La Reforma Constitucional en el Perú y la ideología de género

La teoría del “feminismo de género” se basa en una interpretación neo-marxista de la historia. Comienza con la afirmación de Marx, de que toda la historia es una lucha de clases, de opresor contra oprimido, en una batalla que se resolverá solo cuando los oprimidos se percaten de su situación, se alcen en revolución e impongan una dictadura de los oprimidos. La sociedad será totalmente reconstruida y emergerá la sociedad sin clases, libre de conflictos, que asegurará la paz y prosperidad utópicas para todos. Frederick Engels fue quien sentó las bases de la unión entre el marxismo y el feminismo. Véase el libro “El Origen de la Familia, la Propiedad y el Estado”, escrito por el pensador alemán en 1884 en el que señala: “El primer antagonismo de clases de la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio monógamo, y la primera opresión de una clase por otra, con la del sexo femenino por el masculino”. (Frederick Engels, The Origin of the Family, Property and the State, International Publishers, New York, 1972, pp. 65-66). Los marxistas clásicos creían que el sistema de clases desaparecería una vez que se eliminara la propiedad privada, se facilitara el divorcio, se aceptara la ilegitimidad, se forzara la entrada de la mujer al mercado laboral, se colocara a los niños en institutos de cuidado diario y se eliminara la religión. Sin embargo, para las “feministas de género”, los marxistas fracasaron por concentrarse en soluciones económicas sin atacar directamente a la familia, que era la verdadera causa de las clases.

Capellanía Informa ofrece al final de este escrito la Declaración de interpretación del término género por la delegación de la Santa Sede en la IV Conferencia mundial sobre la mujer, Pekín – 1995 –


El anteproyecto de reforma constitucional en el Perú ha reemplazado la palabra “sexo” por el término “género” en los artículos 1º, inciso 2º; el artículo 8º, el 27º, 34º y 47º. Este cambio puede responder a un deseo de “estar al día” en el lenguaje legislativo. Sin embargo, es conveniente fijarse en el contenido de cada palabra y en las consecuencias de utilizar una expresión y otra. Existe en la actualidad una corriente de pensamiento que se denomina “Ideología de Género” que viene teniendo influencia ideológica en la legislación de diversos Estados y Organismos Internacionales.

La Conferencia Episcopal Peruana elaboró en 1998 un informe denominado “La ideología de género sus peligros y alcances”. En él hace un comentario bastante completo del contenido de esta ideología y que ahora vamos a exponer brevemente.

La ideología de género utiliza la palabra “género” queriendo significar unos “roles que la sociedad construye” o inventa. En El problema del Género: el feminismo y la subversión de la identidad, J. Butler señala: “El género es una construcción cultural; por consiguiente no es ni resultado causal del sexo ni tan aparentemente fijo como el sexo… Al teorizar que el género es una construcción radicalmente independiente del sexo, el género mismo viene a ser un artificio libre de ataduras; en consecuencia hombre y masculino podrían significar tanto un cuerpo femenino como uno masculino; mujer y femenino, tanto un cuerpo masculino como uno femenino”.

Esta ideología se presentó por primera vez en la IV Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la mujer (Pekín, septiembre de 1995). La Directiva de esta conferencia emitió la siguiente definición respecto de este tema: ” El género se refiere a las relaciones entre mujeres y hombres basadas en roles definidos socialmente que se asignan a uno y otro sexo. (…) El sentido del término “género” ha evolucionado, diferenciándose de la palabra “sexo” para expresar la realidad de que la situación y los roles de la mujer y del hombre son construcciones sociales sujetas a cambio”.

En base a estas definiciones, se sostiene que no hay una definición natural de “sexo”. Así, proponen que “no existe un hombre natural o una mujer natural, que no hay conjunción de características o de una conducta exclusiva de un sólo sexo, ni siquiera en la vida psíquica…” De esta manera, concluyen sus propulsores: “la inexistencia de una esencia femenina o masculina nos permite rechazar la supuesta ‘superioridad’ de uno u otro sexo, y cuestionar en lo posible si existe una forma ‘natural’ de sexualidad humana”.

