De mi casona, de Enrique López Albújar o el hogar para ser

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En esta ocasión hablaremos de Enrique López Albújar, no para comentar la fidelidad o no a los vientos de la independencia en Matalaché, ni el indigenismo primario de Cuentos andinos ni la irrealidad del amor en El hechizo de Tomayquichua, cuya primera víctima fuera el pintor Ricardo Flórez, a quien todos miraban como protagonista verdadero de una trama rebuscada y tópica al mismo tiempo, por más que él insistiera en que nada tenía que ver lo relatado con sus deseos de radicar en esta localidad de Huancayo, del mismo modo que Gauguin lo hiciera en Tahití. Nos centraremos, brevemente, en De mi casona.

Las circunstancias que rodearon a su escritura la condenaron al casi total olvido para los lectores peruanos y es, sin embargo, una de las obras más interesantes de López Albújar. La escribió al inicio de sus éxitos como escritor, en 1924, cuatro años después de publicar los Cuentos andinos, y cuatro antes de que escribiera Matalaché. Sin embargo, fue publicada en Nueva York, pues su escritura fue respuesta a un encargo de la editorial Word Fiction. Hasta 1963 no aparecerá en las librerías peruanas, dentro de sus Obras completas, y hasta 1998 Peisa no lo publicará de modo independiente. Resulta, no obstante, un buen libro autobiográfico. No es, ni pretende, ser una autobiografía al uso, sino una reflexión sobre aquellos pasajes de su vida que, en su infancia, se relacionaban con la casa de sus abuelos, en Piura, donde fue criado, al mismo tiempo que una ponderación del valor de su familia plebeya frente a orígenes más aristocráticos, el perfil heroico de su abuela, la manera en que él ingresa en aquella familia por la puerta de atrás para convertirse en dueño de la misma en la madurez y jefe también de su clan.

El libro encierra mucho más, reflexiones sobre la educación en provincias en los tiempos de la guerra del Pacífico, las consecuencias que esa guerra tuvo en algunos de sus familiares, consideraciones sobre el valor de ser un hombre hecho a sí mismo… Todo ello acompañado de anécdotas netamente piuranas, de la vida tranquila a la luz de un sol de desierto y de la humanización del espacio a partir de los recuerdos.

Crisanto Pérez Esain
Universidad de Piura

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