Espiritismo

Adaptación de una entrevista al P. Francesco Bamonte, autor de “Los daños del espiritismo”.

-Usted es exorcista, ¿piensa que las personas que caen en prácticas de espiritismo buscan la verdad de manera errónea?

-Desde luego. Las prácticas de espiritismo son una vía equivocada de buscar la verdad. Esperan recibir informaciones auténticas sobre Dios, el hombre, el más allá, el pasado, el presente y el futuro de quienes creen que son almas de difuntos. En realidad, los fenómenos y las manifestaciones de espiritismo algunas veces son sólo trucos,
ficción, sugestión, mecanismo psicológico o manifestación del inconsciente o creación de la psique con la que algunos querrían explicar algo fuera de la normal, incluido
aquello demoníaco o sobrenatural. En otros casos, sin embargo, se entra en contacto con espíritus demoníacos que fingen ser almas de difuntos.

Los casos de infestación y de posesión diabólica, en los cuales los sacerdotes exorcistas han tenido que intervenir después de una sesión de espiritismo, demuestran claramente cómo esta práctica es una vía para una acción destructiva del demonio
sobre personas.

– ¿Qué es exactamente el espiritismo y por qué no es conciliable con la fe?

-Es la evocación de los difuntos, es decir, una práctica con la que, a través de técnicas y medios humanos, con o sin un médium, se intenta llamar a un difunto para hacerle preguntas. Cada vez que rezamos a Dios por nuestros difuntos, sin recurrir a una práctica espiritista, pedimos a los difuntos así como a los santos que oren a Dios
con nosotros y por nosotros. Esta es la invocación de los difuntos, pero no la evocación, que sería lo que hacen en el espiritismo.

La verdad es que los difuntos sólo se nos pueden manifestar por iniciativa libre de Dios, directamente y nunca por iniciativa nuestra, por lo tanto, tampoco mediante técnicas o medios como las sesiones de espiritismo. Con fines serios, Dios puede permitir a una persona difunta que se nos presente, por ejemplo para darnos un consejo o para darnos una presencia de consuelo, para pedir sufragios o para agradecer sufragios recibidos.

Si, por el contrario, somos nosotros quienes queremos provocar un encuentro con los difuntos mediante la “evocación”, caemos en el error del que ya desde el Antiguo Testamento Dios ha hablado claro, porque libremente está poniendo su fe en una falsedad, creyendo que las almas están como “paseando”, cuando sabemos que o están en el Cielo, o en el Purgatorio o en el Infierno y nada más. Basta leer la Biblia.

– Las prácticas de espiritismo prometen consuelo y contacto con personas difuntas. ¿Qué se les puede decir, desde un punto de vista cristiano, a quiénes buscan esta aproximación con el más allá?

-Como acabo de decir, que lean la Biblia y vean que Dios prohíbe severamente estas prácticas que pretenden una aproximación con el más allá porque Él sabe que no es posible y que, por lo tanto, o es una tomadura de pelo y entonces no hay nada detrás, o es que es un acercamiento que abre camino a la intervención de los
espíritus del mal.

Quien quiera sentirse cerca de sus seres queridos difuntos, que se confiese con frecuencia, vaya a Misa, rece por ellos y esté totalmente disponible para lo que Dios disponga. Dios le dará, con certeza, la posibilidad de experimentar el gozo de sentirse en comunión con los propios difuntos queridos.

– ¿Cuáles son los daños principales del espiritismo?

-Molestias físicas de todo tipo como dolores fuertes de barriga, en la frente, huesos, vómitos, ataques epilépticos, hormigueo en las piernas, ataques repentinos de calor o frío, sensación de angustia creciente, depresiones, continuos tics nerviosos, la imposibilidad de ingerir comida, no dormir ni de noche ni de día, no poder estudiar o trabajar. Estar agitado, tener pesadillas, miedo a lugares oscuros, sensación de ser agarrados por los brazos o como si alguien se nos sentara en las rodillas. También se experimentan bofetadas invisibles o mordeduras que no se ven, así como golpes en el cuerpo.

-Y, ¿hay daños psicológicos?

-Pues fenómenos de automarginación del contexto social y cotidiano, estados de dependencia parecidos al alcohol o a la droga, pérdida de la racionalidad y de la libertad, disociación de la personalidad hasta llegar a sentir que alguien ha entrado en la propia persona y hay voces que se sobreponen a la oración y blasfeman e
inducen al suicidio.

En relación a los daños sobre los lugares, podríamos decir que vienen señalados por fenómenos de movimiento de objetos sin ninguna causa sensible, timbres de puertas o instrumentos musicales que suenan solos de repente. También hay que señalar golpes en el tejado, en las paredes o en el suelo, y gritos y voces en el aire, ruido de pasos, visiones.

– ¿Qué es el así llamado espiritismo católico?

-El intento inútil de conciliar la fe católica con el espiritismo. Por lo que acabo de
decir se comprende cómo esto es absolutamente imposible.


No ser supersticiosos

Como enseña la teología moral, a la fe se oponen por exceso: la credulidad y la superstición, p. Ej., atribuyendo al demonio un poder al margen de la Providencia Divina del que ciertamente carece. Por defecto también se oponen a la fe: la infidelidad, la apostasía, la herejía, la duda y la ignorancia.

