenido ocasión de participar. En el contexto del Congreso han tenido lugar diversas sesiones de trabajo sobre temas monográficos relacionados con la presencia de los valores cristianos en la construcción de la sociedad contemporánea, y desarrolladas por numerosos profesionales de las respectivas áreas de todo el mundo5 .

El grupo de trabajo dedicado a “Investigación y docencia universitaria” -me detengo brevemente en este aspecto más ligado al tema que nos ocupa- estaba integrado por 24 profesionales procedentes de 11 países (Estados Unidos, Suecia, España, Inglaterra, Australia, Italia, China, Alemania, Brasil, Chile y Francia), que desarrollan su actividad en 14 universidades distintas y en diversos campos de especialización (microbiología, bioquímica, física, terapia génica, astronomía, filosofía del derecho, bioética, farmacología, derecho eclesiástico del Estado, matemáticas, arquitectura, economía, neurología, derecho constitucional, ciencias políticas y geodemografía). Sus aportaciones se podrían englobar y ordenar sintéticamente, a mi entender, en torno a cinco grandes puntos, que ellos han encontrado en la enseñanza de Josemaría Escrivá, y que indudablemente les desvelan perfiles singulares y significativos de la actividad intelectual cuando es realizada con sentido e intencionalidad de cristiano. Esos puntos, escuetamente mencionados, serían los siguientes: a) compromiso indiscutible con la verdad; b) servicio a la persona y a la sociedad; c) trabajo santificado; d) dimensión evangelizadora del propio trabajo; e) unidad de vida. Son perfiles o propiedades aceptados con naturalidad por quienes los mencionan como dimensiones internas de su actividad profesional en el seno de la universidad, y más en general de la deseable proyección social de su trabajo, que en nada cambia cuando se desarrolla bajo esa perspectiva, que en cambio le enriquece6. No voy a extenderme en una exposición detallada de esos puntos. Basta una sencilla muestra de las claves que encierran.

Por ejemplo, respecto del compromiso con la verdad, uno de los participantes, el profesor Bertelsen, antiguo rector y actual vicerrector de la Universidad de los Andes en Santiago de Chile, insiste en su convicción de que: “La investigación que busca la verdad (…) exige asimismo honradez, valentía para no enmascarar la verdad frente a posturas arraigadas en la opinión pública, humildad para reconocer el acierto en las investigaciones ajenas y para dejar de lado las propias hipótesis y planteamientos cuando ellos se demuestren equivocados”7 . Recuerdan estas palabras aquellas que pronunciaba el Beato Josemaría en un solemne Acto académico en 1974, y que me parece interesante recordar aquí. Decían así: “La Universidad sabe que la necesaria objetividad científica rechaza justamente toda neutralidad ideológica, toda ambigüedad, todo conformismo, toda cobardía: el amor a la verdad compromete la vida y el trabajo entero del científico, y sostiene su temple de honradez ante posibles situaciones incómodas, porque a esa rectitud comprometida no corresponde siempre una imagen favorable en la opinión pública. (…) Este compromiso personal con la verdad y con la vida (…) enlaza con el de los grandes Maestros de todos los tiempos, que no se han dejado arrastrar por ambientes superficiales, ni se han engañado por el espejismo de la fácil novedad. Su ejemplo es un notable y alentador estímulo, cuando -después de años de apacible e ingenua fe en el mito del progreso perenne e irreversible- se debate la humanidad contra una borrasca tremenda, cuyo vértigo irresistible deja al hombre con frecuencia aturdido, y le hace retroceder tantas veces a formas salvajes de entender la vida, que (…) no reconocen otros impulsos que el instinto o el capricho, la comodidad o el interés”8 .

