Enseñar

No creo que sea pura imaginación señalar que las Escuelas de Negocios están de moda. Observando como proliferan, podemos afirmar que, al menos por la cantidad, se trata de un hecho incontrastable. ¿El P AD es una más.? Creo que habría que responder que no. Propiamente hablando no somos una Escuela de Negocios sino una Escuela de Dirección, que, de algún modo, incluye la especie anterior. Pero hay más: en el P AD, en todos los programas y con mayor intensidad en los de larga duración, intentamos ir más allá, pues tratamos no sólo de analizar el cómo y porqué surgen las oportunidades de añadir valor económico y humano a las acciones, si no que también, y sobre todo, analizamos su impacto en las personas, tanto en las que están dentro de la empresa como en las que conforman su entorno: clientes, proveedores, medio ambiente, etc. Es decir, no nos quedamos en el hecho económico material, si no que lo trascendemos, para incidir en el sujeto de las acciones: el ser humano.

Voy a intentar de hacer un poco de luz en este “río revuelto”, para que la ganancia no sea de los pescadores sino de los potenciales pescados. Es ya doctrina, es decir, un conjunto de conceptos casi universalmente aceptados, especialmente en las instituciones más avanzadas y de prestigio, que la acción directiva es fundamentalmente una acción facilitadora, que ciñe su campo de acción a la zona más íntima y característica del ser humano, que no es el subconsciente por cierto, sino la de su libertad.

El hombre de empresa, investido de poder, se transforma en poseedor de una autoridad reconocida, en la medida en que su ejercicio se convierta en una actividad formadora. Dirigir es esencialmente formar, incidir en la misma dignidad humana, mediante órdenes o indicaciones presentadas con razones válidas y abiertas al diálogo, que honren la inteligencia y que, a través de motivos de genuino servicio, ennoblezcan a la vez la voluntad. Por ello, en las líneas que siguen voy a centrarme en dos conceptos imprescindibles para entender, por una parte, qué es y qué trata de hacer el PAD, y de otra parte para ayudar a distinguir la verdad de las apariencias. Estos dos conceptos aludidos son los de Persona y Dirección ( entendiendo este último término, según acabamos de ver, como acción formativa).

Hace poco más de dos meses, me contaba Carlos Cavallé, Director General del IESE, durante 18 años y hasta hace poco, que en las frecuentes reuniones con sus pares de la Escuelas americanas, ha podido constatar que el concepto de persona que manejan sólo llega a expresar que se trata de un “ser racional y libre”. Quizás podríamos pensar que ya es mucho este reconocimiento, e incluso suficiente, pero no es así.

En una oportunidad, seguía contándome, el Decano de una de las primeras escuelas del mundo, después de visitar el IESE le preguntaba, ¿qué tienen ustedes que se preocupan tanto por la marcha de los alumnos, haciéndoles un seguimiento que no solicitan y que algunos incluso considerarán inútil?, ¿qué ven en esas personas, para ir más allá de los límites convencionales y aún razonables? Carlos quiso darle una respuesta correcta y completa y recurrió aun filósofo muy agudo, Carlos Cardona, a quien citaré varias veces a los largo de esta exposición, para preguntarle qué podía decirle de manera que le entendiera, considerando que se trataba de una persona que no poseía, o no había profundizado, en la fe cristiana.

El interés concreto del asunto era saber hasta dónde se podía llegar con la sola luz de la razón. La contestación que obtuvo fue que la persona es, desde luego, un “ser racional y libre”, pero que había que añadirle algo muy importante: que “tiene un alma inmortal que busca a Dios, puesto que estamos hechos a su imagen y semejanza, de donde se deduce la capacidad que tenemos de amar a los demás por sí mismos”.

Quiero recalcar que el profesor Carlos Cardona hacía énfasis en que esta conclusión era alcanzable con la sola luz natural de la razón, pues en buena lógica es un tema de estricto rigor mental y, además, maduro, puesto que ya fue tema del discurso de Aristóteles hace casi veinticinco siglos. Desde luego que hay que respetar a quien piense de otro modo o a quien simplemente no piense, pero no necesariamente por sus ideas, o por su ausencia de ellas, sino por su condición de persona que también cumple aunque ella misma lo ignore.

En palabras del mismo Carlos Cardona, toda genuina educación, incluso no confesional, y es importante la precisión porque el P AD pertenece a una universidad civil, debe ser capaz de responder a estas tres preguntas integrales: ¿quién soy? ( y hay que saberse responder: soy una persona, con todas sus consecuencias), ¿de dónde vengo? (vienes de Dios, por un acto suyo creador, por amor) y ¿a dónde voy? (vas a Dios, a su unión de amistad: por eso mereces respeto, por ser un potencial amigo de Dios).

