¿Cuál es el idioma de la Santa Misa?

Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo, contestan millares de voces al unísono. Estamos en Roma, en una Misa con el Papa en la basílica de San Pedro: el centro de la cristiandad. Son varios miles los jóvenes que se han reunido alrededor del Papa para esta ocasión. Vienen de la vieja Europa, de la joven África, de la América allende el océano y de las lejanías asiáticas o de Oceanía. Parece que se revive la primera Pentecostés: todos se entienden en una misma lengua: el latín.

Sí, aunque a los ojos de un observador superficial pueda parecer increíble, el latín sigue existiendo en la vida de la Iglesia. No tiene grandes pretensiones y, sin embargo, desde un puesto humilde sirve abnegadamente para lo que siempre ha servido: ser instrumento de unidad. Y la unidad no es que sea un valor poco apreciado en la Iglesia Católica…

Esa es también una de las razones por la que cada uno en su país usa una única lengua (p.e. el castellano) en las celebraciones litúrgicas. En ninguna parroquia se celebran misas en las que el sacerdote habla en un idioma, un grupo de fieles en otro, otros grupos en dialectos, etc. Sería un caos. Se procura que haya una lengua que aúne, que permita que haya sintonía en la asamblea litúrgica. Por eso también todos procuran conocer adecuadamente las respuestas de la Misa en su propia lengua, de manera que puedan participar activa y armónicamente.

Como se ve, la función que ejerce una lengua determinada en un país determinado, la ejerce el latín para la Iglesia entera. No se trata de ser prehistórico, o medieval, o moderno: la unidad es un valor que está muy por encima de cualquier “etiqueta”. Por eso se ve que el latín tiene y tendrá un lugar en la liturgia también hoy en día.

Haciendo un poco de historia, conviene recordar que, cuando en el siglo IV el latín sustituyó completamente al griego como la lengua oficial del imperio romano, comenzó una copiosa producción literaria, científica, histórica, teológica… y también litúrgica. Es así que, en los 1,600 años que lleva la Iglesia Católica utilizando el latín, se han ido acumulando verdaderas joyas de oración, de catequesis, de música, etc.

Además, el gran impulso misionero de la iglesia latina ha hecho que muchas partes del mundo hayan sido evangelizadas precisamente por misioneros de rito romano. De hecho, no resulta difícil constatar que “este rito no sólo conservó en el decurso de los siglos los usos litúrgicos oriundos de la ciudad de Roma, sino que también de modo profundo, orgánico y armónico, en sí les dio toda su fuerza a algunos otros que se derivaban de las costumbres y de la índoles de diversos pueblos y de diversas Iglesias particulares, ya de Occidente, ya de Oriente, adquiriendo así una índole suprarregional” 1.

La Iglesia es así: abierta, universal, católica; en ella tienen que entenderse entre sí los diversos pueblos que la componen, por eso hace falta una lengua común. Y el uso del latín tiene una ventaja no sólo de amplitud geográfica, sino también cronológica: que ya no está en evolución; de modo que los conceptos expresados en ella se mantienen fijos y claros con el pasar del tiempo. Por no mencionar también la nobleza, la dignidad, la concisión y una cierta facilidad poética.

Es por todo esto que el latín –la lengua principal del rito romano– tiene un valor que nadie puede menospreciar y que no ha hecho más que crecer con el paso del tiempo.

Aun teniendo en cuenta todo esto, es también verdad que “la renovación del Misal Romano llevada a cabo en nuestro tiempo, por mandato de los decretos del Concilio Ecuménico Vaticano II, puso cuidadosa atención y esmero en que todos los fieles pudieran tener, en la celebración eucarística, aquella participación consciente y activa, que exige la naturaleza misma de la Liturgia y a la que los mismos fieles, en virtud de su condición, tienen derecho y obligación”, y que esto se tradujo –entre otras cosas– en una amplia difusión del uso de la lengua vernácula (castellano, italiano, inglés, francés, etc.) en la celebración de la Misa 2.

Si los periódicos de los años 70’s hubieran estado al tanto de estos cambios, quizá hubieran puesto como titular “DECRETADA LA MUERTE DEL LATÍN EN LA MISA”. Por lo menos así pensaron muchos al contemplar la progresiva traducción de la liturgia a las distintas lenguas nacionales. Pero lo cortés no quita lo valiente, y si la Iglesia ha sabido poner la liturgia al alcance de todos, no es menos verdad que también los fieles tienen que respetar todas las formas legítimas de la expresión de la liturgia, incluido aquel venerable e inmemorial uso del latín.

Es perfectamente posible celebrar la Santa Misa en latín, y lo ha sido siempre. Nunca ha estado prohibido y no tiene ninguna diferencia con celebrarla en cualquier otro idioma extranjero (p.e. inglés, italiano, alemán…). No tiene ningún misterio en particular, más allá del conocimiento que exige –al menos elemental– de dicha lengua. Todo es igual, sólo cambia el idioma.

¿Y todo esto a qué viene? Simplemente a que la Capellanía de la Universidad quiere ofrecer a toda la comunidad universitaria una puerta de acceso a toda la riqueza de nuestra tradición litúrgica y espiritual, celebrando una vez a la semana la Santa Misa en latín. De esta manera, nos pondremos en sintonía con las intenciones del Papa, que quiere que todo este tesoro litúrgico de siglos se siga usando y apreciando, y que el latín siga siendo un factor de unidad entre los católicos de todos los países del mundo 3.

