“Mensaje de los Obispos del Perú sobre la política de población”

Ante los últimos acontecimientos que han demostrado fehacientemente las dramáticas consecuencias de la Política de Población existente, los Obispos del Perú queremos afirmar lo siguiente:

Fieles a nuestra misión de defender la dignidad de la persona humana desde la fe, denunciábamos públicamente y con energía, hace más de un año, los primeros casos comprobados de aplicación coercitiva de la política de población sobre los sectores mas pobres e indefensos de nuestra población, especialmente en el área rural.

Actualmente, la contundencia e impunidad de los hechos, traídos a la luz por diversos medios de comunicación, ha convencido a un amplio sector de la opinión publica que el control natal artificial, especialmente la esterilización quirúrgica permanente, ha sido aplicada en buena medida con métodos de coerción o engaño y muchas veces en condiciones médicas deplorables. De esta manera, no sólo se ha atentado contra la libertad de las personas, sino contra derechos humanos aún más elementales como son el de la integridad física y la vida misma.

A pesar que ha pasado tanto tiempo y se ha ocasionado tanto sufrimiento e inclusive la muerte de gente humilde e inocente, las autoridades aún no deciden tomar cartas en el asunto. Por el contrario, tratan de justificar y defender el programa oficial de población.

Nos reafirmamos en las denuncias que ya hemos hecho y señalamos que los derechos a la información, libertad, la salud y la vida misma siguen siendo violados en diversas partes de nuestra patria. Tenemos, además, pruebas consistentes e irrefutables que demuestran que los métodos de control natal son impuestos en muchos casos mediante presiones, engaños o el ofrecimiento de beneficios materiales; y que las operaciones de esterilización se producen muchas veces en condiciones higiénicas peligrosas e indignas.

Denunciamos también que muchos profesionales de la salud sufren presiones, abiertas o solapadas, violando flagrantemente la libertad de conciencia de las personas. Los dramáticos y clamorosos casos de víctimas de esta política, lamentablemente han sido presentados por las autoridades como situaciones excepcionales de un programa que en sí sería bueno.

Advertimos a nuestro pueblo que esto no es así. Las violaciones a la libertad y al derecho a la vida son consecuencia previsible de la política antinatalista que pone las cifras y las metas por encima de los hombres y mujeres concretos de nuestro pueblo. ¿Cómo puede hablarse de una política que respeta la libertad cuando desde las más altas esferas del poder se anuncian metas para este año? ¿No se está alentando de está manera la implantación del controlismo a toda costa y por encima de la libertad y de la responsabilidad de las personas?

Como afirma la Constitución Política del Perú en su artículo primero: “La defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin supremo de la sociedad y del Estado”. Cuando la Iglesia denuncia el controlismo como un mal, no lo hace movida por intereses terrenos; lo hace por fidelidad a la misión encomendada por Jesucristo, Señor de la Vida, de defender al ser humano en su dignidad de hijo e hija de Dios.

Es el amor por la persona humana lo que nos lleva a denunciar una política que ve al hombre como un objeto contable y la transmisión de la vida como una enfermedad que hay que combatir. Y cuando se proclama la libertad del individuo como justificación para la mentalidad antinatalista, por nuestra misma misión de pastores nos corresponde recordar que la libertad tiene límites puestos por el orden natural y la Providencia divina. Proclamar esta verdad es una tarea a la que no podemos renunciar, aún cuando la consecuencia sea la critica, la calumnia o la agresión.

Lamentamos, finalmente, que se haya presentado como un logro de la política económica la reducción de la natalidad en el Perú con medios de regulación demográfica contrarios a la persona humana. Preguntamos si las vidas perdidas, los pobres maltratados, las mujeres privadas para siempre de su derecho a transmitir la vida son el precio que hay que pagar para cumplir con una meta establecida en la lucha contra la pobreza.

Como acaba de afirmar el Papa en su visita pastoral a Cuba: «la Familia, célula fundamental de la sociedad y garantía de su estabilidad, sufre sin embargo las crisis que pueden afectar a la sociedad misma. Esto ocurre cuando los matrimonios viven en sistemas económicos o culturales que, bajo la falsa apariencia de libertad y progreso promueven e incluso defienden una mentalidad antinatalista» (Juan Pablo II, Homilía en Santa Clara, 22/01/98).

Reiteramos que en nuestro país no sobran los invitados a la mesa de la vida, sino que faltan las políticas adecuadas para la distribución justa de la riqueza generada. Los pobres no son una “enfermedad” a combatir, son hermanos y hermanas a la espera de una oportunidad para lograr una vida mejor y para contribuir a la construcción de un país más justo, fraterno y reconciliado. Es el deber de las autoridades responder a este anhelo, que es un derecho inalienable, pues en definitiva a quien hay que combatir es a la pobreza y no a los pobres.

Oramos al Señor, de quien recibimos el don de la vida y que dio la vida por todos, que toque el corazón de los responsables de esta errada política de modo que optando por la promoción y el cuidado de los más pobres, implementen con sabiduría, creatividad y solidaridad, una política profundamente humana de salud, educación y desarrollo integral que genere el bienestar de todos los peruanos.

Lima, 23 de enero de 1998
Los Obispos del Perú