Si se pierde a Dios del horizonte, incluso en el plano de simple naturaleza, se pierde la propia identidad, se despersonaliza la educacion, porque la persona es tal, en cuanto ser dotado de inteligencia y libertad para ponerse en relación amorosa con Dios ( cfr CARLOS CARDONA, Ética del quehacer educativo pp 44- 45).

La persona es el tema central de la educación -señala el mismo autor- y es siempre irrepetible, no contabilizable. La primera condición para educar, es el amor al otro en cuanto otro, y esta es la fuente, el alma y la norma de toda acción educativa. Sin amor no es posible educar. A lo más se llegará a adiestrar, a domar. Todos tenemos experiencia de esto: nos resistimos a ser educados por quien no nos quiere. Amor, autoridad, docilidad: esa es la clave para una educación realmente personalizada (Ibidem p 38) Educar, formar hombres íntegros, buenas personas, es enseñar a olvidarse de uno mismo y de las propias apetencias para darse generosamente a los demás. Es ayudar a salir del estadio animal de las “necesidades” (reales o no), para entrar en el estadio espiritual de la libertad, respondiendo así al precepto primordial de toda ética natural: amar a Dios con todo el corazón y sobre todas las cosas, ya los demás como a uno mismo.

Hasta aquí podemos y debemos esforzarnos por llegar, puesto que somos universitarios, intelectuales, con la sola cabeza, en la medida en que haya honestidad intelectual. Pero también se precisa de un mínimum de espacio y tiempo para reflexionar y sobre todo hacen falta puntos de referencia. Hoy en día no se habla de estas cuestiones, a ningún nivel y en ningún foro: Dios es puesto entre paréntesis, por lo menos, en la vida social. Por eso he querido aprovechar esta oportunidad, diríamos solemne, para explayarme un poco y tratar de hallar fundamento a las características esenciales que debe incluir una educación para que pueda definirse como integral y personalizada.

Quizás algunos acepten lo hasta aquí expuesto, pero limitándolo al ámbito de la educación. Al respecto cabe señalar, además de lo señalado al inicio de estas palabras, que estoy hablando a profesionales que son ejecutivos de empresa y que han oído muchas veces a lo largo de los dos años que recién hoy culminan, que la persona, cualquier persona, no puede ser considerada como medio por nadie ni para nada. y que el precio que inexorablemente se paga cuando no se actúa de esta forma es la propia conversión en medio: la auto-cosificación.

De alguna manera todos sabemos que cada uno es lo que hace, pues de la naturaleza del ser nace el obrar, como recalcaron los clásicos, y esto forma parte del llamado sentido común. Ahora se entenderá que estamos hablando de cuestiones muy importantes, pues incidimos en lo que todo hombre busca: la propia realización, que se torna imposible, como estamos viendo, cuando se soslaya la trascendencia de la persona (incluso la propia, según se deduce).

Sólo en este contexto tiene sentido hablar con seriedad de Misión de la empresa o de Cultura, Valores o Filosofia y Etica. Prescindir de la profundidad es un acto de propaganda falaz que termina por desprestigiar a quien utiliza esas palabras de manera trivial. Hay que señalar sin pudor alguno que no se puede hablar de ética sin hablar de Dios.

Carlos Cardona nos dice que en un ámbito de estricta teología natural, de metafisica del ser, que no tiene nada que ver con el catecismo y confundirlos es simplemente ignorancia, Dios es el mismo Ser Subsistente o Acto Puro de Ser: personal, infinito, absoluto, esencialmente bueno y verdadero y libre. Sólo esta noción de Dios puede fundar una ética objetiva, universalmente válida siempre, porque es el único porqué definitivo de toda norma ética (Ibidem p 25 y 29). La primera aplicación práctica de la ética educativa es tratar a cada alumno de modo personalizado. No tratarlo como una fracción de multitud, sino como una persona única e irrepetible. Para ello hay que dedicar tiempo a cada uno, hay que conocer a cada uno (Ibidem p 30). Sin la persona todo es férreamente necesario (no hay libertad). Sin Dios todo es indiferente (Ibidem p 72).