El fin, por tanto, es doble: conocer mejor las riquezas de nuestra fe, conocer cómo participar en una Misa celebrada en latín. Para facilitar la participación se celebrará en latín todo menos la liturgia de la Palabra, que será en castellano, y se editarán unos folletos bilingües para poder ir aprendiendo a responder y ¡a entender! la Misa en latín. ­– Ite missa est. –Deo gratias.

 

1 Misal Romano, Instrucción general del Misal Romano (2002), n. 397.

2 Misal Romano, Instrucción general del Misal Romano (2002), n. 386.

3 Cfr. en este sentido lo que escribió el Papa Benedicto XVI en su Exhortación apostólica Sacramentum Caritatis (2007), n. 62: “pienso en las celebraciones que tienen lugar durante encuentros internacionales, hoy cada vez más frecuentes (…) Para expresar mejor la unidad y universalidad de la Iglesia, quisiera recomendar lo que ha sugerido el Sínodo de los Obispos, en sintonía con las normas del Concilio Vaticano II: exceptuadas las lecturas, la homilía y la oración de los fieles, sería bueno que dichas celebraciones fueran en latín; también se podrían rezar en latín las oraciones más conocidas de la tradición de la Iglesia y, eventualmente, cantar algunas partes en canto gregoriano”.

 

 


 

Capellanía Informa señala continuación algunos textos sobre el uso del latín en la liturgia:

“1. Se conservará el uso de la lengua latina en los ritos latinos, salvo derecho particu­lar. 2. Sin embargo, como el uso de la lengua vulgar es muy útil para el pueblo en no po­cas ocasiones, tanto en la Misa como en la administración de los Sacramentos y en otras partes de la Liturgia, se le podrá dar mayor cabida, ante todo, en las lecturas y monicio­nes, en algunas oraciones y cantos, conforme a las normas que acerca de esta materia se establecen para cada caso en los capítulos siguientes (…)” (CONCILIO VATICANO II, Const. Sacrosanctum Concilium, 36,1-2).

“1. En las Misas celebradas con asistencia del pueblo puede darse el lugar debido a la lengua vernácula, principalmente en las lecturas y en la “oración común” y, según las circunstancias del lugar, también en las partes que corresponden al pueblo, a tenor del artículo 36 de esta Constitución. 2. Procúrese, sin embargo, que los fíeles sean capaces también de recitar o cantar juntos en latín las partes del ordinario de la Misa que les co­rresponde”. (CONCILIO VATICANO II, Const. Sacrosanctum Concilium, 54).

“Los fieles que participan en la celebración de la Eucaristía fuera de su parroquia han de unirse a la acción sagrada en la forma utilizada por la comunidad del lugar.
Y preocúpense los pastores de ayudar a los fíeles que provienen de otras regiones, con medios oportunos, a que puedan unirse a la comunidad local.
De modo especial se debe procurar esto en las iglesias de las grandes ciudades y en los lugares a que acuden muchos fieles en tiempo de vacaciones. Pero en donde viven transeúntes de otra lengua o emigrados en un número apreciable procuren los pastores que se les ofrezca ocasión, al menos de cuando en cuando, de participar en la misa según el modo acostumbrado por ellos. “Procúrese, sin embargo, que los fieles sean capaces de recitar o cantar juntos en latín las partes del Ordinario de la misa que les corresponde”. (SAGRADA CONGREGACIÓN DE RITOS, Instrucción Eucharisticum mysterium sobre el culto del misterio eucarístico, 25-V-1967, n. 19).

“Cuiden con diligencia los pastores de almas que los fieles y, sobre todo, los miem­bros de las asociaciones religiosas de laicos puedan recitar conjuntamente o cantar, también en latín, las partes del ordinario de la misa que les corresponden, especialmente con melodías sencillas” (SAGRADA CONGREGACIÓN DE RITOS, Instrucción ínter oecu-menici sobre la exacta aplicación de la constitución litúrgica, 26-IX-1964, n. 59).

“No obstante, lo dicho anteriormente no debe ofuscar el valor de estas grandes li­turgias. En particular, pienso en las celebraciones que tienen lugar durante encuentros internacionales, hoy cada vez más frecuentes. Éstas han de ser valoradas debidamente. Para expresar mejor la unidad y universalidad de la Iglesia, quisiera recomendar lo queha sugerido el Sínodo de los Obispos, en sintonía con las normas del Concilio Vaticano II (Cf. Const.Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, 36 y 54), exceptuadas las lecturas, la homilía y la oración de los fieles, sería bueno que dichas celebraciones fueran en latín; también se podrían rezar en latín las oraciones más conocidas (Propositio 36) de la tradición de la Iglesia y, eventualmente, utilizar cantos gregorianos. Más en gene­ral, pido que los futuros sacerdotes, desde el tiempo del seminario, se preparen para comprender y celebrar la santa Misa en latín, además de utilizar textos latinos y cantar en gregoriano; se procurará que los mismos fieles conozcan las oraciones más comunes en latín y que canten en gregoriano algunas partes de la liturgia” (BENEDICTO XVI, Exh. Apost. postsinodal Sacramentum caritatis, n. 62).

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