De triste, tristísimo y ¿de alegre?

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Ya en otro artículo hemos dicho que el hablante tiene la posibilidad de marcar la intensidad de una cualidad; así, puedo decir que algo es muy lindo, superlindo, lindísimo o lo más lindo que he visto en mi vida. Todas estas formas, sin duda, corresponden al llamado grado superlativo, grado en el que los adjetivos expresan la cualidad al máximo, y puede darse de dos maneras: absoluta y relativa.

La primera, tradicionalmente reconocida como verdadero superlativo, puede formarse utilizando los sufijos –ísimo y –érrimo: listísimo, grandísimo, pequeñísimo, inteligentísimo, generosísimo, paupérrimo (de pobre), libérrimo (de libre), misérrimo (de mísero). Precisamos que las formas con el sufijo –érrimo son pocas, y hoy están en retroceso frente a las que se construyen con –ísimo, más populares y de mayor aceptación; así tenemos, por ejemplo, de pulcro: pulquérrimo, pero también pulcrísimo; de pobre: paupérrimo, pero también pobrísimo. Suele ser frecuente, asimismo, formar el superlativo por medio de los prefijos archi-, hiper-, re-, rete-, requete-, sobre-, super-, ultra-: archimillonario, hipersensible, rebonito, retelindo, requeteguapo, sobrehumano, superinteligente, ultramoderno, etc. Algunos prefijos son más usados que otros en determinadas zonas hispanoamericanas.

Si bien usando prefijos y sufijos marcamos el superlativo, no son los únicos recursos que tiene el hablante para conseguir la intensidad; así, por ejemplo, en el plano oral puede valerse de marcas prosódicas intensificadas, o lo que comúnmente reconocemos como acento expresivo; es decir, mediante una sílaba tónica remarcada: ¡Maravilloso cumpleaños! o mediante repeticiones de una vocal: liiiiisto, pero también mediante el silabeo del segmento intensificado: ¡Mag – ní – fi – co espectáculo! Igualmente, se puede lograr con la repetición del adjetivo, como en Me parece una persona simple simple y en Es una persona lista lista. Incluso con la fórmula adjetivo en grado positivo + superlativo: Todo está blanco blanquísimo. Ya no expresivas, sino más bien coloquiales sentimos las formadas con la anteposición de pero qué: Pero qué listo es este chico; y con la repetición de dos elementos unidos por que o por más que: Mis esperanzas muertas que muertas siguen en mi corazón; No lo quiero ver más, es tonto más que tonto.

A estas marcas que suelen tener un carácter expresivo, como lo hemos señalado, podemos añadir las que se crean con sufijos aumentativos (heladota, calentote o calientote) y con sufijos diminutivos (heladita, calientito o calentito). En ambos casos notamos la marca superlativa: agua heladota y agua heladita para referirnos a muy helada; café calentote o café calientito para muy caliente. Esto último nos lleva a decir que, algunas veces, recurrimos a los adverbios de cantidad, tales como: muy (muy inteligente), bastante (bastante inteligente), poco (poco inteligente), demasiado (demasiado inteligente), apenas (apenas inteligente), etc. Igualmente, podemos utilizar los adverbios de modo brutalmente, increíblemente, ligeramente, medianamente, bien, entre otros, como en Esa casa es brutalmente grande, Esa casa es increíblemente grande, Esa casa es ligeramente grande, Esa casa es medianamente grande, Esa casa es bien grande, etc.

Por su parte, la manera relativa, llamada también superlativo relativo, expresa el grado máximo o mínimo de la cualidad de alguien o de algo en relación con el resto de un grupo; por ejemplo, en Él es el miembro más listo de la familia o María es la chica más simpática de la oficina no se da una simple comparación, sino una intensificación considerada excepcional frente a un grupo: la familia y la oficina, respectivamente. Como se observa, el superlativo relativo se expresa con el artículo, acompañado del adverbio de cantidad más o menos, seguido del adjetivo en grado positivo y la preposición de o el relativo que precediendo a una oración de relativo: Javier es el más sincero que he conocido.

Para formar los superlativos relativos también podemos recurrir a los comparativos sintéticos (mejor, peor, mayor y menor), así como a los numerales ordinales (primero, segundo, tercero, etc.) y de algunos adjetivos que denotan una posición preeminente o privilegiada: Luisa es la menor de todos los hermanos, Armstrong fue el primer hombre que pisó la Luna, Mario aprovechó la única oportunidad de su vida, Callao es el puerto principal del Perú.

Precisamos además que, la subjetividad, el énfasis, se pueden marcar por diversos recursos, pero estos dejan de ser expresivos a fuerza de repetirse; y es por esta razón que se produce una continua aparición de nuevas formas para el superlativo, que se desgastan y cambian continuamente. Sin embargo, aclaramos que no todos los adjetivos admiten el grado superlativo; así, por ejemplo, gentilicios (chiclayano, limeño, piurano, colombiano, etc.); tampoco lo aceptan adjetivos cuya propia significación expresa ya la cualidad en grado máximo: inmenso, tremendo, absurdo; aunque también hay que decir que pueden aparecer inmensísimo y tremendísimo, en los que el deseo de enfatizar vence a la corrección y al uso cuidado de la lengua. Tampoco lo admiten adjetivos esdrújulos terminados en -eo (instantáneo), en -ico (crítico), en –imo (legítimo), en -fero (mortífero), en -gero (alígero) y en -voro (carnívoro). A pesar de esto, en la lengua hablada pueden registrarse formaciones superlativas, aunque no sean tenidas como correctas: critiquísimo, mortiferísimo, legitimísimo. Asimismo, suelen ser incompatibles con el grado superlativo los adjetivos principal, fundamental, primordial, único, eterno, mortal, inmortal, total, infinito, absoluto, definitivo, omnipotente, soltero, diurno, nocturno, postrero, etc. El propio contenido semántico de cada uno hace que sean incorrectas las siguientes oraciones: * Esta zona es la principalísima de la casa. * Este aspecto es fundamentalísimo. *Tengo la absolutísima seguridad de que llegará a tiempo.

Finalmente, no olvidemos que la idea de todo superlativo se presta a la enfatización, a la búsqueda de expresividad; así, respondiendo a la pregunta del título estaríamos ante alegrísimo, muy alegre, bastante alegre, alegre alegre, el más alegre del grupo, etc.

Eliana Gonzales Cruz
Universidad de Piura

Foto: Luis Miguel Bugallo Sánchez (CC BY-SA 4.0)

Un comentario en “De triste, tristísimo y ¿de alegre?

  1. Carlos A. Gainza dice:

    Al decir, ” Callao es el puerto principal del Perú.” ¿Hay alguna diferencia o se expresa exactamente lo mismo si decimos: “Callao es el principal puerto del Perú.?

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