¡“Cachimbo”, cuidado con la “bica” y la “trica”!

Por , publicado el 19 de marzo de 2012

Los universitarios regresaron a las aulas. Los recién ingresantes fueron identificados rápidamente, por los de años superiores, como los “cachimbos”. Por los pasillos, unos decían a otros: “Me van a ‘chotear’, aún no me he matriculado”, “¡Qué ‘roche’, llegué tarde!”, “Me ‘quincié’ y entré a otro salón”, “¿Qué tal ‘brother’?”, “No se te ocurra ‘biquear’ Mate”, y un sinnúmero de expresiones similares utilizadas por los jóvenes que vienen a la Universidad.

Observamos, pues, que dentro de la sociedad el empleo del léxico varía según los diversos grupos de hablantes que comparten unas mismas características: edad o generación a la que pertenecen, la actividad o profesión que realizan, nivel social y cultural, etc. Así, distinguimos las lenguas técnicas, las especiales, las profesionales, las del mundo del deporte, etc. o ciertas lenguas de grupo que se caracterizan por el empleo de jergas como la de los jóvenes, los estudiantes, los médicos, los zapateros, entre otras. Según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE, 2001), jerga, probablemente del francés “jargon”, es el ‘lenguaje especial y no formal que usan entre sí los individuos de ciertas profesiones y oficios’; también se le conoce como argot: ‘lenguaje especial entre personas de un mismo oficio o actividad’ o jerigonza: ‘lenguaje difícil de entender’.

La jerga o el argot, en un principio era el lenguaje de los malhechores, del hampa, llamado “germanía” en España (jerga de los delincuentes durante los siglos XVI y XVII) y “jargon” de las bandas de salteadores de caminos en Francia (Casares, Julio: “Introducción a la lexicografía moderna”, 1992, 275-278). En América, sobresalen el “lunfardo” en Argentina y la “replana” en Perú, lenguas marginales que los delincuentes han creado para establecer un sistema de claves con el fin de evitar ser reconocidos y protegerse, así, de la justicia. Hoy se habla indistintamente de jerga o argot, aunque siempre con una cierta connotación peyorativa que se les añade desde sus orígenes.

Si nos situamos en el mundo de los universitarios peruanos, dotado de un gran número de términos jergales como los citamos al comienzo de este artículo, encontraremos, por ejemplo, la palabra “cachimbo”, cuyo origen procede de “cachimba”, del portugués “cacimba” y este del bantú “cazimba” que quiere decir: ‘pipa para fumar’; sin embargo, en Perú se emplea con los significados de ‘músico de banda militar o pueblerina’ y ‘estudiante de enseñanza superior que cursa el primer año’ (DRAE, 2001).

Son frecuentes, asimismo, los verbos terminados en -ear, tales como: “biquear” y “triquear” (procedentes, supuestamente, de los sustantivos inexistentes “bica” (‘dos veces’) y “trica” (‘tres veces’) y se refieren a la acción por la cual un alumno lleva una asignatura por segunda o tercera vez), “latear” (en el DRAE, 2001, se registra como verbo transitivo coloquial utilizado en Chile con el significado de ‘aburrir’ o ‘molestar’, más no con el sentido de ‘caminar’, como se usa en nuestro medio), “chotear” (según el DRAE, 2001, en Cuba: ‘quedar en ridículo’. Nuestros universitarios lo usan con el sentido de ‘dejar de lado’, ‘despreciar’), “pasear” (‘tomar el pelo’, ‘dar vueltas’), “cranear” (‘pensar’), “quincear(se)” (‘equivocarse’), “paltear(se)” (‘molestarse’), etc. La mayoría de estos verbos en -ear se forman a partir de sustantivos y expresan acciones que se realizan habitualmente o repetidas veces.

También se han creado sustantivos a partir de verbos como “roche” (en el DRAE, 2001: ‘cosa notoria o visible’ o ‘vergüenza o turbación de ánimo’), proveniente del verbo “arrochar” (que el mismo DRAE registra como verbo transitivo coloquial en Perú, con el significado de ‘rechazar, despreciar’), por lo que alguien puede tener “roche” si es “arrochado” por otro. Hay quienes dicen que no hacen algo por temor a un “arroche” (‘desprecio, rechazo’). Otro sustantivo de uso habitual es “chochera” (de “chochez”: ‘cualidad de chocho, dicho o hecho de persona que chochea’), del que se ha derivado “choche”, por acortamiento.

Si bien estas formaciones son posibles en la lengua, debemos indicar que así como un médico, un ingeniero, un zapatero o un universitario presentan diferencias por el vocabulario de su profesión o del grupo social al que pertenecen, paralelamente, cuentan también con un ámbito de lengua común, con un léxico estándar, que favorece la comunicación con los demás miembros de la sociedad. Por eso, es más conveniente que los alumnos en la universidad procuren aprobar todos sus cursos, en vez de “biquear” y “triquear”.

Susana Terrones Juárez

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