Esta ideología utiliza un vocabulario propio, que incluye: Hegemonía o hegemónico: es el conjunto de ideas o conceptos aceptados universalmente como naturales, pero que en realidad son construcciones sociales. Desconstrucción: se llama así a la tarea de denunciar las ideas y el lenguaje hegemónico, con el fin de persuadir a la gente para creer que sus percepciones de la realidad son construcciones sociales. Sexualmente polimorfo: Los hombres y las mujeres no sienten una atracción natural por personas del sexo opuesto; y si lo sienten, es como consecuencia de un condicionamiento de la sociedad. De modo que el deseo sexual puede dirigirse a cualquiera. Heterosexualidad obligatoria: Consideran que en la actualidad se fuerza a las personas a pensar que el mundo está dividido en dos sexos que se atraen sexualmente uno al otro. Preferencia u orientación sexual: Sostienen que existen diversas formas de sexualidad que serían equivalentes a la heterosexualidad: homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales y travestis.

Para esta ideología, la realidad de la naturaleza no es necesariamente un dato objetivo que el hombre debe reconocer y aceptar. Insisten en afirmar que toda relación o actividad de los seres humanos es resultado de una “construcción social” que actualmente otorga al hombre una posición superior en la sociedad, mientras que a la mujer le asigna un nivel inferior. Según este pensamiento, el progreso de la mujer requiere que se libere a toda la sociedad de esta “construcción social” que impide que el hombre y la mujer sean iguales. Para ello, señalan la urgencia de “desconstruir estos roles socialmente construidos” y que, según ellos, pueden ser divididos en tres:

  • Masculinidad y feminidad: Consideran que el hombre y la mujer adultos son construcciones sociales; que en realidad el ser humano nace sexualmente neutral y que luego es socializado en hombre o en mujer.
  • Relaciones familiares: padre – madre, marido – mujer. Pretenden que estos términos “género-específicos” se sustituyan por palabras “género-neutrales”, además, aspiran a que no haya diferencias de conducta ni responsabilidad entre el hombre y la mujer en la familia. Estamos ante lo que llaman “la categoría de roles socialmente construidos”.
  • Ocupaciones o profesiones: Se refiere a las ocupaciones que una sociedad asigna a uno y otro sexo.

En consecuencia, la finalidad de los que promueven esta ideología es llegar a una sociedad sin clases de sexo. Para eso, proponen desconstruir el lenguaje, las relaciones familiares, la reproducción, la sexualidad, la religión, la cultura, entre otras cosas. Por supuesto, proponen también la “desconstrucción de la educación”, que busca que las niñas deban ser orientadas hacia áreas no tradicionales en la sociedad y no se les deba exponer a la imagen de la mujer como esposa o madre, ni se les deba involucrar en las actividades femeninas tradicionales.

Desde esa óptica, la familia “crea y apoya el sistema de clases sexo / género”. Por esta razón, se ve a la familia como una institución que se debe desconstruir también. Y para ello, promueven la “libre elección” en asuntos de estilo de vida y de reproducción. Por “libre elección de reproducción” entienden el “derecho a la salud sexual y reproductiva” que incluye el aborto y comprende también el “derecho” a determinar la propia identidad sexual. Mientras que por “libre estilo de vida” entienden la promoción de la homosexualidad, el lesbianismo, y toda otra forma de sexualidad distinta del matrimonio, y que, por lo tanto, incluiría también el “derecho” de las parejas homosexuales, lesbianas, bisexuales, etc. a “concebir” hijos a través de la inseminación artificial así como a adoptarlos.

Entroncando este tema con el Anteproyecto de Reforma Constitucional habría que decir lo siguiente:

Es un principio del Derecho que las normas deben ser claras a fin de que su interpretación sea lo menos dificultosa posible. Esto requiere situar cada palabra en el contexto de toda la legislación vigente y en la anterior (Tradición), de manera que la institución que se esté estudiando no se convierta en una especie de “meteorito”, con una composición y estructura desconocidas, y cuyos puntos de referencia para su interpretación habría que buscarlos en una “galaxia extraña”, lejana a la lógica de nuestro Derecho Constitucional y de nuestra Tradición constituyente, en cuya superficie habría venido a estrellarse.

