ONU: Imposición universal de la perspectiva de género

Este nuevo emprendimiento se inspira en los documentos de la Conferencia de Beijing, de la Asamblea General Beijing+5, y las recientes recomendaciones sobre la imposición de la llamada “perspectiva de género” emanadas, entre otros organismos de los Comités de seguimiento de los Tratados de Derechos Humanos, y tiene como objetivo acelerar el cambio de políticas en todo el mundo en temas de educación, salud pública, desarrollo, niñez y adolescencia, etc., a fin de introducir en la legislación de todos los países los “nuevos derechos humanos”: derecho al aborto, derecho a la opción sexual (homosexualidad), derecho a la anticoncepción y, en general, el llamado derecho a la libre disposición del propio cuerpo. (Cfr. NOTICIAS GLOBALES, Año VI. Número 474, 45/03. Gacetilla nº 598, Buenos Aires, 14 Agosto 2003).

En general, se trata de imponer que toda legislación, toda persona o grupo de ellas, o toda institución que se oponga a estos supuestos “derechos” incurre en el crimen de “violencia de género”, que llegaría a ser punible por la justicia internacional, de aceptarse las últimas reinterpretaciones de los organismos que integran el “sistema de derechos humanos de la ONU”, lo que no es disparatado al paso que van las cosas.

Todos los organismos de la ONU, en total 33, forman parte de la nueva red. Entre ellos figuran:

  • las oficinas de Alto Comisionado de Derechos Humanos y del Alto Comisionado para los Refugiados;
  • el ECOSOC;
  • el Banco Mundial;
  • la CEPAL, la Comisión Económica para América Latina, y las otras comisiones económicas para los distintos continentes;
  • el Programa para el Desarrollo (PNUD), de activa participación en la “mesa del diálogo” en Argentina;
  • el Programa para el Medioambiente;
  • todos los organismos, Programas y Fondos para la mujer;
  • el DPA, Departamento de Asuntos Políticos;
  • la UNICEF;
  • la OMS, Organización Mundial de la Salud, y la OPS, Organización Panamericana de la Salud;
  • el Fondo para la Población (FNUAP);
  • la UNESCO;
  • la FAO y el Programa de Alimentación Mundial;
  • la Organización Internacional del Trabajo;
  • la Organización para el Desarrollo Industrial (siglas en inglés UNIDO);
  • el Departamento para las Operaciones de Paz, etc., hasta la Organización Meteorológica Mundial.

Según la información oficial, “los 33 organismos se han comprometido a tener estrategias y objetivos comunes en sus programas y llevar adelante líneas operacionales y de acción también comunes”. Tanto éstas como las estrategias y objetivos, “serán continuamente monitoreados y revisados por dos Comité de Alto Nivel”.

Ya en la IV conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer, realizada en 1995 en Pekín, se hace presente, con pretensiones de introducirse en el lenguaje común, la “perspectiva de género”. En el marco de esa reunión la mesa directiva de la ONU dio esta definición: “El género se refiere a las relaciones entre mujeres y hombres basadas en roles definidos socialmente que se asignan a uno u otro sexo”. Como esta definición no pareció suficiente, se pidió aclararla, en los siguientes términos: “El sentido del término “género” ha evolucionado, diferenciándose de la palabra “sexo” para expresar la realidad de que la situación y los roles de la mujer y del hombre son construcciones sociales sujetas a cambio”.

La esencia del ser humano es un significado complejo, que involucra cuerpo y espíritu. Así, podemos decir que el ser humano es sexuado, característica que se extiende a toda la naturaleza humana -y no sólo a la genitalidad-. En este sentido es que decimos, por ejemplo, que alguien “actúa, camina, siente…” como hombre o como mujer.

Según el marxismo, como se sabe, la entera Historia se explica por la lucha de clases: dominantes, opresores, propietarios versus dominados, oprimidos, desposeídos. Esta versión clásica del marxismo se lee en clave económica y lleva a la abolición de las clases en una sociedad plana, sin propietarios y sin autoridad. Ante el fracaso teórico y práctico del marxismo en su versión original, no faltaron antes ni ahora otras versiones más “culturales”, menos economicistas. Estas versiones cifran el antagonismo de clase en otros factores; en el caso presente, se trata de la oposición hombre-opresor/mujer-oprimida en el seno del matrimonio monógamo.

Dale O’Leary ha señalado que el feminismo de género se basa en una interpretación neo-marxista de la historia. El siguiente párrafo de Frederick Engels es revelador: “El primer antagonismo de clases de la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio monógamo; y la primera opresión de una clase por otra, con la del sexo femenino por el masculino.” (“El Origen de la Familia, la Propiedad y el Estado”, publicado en 1884). También así pensaba Karl Marx. La revolución rusa, que quiso aprovechar, le distrajo de la tarea referida a la ideología de género. Habiendo fracasado espectacularmente en el terreno económico, se comprende que el marxismo dedique muchas energías a la ecología y a la “liberación femenina”.

Los marxistas clásicos, dice O’Leary, creían que el sistema de clases desaparecería una vez que se eliminara la propiedad privada, se facilitara el divorcio, se aceptara la ilegitimidad de los nacimientos, se forzara la entrada de la mujer al mercado laboral (este es hoy día un punto muy importante para la meta del “empoderamiento” de la mujer), se colocara a los niños en institutos de cuidado (cunas maternales, diríamos nosotros) y se eliminara la religión. De esa manera la mujer sería liberada de la opresión masculina y se alcanzaría la ansiada igualdad entre los sexos.

Son muy sintomáticas, a este respecto, las palabras de una de las principales ideólogas del movimiento, Shulamith Firestone: “…Asegurar la eliminación de las clases sexuales requiere que la clase subyugada (el sexo femenino) se alce en revolución y se apodere del control de la reproducción; se restaure a la mujer la propiedad de su propio cuerpo, como también el control femenino de la de la fertilidad humana…Y así como la meta final de la revolución socialista era no sólo acabar con los privilegios de clase, sino con la distinción misma entre clases económicas, la meta definitiva de la revolución feminista debe ser igualmente -a diferencia del primer movimiento feminista- no simplemente acabar con los privilegios masculinos, sino con la distinción de sexos misma…”

Según vemos este planteamiento neo-marxista equipara la diferencia entre los sexos con la diferencia de clases, la lucha entre las clases con la lucha entre los sexos. El sexo femenino es la clase oprimida. Así como el marxismo quería acabar con la dominación clasista suprimiendo toda diferencia entre las clases sociales, el feminismo de género pretende acabar con la dominación de la mujer por el hombre suprimiendo las diferencias entre los sexos.