Sobre esta última es preciso saber que tenemos obligación de aprender las cosas necesarias para la Salvación o indicadas por precepto divino a través de la Iglesia, y junto a ellas las verdades que son necesarias para llevar una vida auténticamente cristiana y para el recto desempeño de los deberes del propio estado. Por eso, el que descuida por culpable negligencia estos deberes, pone en peligro la fe recibida y comete un grave pecado de ignorancia voluntaria.

La superstición es un vicio por el que la persona ofrece culto divino a quien no se
debe -cualquier criatura de Dios- o a quien se debe- a Dios, y proporcionalmente a los santos- pero de modo indebido. Por ejemplo hay superstición cuando se atribuye al demonio, a los muertos o a la naturaleza poderes efectivos que no poseen según los sabios designios del Creador. La gravedad de este pecado viene del ultraje que se hace a Dios por dar un honor indebido a los espíritus.

La Sagrada Escritura y la Tradición de la Iglesia admiten la intervención de los ángeles buenos y malos sobre este mundo, y la posibilidad de que influyan sobre el cuerpo; pero siempre será permitido estrictamente por Dios en el ámbito de su Providencia y Gobierno del universo.

La adivinación como pecado es la superstición que trata de averiguar las cosas futuras o que están ocultas por medios indebidos o desproporcionados, por ej., los naipes, las líneas de la mano, los astros, la invocación de los demonios, etc. Este pecado es de suyo mortal contra la religión.

El espiritismo tiene afinidad con la adivinación pues consiste en técnicas para mantener comunicación con los espíritus, principalmente de los difuntos conocidos, para averiguar de ellos cosas ocultas. Hoy día los estudios más serios y documentados sobre el espiritismo llegan a la conclusión de que la mayor parte de los casos se deben a puros y simples fraudes.

Sin embargo consideran que un porcentaje mínimo se debe a verdadero trato con los
espíritus malignos (magia diabólica), mientras que un porcentaje de casos se explican por los fenómenos metapsíquicos, cuyas posibilidades naturales son amplias y no totalmente conocidas aun por la ciencia (parapsicología).

La asistencia a las reuniones espiritistas está gravemente prohibida por la Iglesia. Se comprende que sea así por ser cooperación a una cosa pecaminosa, por el escándalo de los demás y por los graves peligros para la propia fe.

La vana observancia es el uso de medios desproporcionados para obtener efectos naturales, aunque no pretende averiguar las cosas ocultas o futuras, por ej., miedo a ciertos números o animales, uso de amuletos, curaciones, etc. Estas vanas observancias son de suyo pecado mortal por la grave injuria que se hace a Dios atribuyendo cosas vanas a la Omnipotencia exclusiva de Dios, y también por pretender gobernar la propia vida al margen de las leyes divinas.

A este orden pertenece la magia o arte de realizar cosas maravillosas por causas ocultas. La magia diabólica o negra solicita la intervención del demonio, y tiene la malicia de la adivinación y de la vana observancia. En cambio, nada tiene de malo la magia blanca, prestidigitación o ilusionismo, que obedece a causas naturales como la habilidad o destreza del que actúa.

Los pecados contra la religión que acabamos de ver -superstición, adivinación, espiritismos, vana observancia, magia suelen atraer la atención de gentes sencillas y de jóvenes. Cuanto menor es la fe y la formación cristiana de una persona, más posibilidades tiene de caer en prácticas supersticiosas; por eso es preciso conocer bien la doctrina de la Iglesia acerca de las verdades de la fe -mediante el estudio y la meditación- y poner los medios para adquirir una recta conciencia en cuestiones morales que dependen de la fe.

No debe extrañar que la inteligencia diabólica, su odio contra Dios y su envidia a los hombres lleven al demonio a servirse torpemente de la natural curiosidad humana.

Algunas personas no se contentan con saber lo que Dios ha revelado ni con lo descubierto por las ciencias; no parecen admitir su limitada condición de criaturas ni creen en dios y en cambio son crédulas para los horóscopos o las cartas. La verdad es que no salen ganando.

Todos estos pecados contradicen abiertamente el amor a Dios y tienen algo de idolatría, pues como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: “La idolatría no se refiere sólo a los cultos falsos del paganismo. Es una tentación constante de la fe. Consiste en divinizar todo lo que no es Dios. Hay idolatría desde el momento en que el hombre honra y reverencia a una criatura en lugar de Dios”.

info.cat

Catecismo de la Iglesia Católica
  • 2116 Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone “desvelan” el porvenir (cf. Dt 18, 10; Jr 29, 8). Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios.
  • 2117 Todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende
    domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo -aunque sea para procurar la salud-, son gravemente contrarias a la virtud de la religión. Estas prácticas son más condenables aun cuando van acompañadas de una intención de dañar a otro, recurran o no a la intervención de los demonios. Llevar amuletos es también reprensible. El espiritismo implica con frecuencia prácticas adivinatorias o mágicas. Por eso la Iglesia advierte a los fieles que se guarden de él. El recurso a las medicinas llamadas tradicionales no legítima ni la invocación de las potencias malignas, ni la explotación de la credulidad del prójimo.
  • 2138 La superstición es una desviación del culto que debemos al verdadero Dios, la cual conduce a la idolatría y a distintas formas de adivinación y de magia.”

leer:

  • Nadar contra corriente. Autor: Benedicto XVI

ver:

  • Más allá de la vida. Director: Clint Eastwood.

pensar:

  • El Rito. Director: Mikael Hafström.