Otra clave de fondo es, como hemos dicho, la mentalidad de servicio a la persona y a la sociedad. El punto de mira común, con las lógicas diferencias de planteamiento según los perfiles personales y profesionales, podría quedar perfectamente sintetizado en unas palabras de los profesores Monge y Renedo9 , de la Facultad de Farmacia de Navarra, que tomando ocasión de otras de Josemaría Escrivá (“La Universidad tiene como su más alta misión el servicio a los hombres”10 ), afirman: “Desde esta perspectiva, varios profesores del área farmacéutica, nos propusimos que nuestro trabajo significara una aportación de servicio a la sociedad y de solidaridad con otros países. A lo largo de estos años hemos tenido muy presente que la Universidad -como expresó el Beato Josemaría-, al estudiar con profundidad científica los problemas, “remueve también los corazones, espolea la pasividad, despierta fuerzas que dormitan, y forma ciudadanos dispuestos a construir una sociedad más justa”11 . Estas ideas han impulsado nuestro trabajo y se han ido traduciendo en iniciar y mantener líneas de cooperación y de investigación”, de la que aportan a continuación diversos ejemplos. De manera semejante, por citar otra aportación en este campo, la profesora Lenise Martins, microbióloga de la Universidad de Brasilia12 , partiendo de un texto del B. Josemaría en el que pone de manifiesto la injusticia de estar “los bienes de la tierra, repartidos entre unos pocos; los bienes de la cultura, encerrados en cenáculos”13 , defiende que la Universidad tiene un papel fundamental en el compromiso con la justicia -con la verdad- y con la liberación de esos bienes, y desarrolla una interesante aportación acerca de la aplicación de esas ideas al campo de la formación de profesores.

La idea de santificar el trabajo y el tiempo, constituye, como es lógico, una clave vivamente presente en todos los textos que comentamos al ser tenida por cada uno de esos autores como núcleo en el que se concentra su comprensión de la vocación cristiana en cuanto vocación a la santidad, y el trabajo santificado y santificador como cauce . Lo formula con claridad y sencillez el físico inglés Mark Fox, de la Universidad de Sheffield14 , al señalar desde su personal experiencia profesional la importancia de la “idea hermosamente sencilla” de Escrivá de convertir el trabajo en oración, que significó para él la solución a un problema difícil: hacer compatible una vida espiritual intensa y una actividad profesional exigente. Las mismas ideas fueron expuestas en el Congreso romano, desde el punto de mira del análisis histórico, por el profesor Rumi, ordinario de Historia contemporánea de la Universidad de Milán, en un trabajo titulado: “Para una lectura ‘civil’ de la propuesta de Josemaría Escrivá”, en el que escribe: “Escrivá restituye al trabajo la originaria dignidad haciéndolo parte integrante del proyecto general de la santificación del tiempo (…). La universal recapitulación en Dios es capaz de transfigurar, con el trabajo, la prosa cotidiana. (…) Si el verdadero fin del trabajo es la gloria de Dios toda la cualidad o el valor del trabajo puede y debe ser reconsiderada. Las consecuencias son decisivas”. Y él mismo trata de mostrar algunas de esas consecuencias, las mismas que, con otros modos de decir y de analizar los hechos, están también presentes en las afirmaciones de los profesores del grupo de trabajo. Escribe: “Ese relativismo pequeño que ha ensombrecido y un poco incluso empobrecido la cotidianidad de tantos cristianos es desplazado y sustituido por una búsqueda de aquella excelencia que un cierto orgullo laicista reservaba a quien hubiese alcanzado las esferas superiores del saber y del obrar. La perfección ya no es, para el cristiano, sello característico de extrañamiento respecto del mundo (…). Caen las carcasas de un secular defensivismo católico, temeroso de la difusión de la cultura, prudentísimo frente a los avances de la ciencia y de la tecnología. Escrivá quiere la audacia de la investigación, y hace de la renuncia una dimensión interior, no tímidamente renunciatoria de las conquistas posibles a través también del trabajo profesional, la educación, el estudio, la cultura en todas sus expresiones”15.

