Del platón al crush

Por , publicado el 8 de abril de 2019

Quién no se ha enamorado alguna vez o vive, quizá, eternamente enamorado. Sin duda, la adolescencia o la juventud son las etapas en las que se vive el amor de la manera más apasionada, sea para disfrutar del amor correspondido o para sufrir por ese amor inalcanzable. A este último, el que está lejos del alcance del enamorado, se le conoce como amor platónico.

El Diccionario de autoridades (1726) ofrece una definición de este tipo de amor: ‘El que es decente, sincero, y sin fin particular, ni desordenado. Llámase así porque era el que en su escuela enseñaba y aconsejaba Platón’. Platónico, pues, deriva del nombre propio de este filósofo griego, cuyas ideas sobre el amor como búsqueda de la plenitud terminaron confundidas y simplificadas en lo que se entiende actualmente por tal: ‘amor idealizado y sin relación sexual’ (DLE, 2014).

Es quizá el famoso hidalgo don Quijote el modelo más extremo de lo que es vivir enamorado platónicamente: Toda aquella noche no durmió don Quijote, pensando en su señora Dulcinea, señora que idealizó a partir del recuerdo de una moza labradora de quien él un tiempo anduvo enamorado, aunque, según se entiende, ella jamás lo supo, ni le dio cata dello. Y es que el “platón” (ya con minúscula) vive sin saber que es la razón del suspiro de otro, mientras que ese otro suspira desesperanzado porque reconoce que ese amor está fuera de su alcance.

Pero de un tiempo a esta parte ya los chicos no hablan (más que hablar, publicar en las redes sociales) de su amor platónico. La brecha generacional y la moda se imponen. Ahora el platón es el crush. Y con esta palabrita —tomada del inglés, por supuesto— se refieren a casi lo mismo: a ese ser que hace que se les acelere el corazón, con el que sueñan y al que, fieles a su generación, persiguen a través de sus publicaciones en internet (stalkear, que lo llaman: espiar, en otras palabras). Y de esa forma se enteran de todo: sus gustos, sus amigos, en qué lugar ha estado o va a estar y así, desde la sombra, pueden seguir sus pasos y suspirar de lejos o atreverse, incluso, a pasar por delante para tentar a la suerte y quizá hasta cruzar miradas sin que el sujeto idealizado sepa realmente lo que ese encuentro puede representar.

El crush y el platón comparten entre sí el hecho de ser un amor “idealizado”; esto es, que gira en torno al deseo de un inalcanzable o imposible (cantante, actor, deportista o incluso un dibujo animado), de lo que es plenamente consciente el enamorado. Asimismo, el crush guarda relación con lo que se conoce como “flechazo” o “amor a primera vista”, que es justamente el punto de inicio de esa atracción que luego se idealiza. Con todo, el crush también puede ser alguien cercano, pero al que no se atreven a confesar su amor, al menos no frente a frente.

Según el Diccionario Oxford (2019, en línea), crush —como sustantivo— se emplea en inglés para referirse tanto al sentimiento que despierta alguien en una persona (el flechazo) como a la persona sobre la que recae ese sentimiento, por lo general alguien lejos del alcance del enamorado (el platón). Y de esa misma forma se usa este extranjerismo en el español juvenil actual: Tengo un crush por mi mejor amigo (sentimiento); Mi crush es mi mejor amigo (platón). Pero también se emplea crush para referirse a la afición o apasionamiento por algo: Tengo un crush por la moda; Tengo un crush por los unicornios.

Al ser un sustantivo, se puede emplear también en plural, aunque sobre ello existe cierta vacilación. Algunos mantienen la palabra invariable y solo cambian el determinante: mis crush; otros forman el plural añadiendo -s al final del sustantivo: ¿Qué tipo de mensaje puedo enviar a mis crushs? Estas dos formas resultan, sin embargo, menos recomendables en español, ya que en el primer caso se produce una falta de concordancia (aunque algunos sustantivos se pluralizan así) y en el segundo, da lugar, en español, a una secuencia anómala de sonidos en una sola sílaba.

Una tercera forma de pluralizar esta palabra es agregar el sufijo –es: Diez crushes animados que todos tuvimos en nuestra infancia. Siguiendo el modelo de un anglicismo similar, flash(es), esta última forma es la más extendida y resulta, a su vez, la más recomendable, pues de esta manera el xenismo se adapta a la forma regular del plural para las palabras que acaban en ciertas consonantes (reloj-es, pixel-es…).

Por último, se trata de un uso propio del habla informal juvenil que parece haberse extendido desde el habla mexicana a otras zonas hispanohablantes gracias a la influencia de las redes sociales y de sus jóvenes protagonistas que van imponiendo su forma de hablar. No es raro actualmente escuchar en Perú, por ejemplo, a muchos niños y adolescentes hablar con mexicanismos como güey, qué onda… y dentro de ese grupo no faltan los extranjerismos como crush, cuyo uso en el habla mexicana se registra (en internet) por lo menos desde el año 2000.

Shirley Yanuaria Cortez González

Referencia de la imagen: ¿Por qué suspiramos por amor?, en http://www.curiosidadsq.com/2012/12/por-que-suspiramos-por-amor.html

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