Un “Pastor ejemplar” de sonrisa amable

La sonrisa amable de Álvaro del Portillo, primer sucesor de san Josemaría Escrivá al frente del Opus Dei, fue evocada por el vicario del Papa para la diócesis de Roma, Camillo Ruini, quien presidió la apertura del tribunal que instruirá su proceso de canonización. El cardenal Ruini manifestó que “mis frecuentes encuentros con Del Portillo me dejaron persuadido de que era un pastor ejemplar. Su unión con el Papa, su caridad, su humildad y su equilibrio traslucían una extraordinaria riqueza interior”.

El cardenal Ruini ha trazado un perfil biográfico de mons. del Portillo, “don Álvaro”, como le llaman las personas que en todo el mundo recurren a su intercesión. “La profunda experiencia pastoral madurada junto a san Josemaría, sus probadas cualidades humanas y su competencia teológica y jurídica lo hacían apto a múltiples tareas”, ha dicho.

Según el Sr. cardenal, “el servicio activo que don Álvaro prestó siempre a la Iglesia de Roma y la diligencia activa con que apoyó las iniciativas del Santo Padre en su diócesis eran parte del amor a la Iglesia que había aprendido de san Josemaría”, de quien fue principal colaborador durante 40 años. Aunque la apertura del proceso corresponde a la diócesis de Roma, donde falleció en 1994, el cardenal Ruini añadió que “la Conferencia Episcopal del Lazio se ha manifestado unánimemente a favor del comienzo de la causa”, solicitada tras su fallecimiento por 35 cardenales y 200 obispos de 55 países.

El vicario del Papa ha subrayado “la prolongada y multiforme actividad que desarrolló al servicio de la Sede Apostólica” como consultor de varias congregaciones, como secretario de la comisión del Concilio Vaticano II que elaboró el decreto “Presbyterorum Ordinis”, como consultor de otras comisiones conciliares y como padre sinodal.

“Relevante se nos presenta también -ha añadido- su empeño en la promoción de la unidad entre la cultura y la fe” y sus contribuciones a la teología del laicado y del sacerdocio, visibles en algunos escritos como “Fieles y laicos en la Iglesia” y “Escritos sobre el sacerdocio”.

El cardenal Ruini ha hablado del deseo de “un pronto inicio de esta causa de canonización” por parte de “tantos exponentes de la jerarquía eclesiástica y del pueblo de Dios”. Hay ya “un nutrido repertorio de testimonios de personas que lo han frecuentado, entre ellos también los de bastantes cardenales y obispos”, ha dicho.

El vicario del Papa ha hablado después de los miles de favores espirituales y materiales, entre ellos también curaciones singulares, atribuidas a la intercesión de don Álvaro que demuestran la “difusión de la devoción privada al Siervo de Dios”.

Al discurso del cardenal ha seguido la petición formal de la apertura de la investigación diocesana por parte del postulador de la causa, mons. Flavio Capucci. Después el cardenal Ruini ha confirmado el nombramiento del tribunal, y a continuación se ha procedido a la toma de juramento de sus miembros y del postulador.

Alrededor de 400 personas llenaban la sala: “la cantidad de gente reunida en esta primera sesión -ha concluido el cardenal- es una señal del afecto que rodea a nuestro queridísimo y añorado Álvaro del Portillo”.

Entre los presentes había muchos amigos de mons. del Portillo, y también fieles y amigos de la Prelatura, además del actual prelado, sucesor de don Álvaro al frente del Opus Dei, mons. Javier Echevarría, que una vez concluido el acto ha declarado a las cámaras de Telepace: “Estoy muy contento y, sin anticipar el juicio de la Iglesia, veo la justa conclusión de lo que ha sido la vida de mons. del Portillo”. A los periodistas de Telepace ha dicho también: “Recuerdo perfectamente que buscaba responder todos los días a la gracia de Dios y que repetía a menudo esta jaculatoria: gracias, Señor, perdón y ayúdame más”.