Un neuropatólogo de la Universidad de Berlín y de la Universidad de Jena, el profesor Stephan Patt, lograba expresar en pocas palabras la esencia de otra de las claves que consideramos: la dimensión evangelizadora del trabajo universitario. “Desde el comienzo mismo, después de mi primer contacto con el mensaje del B. Josemaría -manifiesta su aportación-, mi vida ha estado determinada por una sencilla idea: la transmisión personal de la fe”16 . En el horizonte cristiano del profesor Patt, como en el de los restantes miembros del Panel, se adivina ese “apostolado de la inteligencia”17 del que hablaba Josemaría Escrivá. Lo expresará con elocuencia y no sin fuerza teológica la profesora Prosche, docente de ciencia política en la Universidad de Grenoble II: “Poco a poco, poniendo en práctica la enseñanza del B. Josemaría, he podido realizar plenamente mi vocación de docente y mi profundo deseo de evangelizar. (…) He comprendido de él que yo no subo al ‘escenario’ solamente para ‘dar mis horas de clase’ sino para que, a través de mi voz, ‘pase Cristo’ y hable a los corazones”18 . Un pasar que es entendido por ella y por sus colegas en el grupo de trabajo como siembra de un espíritu de convivencia, de comprensión, de justicia, de respeto, o expresándolo mejor como “una siembra concreta de paz y de alegría”19.

Todos subrayarán, en fin, de manera directa o indirecta, la necesidad de unidad de vida como cualidad de quien, sabiéndose y aceptándose a sí mismo como seguidor de Cristo, trata de conducirse en todo de acuerdo con un personal sentido de responsabilidad y con el convencimiento de que habiendo conocido a Cristo “la vida no puede vivirse con otro sentido”20 . El profesor Fox habla de la profunda belleza de esa enseñanza que conduce a convertir la unidad de vida en una vía práctica21 , o como ha escrito Llano en un camino “que está permitiendo la renovación de la idea universitaria en una época de perplejidades y contradicciones”22. Los aspectos de la cotidianidad, la ocupación profesional, todo lo humano se llenan bajo ese “punto de mira sobrenatural”23 que aporta la unidad de vida de un gran valor: valor de “santidad grande, que Dios nos reclama, y que se encierra aquí y ahora” en esas “cosas pequeñas de cada jornada”24 , que se hacen grandes por el amor.

El profesor Shannon, de la Universidad de Sidney, lo sintetizará hablando de trabajar para la gloria de Dios25, y a través de los textos de los demás se puede encontrar formulada en diversos modos como manifestación de una misma experiencia cristiana. La describen magistralmente unas profundas palabras del B. Josemaría, pertenecientes al núcleo mismo de su pensamiento y de su doctrina, que permiten poner punto final, del mejor modo, a las reflexiones hasta aquí desarrolladas. “Os aseguro, hijos míos -proclamaba Josemaría Escrivá ante miles de personas en el campus de la Universidad de Navarra-, que cuando un cristiano desempeña con amor lo más intrascendente de las acciones diarias, aquello rebosa de la trascendencia de Dios. Por eso os he repetido, con un repetido martilleo, que la vocación cristiana consiste en hacer endecasílabos de la prosa de cada día. En la línea del horizonte, hijos míos, parecen unirse el cielo y la tierra. Pero no, donde de verdad se juntan es en vuestros corazones, cuando vivís santamente la vida ordinaria…”26 .


