De polladas y cuyadas… peruanismos de fiesta

Por , publicado el 7 de septiembre de 2012

¿Alguna vez le han ofrecido una tarjeta para una pollada o ha realizado usted alguna parrillada para incrementar los ingresos de su hogar o ha colaborado con la cebichada del barrio pro plataforma deportiva? Seguro que más de uno ha vivido alguna de estas circunstancias, pues estas fiestas populares se han convertido en una peculiar forma de divertirse y, al mismo tiempo, de conseguir algo más para el sustento económico de la familia. En este artículo intentaremos describir el comportamiento léxico de varios de estos innovadores términos.

Empezaremos por los únicos términos registrados en el DRAE (2001): parrillada, cuyada y pollada. El primero se define como ‘el plato compuesto de carne de vaca, chorizo, morcilla, etc., asados a la parrilla’; mientras que cuyada, como la ‘comilona de cuy asado’. Como vemos, el DRAE no añade el carácter de fiesta ni celebración al que aluden ambos términos. En cuanto a pollada, no se registra como plato o tipo de comida ni mucho menos se alude a celebración o fiesta alguna; en el DRAE pollada se define como el ‘conjunto de pollos que de una vez sacan las aves, particularmente las gallinas’; mientras que para cualquier peruano es la fiesta popular de barrio donde el plato principal es el pollo a la parrilla. Estamos viendo que el sufijo -ada se está utilizando con un nuevo valor: no solo sirve para dar nombre al plato o a la comida en sí, sino que el término designa también a la reunión donde se consume de manera principal o única dicho plato.

Las carnes de res, de cuy y de pollo muchas veces quedan lejos del bolsillo de la gente y se van buscando otras opciones. Así, el peruano creativo se las ingenia y termina organizando actividades como: anticuchadas, chicharronadas, pachamancadas, truchadas, chuleteadas, cebichadas, chorizadas y panchadas (de panchos: ‘pan con hot dog’). Todas estas palabras, quizá por su reciente creación, no están registradas en el DRAE; aunque sí lo están los sustantivos de los cuales derivan: anticucho, chicharrón… pancho. Existe también el término lechonada (muy usado en la sierra central peruana) que se deriva de lechón o ‘cochinillo que todavía mama’ (DRAE). Esta carne da origen a diversos platos y, como en los casos anteriores, donde hay lechón hay “lechonadas bailables”.

Hasta ahora hemos visto que la carne da el nombre al plato y a la reunión o fiesta que se organiza; pero existen ejemplos en que el nombre de la carne da como resultado un término un tanto chocante; este es el caso de los que optan por organizar una fiesta donde el plato principal es el cabrito. Los organizadores se deciden por el término frijolada, mas no por el de cabritada, que además aparece en el DRAE con el significado de ‘acción malintencionada’. Quizá por la misma razón no se use el término chanchada y sí el de lechonada; además chanchada ya se define en el mismo diccionario como ‘porquería’ y como limeñismo un tanto arcaico significa ‘hacer una acción vil’.

Tenemos, por otro lado, ejemplos en que el postre o la bebida pasan a ser la comida principal que da nombre a la fiesta; así, tenemos en el primer caso la picaronada para referirse a la reunión donde se sirven como plato principal los riquísimos picarones. Las picaronadas son una nueva opción para ganar más gastando menos. Y como ejemplo del segundo caso tenemos la rompopeada, término muy extendido en la sierra piurana y que alude a una celebración donde la bebida principal es el rompope.

Se dice que un término está arraigado lo suficiente en el léxico de una lengua cuando se empiezan a crear nuevas palabras a partir de él. De todos los casos, los que muestran más vitalidad, arraigo y extensión serían el de parrillada y pollada, que ya empiezan a arrojar nuevos términos como miniparrillada y minipollada, que serían actividades que se organizan con solo unos días de anticipación y donde se invita a pocas personas, generalmente a los más allegados a la familia. Se escucha también el término junta-pollada cuando se unen, por ejemplo, veinte integrantes y a cada uno se le asigna la venta de la misma cantidad de tarjetas; se sortea para saber quién hará la pollada y esa persona recibe toda la ganancia. Como vemos, queridos lectores, en nuestro país la pobreza se combate con ingenio y el ingenio se demuestra en las palabras.

Verónica Chumacero Ancajima

Foto: polloasadoelhornero (CC BY-NC 2.0)

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