Ruini recordó que el día de su muerte Juan Pablo II se desplazó a la iglesia prelaticia del Opus Dei para rezar ante los restos mortales de Álvaro del Portillo, a quien definió como “ejemplo de fortaleza, de confianza en la Providencia Divina y de fidelidad a la sede de Pedro”. En su pésame a monseñor Javier Echevarría, Juan Pablo II parafraseó un pasaje del Evangelio para rogar al Señor “que acoja en el gozo eterno a este siervo bueno y fiel”.

La Congregación para las Causas de los Santos ha establecido que la primera fase del proceso corra simultáneamente a cargo del Tribunal diocesano que prestó juramento ayer en el palacio de San Juan de Letrán y de un Tribunal de la Prelatura, que será constituido el próximo 20 de marzo. Ambos tribunales asumirán coordinadamente la instrucción de la causa, que incluye tomar declaración a los principales testigos, así como recoger los escritos y documentos, pero no emitirán dictamen sino que trasladarán el sumario a la Congregación para las Causas de los Santos, donde será estudiada por teólogos, médicos y especialistas en varios campos.

Si la Congregación considera que “don Álvaro” ha vivido las virtudes cristianas en grado heroico, le conferirá el título de “venerable siervo de Dios”. El proceso continúa con el examen de los favores recibidos por su intercesión, que en estos momentos son ya más de 3.000. Si se constata que alguno constituye un milagro, el Santo Padre puede decidir la beatificación y elevarle a los altares. Un segundo milagro, posterior a esa fecha, abre el paso a la canonización, que propone el culto a nivel mundial.

Monseñor Javier Echevarría, que sucedió en 1994 a Del Portillo como Prelado del Opus Dei, se manifestó “muy contento” por el comienzo del proceso, mientras que el cardenal Ruini señaló que “pocas veces he visto tanta gente en una primera sesión”.

“Si todo su estilo, incluso su sereno porte exterior, reflejaba armonía y sencillez, era porque Alejandro Llano, ex rector de la Universidad de Navarra, ha escrito sobre el talante universitario de Alvaro del Portillo: “Los auténticos universitarios son los que creen que el estudio, la indagación de la verdad, constituye el método humanamente más eficaz para cambiar, para mejorar, este mundo nuestro. Sin haber pretendido nunca seguir una carrera académica, Álvaro del Portillo se nos presenta, diez años después de su fallecimiento, como un universitario de primer rango, precisamente porque se sirvió de su penetrante inteligencia y de su estudio infatigable para servir calladamente a la Iglesia y a la sociedad en algunas de las cuestiones más trascendentales y graves de esta época cargada de gravedad”.

no había quiebras en su sólida unidad de vida. Ingeniero de Caminos y Doctor en Filosofía y Letras -además de renombrado Teólogo y Canonista- él mismo era un ejemplo de superación de la quiebra existente entre las “dos culturas”, la tecnológica y la humanística, que parecen dividir el panorama intelectual contemporáneo”.

“En consecuencia, a Álvaro del Portillo le resultaba connatural percibir la operatividad transformadora de una investigación de altura y propugnar que en la Universidad de Navarra, en colaboración con otros muchos centros de estudios superiores, cultiváramos siempre una mentalidad abierta a la universalidad del conocimiento. En la huella abierta por San Josemaría Escrivá, que señaló como un objetivo fundacional la elaboración de una nueva síntesis de los saberes, a la altura del presente momento histórico, abrió como Gran Canciller caminos incitantes y hacederos, que hemos intentado seguir recorriendo durante estos dos lustros, y de los que ya se pueden señalar algunas metas logradas. Aunque se trate de un ideal en el que no cabe la autocomplacencia, porque requiere una búsqueda sin posible descanso”.

Con Álvaro del Portillo son siete los fieles de la prelatura del Opus Dei de los que hay actualmente abierta la causa de canonización. Entre ellos están Montse Grases (1941-1959), estudiante catalana que sobrellevó con alegría ejemplar una dolorosa enfermedad; Ernesto Cofiño (1899-1991), padre de familia y médico pediatra guatemalteco, que convirtió su profesión en un servicio constante a los demás, y Toni Zweifel (1938-1989), ingeniero suizo.