1 La sabiduría de este mundo es necedad delante de Dios. I Cor 3, 19.
2 Están recogidos en el volumen: Josemaría Escrivá de Balaguer y la Universidad, Pamplona : Eunsa, 1993, 45-152.
3 Entre ellos, por ejemplo, los artículos incluidos en el volumen Josemaría Escrivá de Balaguer y la Universidad, o.c., en particular los de A. DEL PORTILLO (La universidad en el pensamiento y la acción apostólica de Mons. Josemaría Escrivá, 13-39); F. PONZ (La Universidad al servicio de la persona, 1997-228); A. LLANO (La libertad radical, 259-276). Se puede cf. sobre la misma cuestión los artículos de A. MILLAN PUELLES, Amor a la libertad, en: Homenaje a Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer, Pamplona : Eunsa, 1986, 26-94; A. D’ORS, Amor a la Universidad, en: ibidem, 135-138. J. L. ILLANES, La Universidad en la vida y en la enseñanza de Mons. Escrivá de Balaguer, en: La personalidad del Beato Josemaría Escrivá de Balaguer, Pamplona : Eunsa, 1994, 101-132.
4 Una buena síntesis en A. LLANO, Universidad y unidad de vida según el Beato Josemaría Escrivá, en “Romana” 16 (2000) 112-125.
5 El contenido de las diversas áreas era: Aprender a educar; Investigación y docencia universitaria; Aprender a trabajar bien; Familia y profesión: un desafío cotidiano; Amor y matrimonio; Construir culturas de vida; La forja de la personalidad; Formar ciudadanos; Integración social: unidad en la diversidad; Las claves del desarrollo; La experiencia del dolor; Santidad sacerdotal y ministerio; La preparación al sacerdocio; Comunicación: libertad y convivencia; Creatividad artística; Protagonistas de la opinión pública; Empresa y bien común; Participación y responsabilidad civil.
6 Los textos, a la espera de su definitiva publicación en las Actas del Congreso, se encuentran recogidos, y pueden ser consultados en el volumen (que citaremos a continuación como Panel): Investigación y docencia universitaria. Trabajos preliminares del Panel, Fundación Promoción social de la cultura, Madrid 1992, (edición preparada por la profesora Natalia López Moratalla, directora del departamento de bioquímica y biología molecular de la Universidad de Navarra).
7 Panel, 123.
8 Discurso académico en la Universidad de Navarra, 9-V-1974; en: Josemaría Escrivá de Balaguer y la Universidad, o.c.
9 A. MONGE, MARIA JESÚS RENEDO, Investigación farmaceútica al servicio del desarrollo, Panel, 83-90.
10 Josemaría Escrivá de Balaguer y la Universidad, o.c., 85.
11 Josemaría Escrivá de Balaguer y la Universidad, o.c., 95.
12 LENISE A. MARTINS, Looking for integral education for all: the culture goods can not be confined to cliques, Panel, 109-114.
13 “Se comprende muy bien la impaciencia, la angustia, los deseos inquietos de quienes, con un alma naturalmente cristiana, no se resignan ante la injusticia personal y social que puede crear el corazón humano. Tantos siglos de convivencia entre los hombres y, todavía, tanto odio, tanta destrucción, tanto fanatismo acumulado en ojos que no quieren ver y en corazones que no quieren amar. Los bienes de la tierra, repartidos entre unos pocos; los bienes de la cultura, encerrados en cenáculos. Y, fuera, hambre de pan y de sabiduría, vidas humanas que son santas, porque vienen de Dios, tratadas como simples cosas, como números de una estadística. Comprendo y comparto esa impaciencia, que me impulsa a mirar a Cristo, que continúa invitándonos a que pongamos en práctica ese mandamiento nuevo del amor” (Es Cristo que pasa, n. 111).
14 A. MARK FOX, Seeking God in Physics, Panel 27-33.
15 GIORGIO RUMI, Per una lettura ‘civile’ della proposta di Josemaría Escrivá, ponencia presentada en el Congreso Internacional “La grandeza de la vida corriente”, que verá la luz en las Actas del Congreso.
16 STEPHAN PATT, Academic life in a University of former ‘German Democratic Republic’, Panel, 105.
17 Cfr. Camino, n. 978.
18 GENEVIE PROSCHE, Sanctifier le travail et travers des petites choses, Panel, 127-130.
19 Es Cristo que pasa, n. 124
20 Es Cristo que pasa, n. 145
21 Cfr. Panel, 33.
22 A. LLANO, Universidad y unidad de vida según el Beato Josemaría Escrivá, o.c., 124.
23 Amigos de Dios, n. 66
24 Amigos de Dios, n. 312
25 Cfr. Panel, 93.
26 Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, n. 116.