¿Vida sintética?

La noticia se ha recogido en toda la prensa nacional e internacional: el investigador Craig Venter ha fabricado una bacteria sintética. El asunto no es nuevo. Hace ya 8 años, en el 2002, Eckard Wimmer pudo sintetizar el genoma del virus de la Polio, de 7.500 nucleótidos. Esto constituyó un acontecimiento porque el genoma así fabricado, al introducirse en una célula capaz, originaba partículas virales que infectaban otras células. No obstante los virus, si somos precisos, no se consideran seres vivos.

Hace dos años, el mismo Venter logró producir en el laboratorio el genoma de la bacteria más sencilla: Mycoplasma genitalium. En ese momento se dijo que el laboratorio Craig Venter Institute de Maryland había creado vida artificialmente, lo que se demostró falso puesto que sólo sintetizó el genoma de dicha bacteria. En esta oportunidad Venter también anuncia su descubrimiento como “un paso importante, tanto científica como filosóficamente”. “Ha cambiado mis ideas sobre qué es la vida y cómo funciona”. En conferencia de prensa, el científico se refirió a estas células como “la primera especie de auto-replicantes que hemos tenido del planeta, cuyo padre es una computadora”. Añadió que se produjo a partir de los cuatro nucleótidos que conforman el ADN (las bases Adenina, Guanina, Citosina y Timina, más el azúcar y el fosfato) introducidos en un sintetizador que recibía la información de un software genético instalado en una computadora y que se adueñó de la bacteria.

La finalidad de estas investigaciones es la de producir microorganismos para limpiar el agua o fabricar biocombustibles, vacunas…; algas que atrapen el dióxido de carbono; nuevos tipos de alimentos.

“Esto se convierte en una herramienta muy poderosa para tratar de diseñar lo que queremos que haga la biología. Tenemos una amplia gama de aplicaciones en mente”, dijo Venter que añade que nos encontramos ante “una nueva revolución industrial”.

Sin embargo, estos proyectos están a distancia de años, mientras que la biotecnología actual ya consigue resultados similares mediante transgénesis, como las bacterias genéticamente modificadas para fabricar biocombustibles, o procedimientos de recombinación genética. Hace ya muchos años que la Bacteria Escherichia Coli se utiliza en la fabricación de insulina humana, por ejemplo.

La mayor parte de la comunidad científica piensa que el avance no es tan desmesurado como se presenta. El éxito no es pequeño: sintetizar una larga cadena de ADN. La primera vez enlazó 580.000 pares de bases que conforman el genoma de la bacteria Mycoplasma genitalium, que es el más pequeño entre las bacterias. Ahora ha sintetizado la información genética de Mycoplasma mycoides al unir 1.077.947 pares de bases. Realmente esta bacteria tiene 1,2 millones pero C. Venter y su equipo ha eliminado algunos segmentos para dejar sólo lo indispensable. Luego ha introducido el nuevo genoma en otra bacteria (Mycoplasma capricolum) que ha comenzado a sintetizar las proteínas propias de Mycoplasma mycoides y se ha replicado normalmente.

Ciertamente C. Venter es un buen investigador y el paso que ha dado es importante, pero en ningún caso podemos hablar de la fabricación de un ser vivo. En opinión de David Baltimore, genetista del California Institute of Technology, Venter “ha exagerado un poco la importancia del ensayo”. Ha conseguido, dice, “una hazaña técnica”, pero no un gran progreso científico. “No ha creado vida, solamente la ha imitado”.

Finalmente, se han invertido 40 millones de dólares en este proyecto, aportados fundamentalmente por Synthetic Genomics, empresa fundada por C. Venter. La revista Science ha publicado el trabajo.

Indudablemente esta investigación supone un avance biotecnológico que no hay que desmerecer. Al mismo tiempo, está claro que no se ha fabricado un ser vivo pero el programa de Venter (“biología sintética”) señala en esa dirección. Hay que evaluar los riesgos y considerar también el punto de vista ético que no sólo no frena sino que encauza de modo positivo el verdadero progreso para el ser humano.

 

Jaime Millás Mur
Coordinador del Grupo de Investigación en Bioética (GIB). Universidad de Piura.

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