También hay que decir, al menos para tratar de entender el porqué de tanta omisión de tanto olvido, por no llamarle vergüenza, de mencionar a Dios con la naturalidad y oportunidad debidos, que es innegable una experiencia íntima y universal- sigo citando a Cardona- de que nuestra naturaleza humana está profundamente herida antes de cualquier acto personal. Esto no es un dogma, como subraya Etienne Gilson, es una evidencia. También los paganos hablaron de ello “veo lo mejor y hago lo peor”. Este hecho tiene además una explicación revelada, el pecado original y eso sí es un dogma, sin el cual no conoceríamos la explicación histórica de lo que ocurrió al principio. Así se explican tantas desviaciones y errores prácticos, tales como el aborto, matrimonio a plazo, hijos a la carta, uniones artificiales y artificiosas, etc (Ibidem p.28).

Si me pidieran cómo resumir el objetivo genérico, de cualquier acción formativa, en el campo de la empresa o de cualquier otra actividad, recalcando lo ya señalado, esto es, que dirigir es formar, diría que debe consistir en ayudar a los alumnos a pensar (que, por cierto, es algo más que relacionar objetos o imaginarlos o contarlos), y a querer (esto es a amar, a cultivar la disposición estable, que eso es la virtud, de dar a cada quien, más allá de la justicia, lo que le compete según su naturaleza: lo mismo que yo quiero o querría para mí).

Esto es lo que se propone el P AD como institución. El doble precepto fundamental de la moral natural es el del amor, y ello da fundamento y sentido a cualquier obligación ética: amarás al prójimo como natural, espontánea y necesariamente te amas a ti mismo. Este es el fin natural del hombre: amar a Dios y al prójimo, amistad con Dios y con el prójimo. El amor, por lo tanto, no es apetencia o deseo, es un acto de libertad, de elección generosa por la que se procura el bien de otro (Ibidem p 47). Ahora se entenderá que todo trabajo, en cualquier escenario, debe sobrepasar el propio interés, incluyéndolo, si es legítimo, en muchos casos, para cuidar a la gente sobre la que ejercemos nuestra autoridad o a la que influimos con nuestros productos o servicios. El horizonte sobre el que operamos es sagrado porque está constituido por hombres.

Esta es la divisa, la marca, que querríamos que ostentaran siempre, con los hechos, en las diversas encrucijadas por las que la vida les irá llevando: nunca estarán solos en el empeño, pues hoy comenzamos otro trabajo: el de seguimiento y apoyo, siempre que sea solicitado. Me he centrado en esta exposición, en resaltar qué significan en profundidad, según el pensamiento fuerte, los conceptos de persona y dirección. Juan Antonio Pérez López, solía decirme que hay que sacarle todo el partido posible a la fuerza natural de la razón, llevándola hasta su límite, sin recurrir, permítaseme la expresión, “comodonamente” a otras instancias, para tratar de entender y así poderlo explicar.

Felizmente, además, somos cristianos, ¡nada menos!, y gozamos de un espíritu concreto, el de la Universidad de Piura, que inspira nuestra conducta, y nos ayuda en el propósito, respetando escrupulosamente la libertad de las conciencias, como todos ustedes pueden atestiguar, pero sin escamotear el cómo son las cosas. Gracias a este impulso procuramos trabajar abriendo horizontes, tanto en las clases, como en el estudio de los casos, y a través de la asesoría personal, animando a remontar problemas y situaciones complicadas, pero siempre tocando con los pies en tierra, mirando hacia arriba y hacia adentro, sin perder nunca de vista tampoco, el alrededor.

El Papa Juan Pablo II, resumía la Obra de nuestro Fundador, llamándole el santo de la vida ordinaria, y en la homilía de su canonización, añadía: “Elevar el mundo hacia Dios y transformarlo desde dentro: he aquí el ideal. Siguiendo sus huellas, difundid en la sociedad, sin distinción de raza, clase, cultura, o edad, la conciencia de que todos estamos llamados a la santidad”. Este es el mensaje que, con las limitaciones de cada uno, hemos procurado transmitir, con éxito visible en unos casos y menos aparente en otros, pero, gracias a Dios, no nos faltará el tiempo para seguir siendo siempre y en cada momento, seguros servidores de ustedes.

Esperamos mucho de ustedes; y no sólo nosotros, sino también sus familias, sus empresas, amigos, vecinos y connacionales todos. Esperamos mucho más ahora que cuando comenzaron sus estudios de la Maestría. Estamos seguros de que no nos defraudarán, entre otras cosas, porque no estarán nunca solos. Están acompañados por los que les han precedido en las promociones anteriores, y con el transcurrir de los años, con los que les seguirán y, siempre, por todos nosotros. Muchas felicidades a los Graduados y, a ellos, sus familias y amigos todos, muy sentidas gracias también por su atención.