Teniendo esto presente, hay que preguntarse por el motivo que puede tener la iniciativa de reemplazar una palabra clara y de interpretación tan diáfana como es “sexo”, por otra que tiene una dificultad para comprender sus alcances y que supone el riesgo de que su utilización sirva para introducir la mencionada ideología de género, de modo que sus postulados pudieran ser aplicados en el Perú a partir de su Constitución. Es evidente que la palabra “género” tiene un contenido que es difícil de entender separado de la ideología mencionada.

Esto parece que estuviera en el trasfondo de la iniciativa de modificación constitucional por las coincidencias que dichas reformas tiene con los postulados de la ideología de género. Por ejemplo, en el Anteproyecto, los artículos referidos al matrimonio y la familia eliminan el principio de que dichas instituciones son de origen natural (recordemos que a la ideología de género la naturaleza más bien le estorba); en el artículo sobre las “uniones de hecho”, se equiparan los efectos de éstas con los del matrimonio (la ideología de género propone una variedad de “matrimonios” sin diferencias en sus efectos); se introduce el término “salud reproductiva” (expresión utilizada por dicha ideología); en cuanto al tema de la protección al menor, se desliga a los menores del deber de los padres de educarlos y guiarlos (la ideología de género propone la ruptura de los lazos familiares); en cuanto a la educación, se introduce el término “equidad de género” (parte del vocabulario de esa ideología).

Parece que se puede afirmar que estamos ante un anteproyecto que pretende suscribir la ideología de género en el conjunto de su articulado, pero especialmente en lo relacionado con los derechos fundamentales, el matrimonio y la familia, la salud, la paternidad responsable, la educación, etc. Si así fuera, estaría pretendiendo imponer, desde la norma de mayor jerarquía del país, una visión distinta de la persona humana, de la familia y de la sociedad peruana que rompe con la Tradición constitucional en lo que se refiere al contenido de estas instituciones fundamentales de la sociedad y del Derecho; visión que consideramos que violentaría los principios fundamentales que nuestro país ha protegido y promovido desde su fundación.

Finalmente, existiendo suficientes argumentos que acreditan que la ideología de género es perjudicial, parece necesario evitar que la Constitución del Perú adopte expresiones que pudieran avalar esos contenidos, manteniendo, por el contrario, los pilares tradicionales de la sociedad peruana, y por lo tanto, manteniendo la palabra “sexo” que recoge las diferencias naturales, biológicas y genéticas, entre hombre y mujer.


Declaración de interpretación del término género por la delegación de la Santa Sede en la IV Conferencia mundial sobre la mujer, Pekín – 1995 –

Aceptando que la palabra “género” en este documento ha de entenderse según su uso ordinario en el ámbito de las Naciones Unidas, la Santa Sede lo admite con el significado común de esta palabra en las lenguas en que existe.

La Santa Sede entiende el término “género” como fundado en una identidad biológico-sexual, varón y mujer. Además, la Plataforma de Acción (cf. parágrafo 193, c) usa claramente la expresión “ambos géneros”.

La Santa Sede excluye, así, interpretaciones dudosas basadas en concepciones muy difundidas, que afirman que la identidad sexual puede adaptarse indefinidamente, para acomodarse a nuevas y diferentes finalidades.

Asimismo, no comparte la noción de determinismo biológico, según la cual todas las funciones y relaciones de los dos sexos están establecidas en un modelo único y estático.

El Papa Juan Pablo II insiste en la distinción y complementariedad de la mujer y el hombre. Al mismo tiempo, se ha alegrado de los nuevos papeles que desempeñan las mujeres, ha puesto de relieve hasta qué punto los condicionamientos culturales representan un obstáculo para el progreso de las mujeres, y ha exhortado a los hombres a fomentar “este gran proceso de liberación de la mujer” (Carta a las mujeres, 6).

En su reciente Carta a las mujeres, el Papa explica el punto de vista de la Iglesia del siguiente modo: “Es posible acoger también, sin desventajas para la mujer, una cierta diversidad de papeles, en la medida en que tal diversidad no es fruto de imposición arbitraria, sino que mana del carácter peculiar del ser masculino y femenino” (n. 11).

Pekín, 15 de septiembre de 1995