El español, una lengua con futuro

Por , publicado el 30 de abril de 2012

De cantar, cantaré; de comer, comeré; de salir, ¿saliré… o saldré? Normalmente, no tenemos reparos en emplear las formas de futuro de los verbos en la lengua española, mediante recursos lingüísticos como la analogía que acabamos de leer. En ocasiones, muy a nuestro pesar, nos encontramos con excepciones que complican el uso de nuestra lengua y su aprendizaje por parte de los hablantes de otros idiomas.

Despertaremos la inquietud lingüística que todos albergamos en nuestra conciencia de hablantes explicando el origen de la forma de futuro, lo que nos permitirá entender su uso en el español actual. Habremos de empezar afirmando que, así como podemos encontrar el origen de otros tiempos verbales del castellano en el latín, el caso del futuro es distinto. No se sabe muy bien la causa, pero lo cierto es que, en sus comienzos, el castellano como lengua no tenía una forma clara de indicar el futuro, por lo que se usaban diferentes expresiones con la idea de realización de la acción más allá del presente. Entre ellas existía la secuencia de verbos o perífrasis verbal haber de + infinitivo (he de cantar, he de comer…), que expresaba obligatoriedad y que, por la especial libertad en el orden de las palabras, tan propia del castellano en la Edad Media, pronto empezó a ser empleada en su orden inverso (cantar he, comer he). De ahí las formas regulares del futuro: cantaré, comeré…

Pero, ¿qué sucede con salir y tener?; ¿por qué su futuro es saldré y tendré? Sin duda, se trata de futuros irregulares, de excepciones que, a simple vista, se escapan de la explicación anterior. Si tenemos en cuenta lo expuesto líneas arriba, el futuro de estos verbos debería ser saliré y teneré. Sin embargo, estas y otras palabras con el paso del tiempo cambiaron de forma y evolucionaron a salré y tenré, dándose una pérdida (o síncopa) de la vocal más débil. La pronunciación de esas formas, (dos consonantes alveolares seguidas lr y nr), se hacía algo complicada, y se optó por intercalar una consonante dental /d/, de modo que se facilitara su pronunciación. Podemos entender entonces que de salré se pasó a saldré y de tenré a tendré. Este mismo juego lo podemos aplicar a los verbos valer (valdré), venir (vendré) y poner (pondré). Y así como decimos saldré y tendré, diremos también saldría y tendría; aunque debemos aclarar que el origen del condicional es diferente.

No obstante, en otros verbos, como haber, caber, saber, querer y poder, no ha hecho falta la adición de la dental /d/, puesto que al darse la pérdida de la vocal el resultado obtenido ha sido habré, cabré, sabré, querré y podré y no *haberé, *caberé, *saberé, *quereré ni *poderé, respectivamente. Las formas de condicional deberán ser entonces habría, cabría, sabría, querría y podría.

La forma haber de + infinitivo, que dio origen al futuro verbal, ha ido perdiendo terreno frente a otras formas de obligatoriedad como tener que + infinitivo y a otra como ir a + infinitivo, que nos informa sobre el carácter inmediato del comienzo de la acción (valor incoativo). Queda claro entonces que no es lo mismo decir “Terminaré el artículo” que “Voy a terminarlo” o que “He de terminarlo”. Viendo su pasado y conociendo su riqueza expresiva y la gran variedad de matices que presenta, podemos asegurar que nuestra lengua, en verdad, tiene “mucho futuro”.

 

Inés Arteaga Campos

INÉS ARTEAGA CAMPOS

(1973-2009)

 

Trabajó en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Piura desde marzo de 1996 hasta diciembre del 2009. Licenciada en Educación por la Universidad de Piura, máster en Artes Liberales con mención en Pedagogía por la Universidad de Navarra (España) y doctoranda en el programa de doctorado en Lingüística y Filología Hispánica en la Universidad de La Coruña, (España).

Impartió cursos de capacitación y diplomados en comprensión lectora y gramática textual; y publicó algunos manuales de didáctica y gramática para el Sistema de Educación Semipresencial SEAD.

 

 

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