El camino de El Dorado, de Arturo Uslar Pietri

Por , publicado el 5 de junio de 2018

Dentro de la historia de la conquista española de las Indias, sembrada de episodios y personajes que cambiaron la historia del mundo, apenas resulta trascendente la aventura de Lope de Aguirre y sus “marañones”. Cronistas como Francisco Vázquez o Pedrarias de Almesto dieron directo testimonio de aquel aventurero: miembro de la expedición que en 1560 se internó en la Amazonía en busca de fabulosas riquezas, prefirió dar muerte a sus superiores y arrebatar el Perú al rey de España; en pos de esta ambición, aterrorizó a los colonos de Venezuela y a sus propios seguidores, a los que hacía ejecutar a la menor sospecha. Ellos mismos lo asesinaron poco después de que se hubiera rendido a las tropas reales; poco antes de su captura, apuñaló a su hija para salvarla de ultrajes como “hija del traidor”. Se conserva la carta acusatoria e insolente que dirigió al monarca en los últimos días de su jornada.
Sin embargo, la propia desmesura de esta y del carácter de su protagonista le impedirían caer en el olvido. Ha despertado especial fascinación en los autores modernos, que construyeron sus propias ficciones sobre los amenos y sintéticos relatos de Vázquez y Almesto. Tan solo aludiré a Ciro Bayo (pionero de la literatura de viajes en español), Gonzalo Torrente Ballester (en una interesante alegoría teatral sobre el ejercicio del poder), Ramón J. Sender (mosaico de personajes y de sátira social) o Miguel Otero Silva (más moderno, fantasioso y reivindicativo del personaje) antes de prestar más atención a la novela que le dedicó en 1947 Arturo Uslar Pietri.
La acción de El camino de El Dorado sigue con bastante escrúpulo las fuentes históricas, y pocos personajes llegan en ella a alcanzar relieve fuera del propio Lope de Aguirre. Este creciente protagonismo, sin embargo, no rebaja su carácter enigmático, que en el apogeo de su poder alcanza proporciones diabólicas, por su crueldad y la abyección a la que se ven sometidos sus seguidores más cercanos. Recordado por la historia como hombre insolente y burlón, esta imagen se refuerza desde el mismo comienzo de la jornada: Aguirre descree de las riquezas de una tierra fabulosa (lo que convierte en irónico el sonoro título de la novela), y sueña con lanzar a sus compañeros sobre el conocido y tangible botín del Perú. Por otra parte, todo su cinismo, su valor y su astucia se traslucen en su habla. El Lope de Aguirre de Uslar es refranero y cuentero, bien arraigado en la cultura popular, que evoca el humor y la sabiduría práctica de los personajes humildes en la literatura clásica del Siglo de Oro español, al tiempo que refleja el interés del novelista por el folclore y la tradición criolla.
Podríamos considerar la naturaleza como la coprotagonista real de El camino de El Dorado. La novela se organiza en tres partes, de acuerdo con las tres regiones que atravesaron “los marañones” en su viaje: el río Amazonas (el Marañón), la isla Margarita, los Llanos de Venezuela. Los capítulos del libro suelen terminar con escenas de gran dramatismo, en muchos de los cuales, sobre todo en la primera parte, la mirada del narrador se centra en una selva oscura y letal: el paisaje, las bestias, los habitantes con sus incomprensibles costumbres. Sin embargo, la naturaleza americana es enemigo pequeño para Lope de Aguirre, a quien no detienen las fieras ni la furia del mar. El gran obstáculo lo encuentra en la cobardía, la mezquina ambición o los escrúpulos morales de sus hombres, flaquezas que acaban por manifestarse en el propio protagonista. Solo en la tercera parte de la novela, el “fuerte caudillo de los marañones” adquiere un cierto grado de humanización, en forma de introspección o de desaliento, cada vez más cerca de la soledad y la derrota.

Un comentario

  • Juan Pérez Nomás dice:

    Para mi, y quizá para muchos, me es común decir, leer y escuchar la expresión “lo dijo sin escrúpulos”. Para mí, y quizá para otros no, es la primera vez que encuentro y leo “…con bastante escrúpulo…” al comienzo del relato que nos muestran.
    “La acción de El camino de El Dorado sigue con bastante escrúpulo las fuentes históricas, …”

    Para mí, y quizá para otros, me gustaría un comentario acerca de los “escrúpulos”.

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