El mundo de Celia

Por , publicado el 7 de enero de 2019

La colección de narraciones creadas por Elena Fortún (seudónimo de Encarnación Aragoneses, 1886-1952) a partir del personaje de Celia son un clásico indiscutible de la narrativa infantil en castellano, lamentablemente poco difundido fuera de España. En los años 20 del siglo pasado empezaban a publicarse en la prensa las confesiones de una ficticia niña madrileña de clase alta. Celia Gálvez contaba sus vivencias en breves episodios, poéticos uno que otro, triste alguno más, humorísticos la mayoría. Del éxito entre sus lectores (niñas, niños y no tan niños) dan fe su recopilación en volumen (Celia, lo que dice) y luego una serie de continuaciones: Celia en el colegio, Celia novelista, Celia en el mundo, Celia y sus amigos.

La gracia de Celia, en el sentido cómico y también en otros (véase cualquier diccionario), radicaba en su convincente modo de asumir la perspectiva infantil. La heroína vivía en un mundo de juegos y cuentos, perfectamente coherente, desde el que intentaba en vano comprender el mundo absurdo de las personas mayores. Estas, que tantas obligaciones imponen a la niña, hacen siempre lo que quieren, pero no predican siempre con el ejemplo. La vida social conlleva faltas de sinceridad o caridad, que van desde las mentiras piadosas hasta las diferencias de clase que Celia se salta, en cuanto puede, para salir a jugar con los chicos “de la calle”. El mismo lenguaje impone obligaciones por medio de la frase hecha y la ironía, fuente de equívocos para los personajes infantiles. En conclusión, sucede que, un malentendido tras otro, Celia suele acabar cada capítulo castigada y perpleja, pese a haber actuado siempre con las mejores intenciones.

Un logro de la serie es el realismo con que, detrás de su estructura aparentemente episódica, va tomando forma un argumento general. Con gran realismo, Celia viaja, cambia de hogar, de ciudad, de colegio y hasta de país; se separa de sus padres, los reencuentra y, sobre todo, crece. Madura principalmente al verse como responsable de su hermanito, al que pone de apodo Cuchifritín, quien la sustituirá como protagonista en cuatro libros siguientes (Cuchifritín el hermano de Celia, Cuchifritín y sus primos, Cuchifitín en casa de su abuelo, Cuchifritín y Paquito), por más que Celia nunca dejará de ser un referente para toda la “saga”.

El tono de las aventuras de Cuchifritín es bastante similar al de las de su hermana. Están ya escritas en tercera persona, y su protagonista es un niño bastante más simplón que Celia, menos dado a la pura fantasía que a la acción. Siguen luego dos volúmenes cuya heroína es una prima suya, Matonkikí, una niña “ejemplar” desde el punto de vista negativo: fea, maliciosa, engreída, desobediente, caprichosa… e irremediablemente divertida.

La guerra civil española (1936-1939) supuso un paréntesis en la producción de Elena Fortún y un cambio de rumbo para el mundo de Celia. Para hablar de su propia experiencia de la guerra y del exilio, la autora recurrió a su personaje más querido, ahora una adolescente desbordada por tristes acontecimientos familiares y sociales. En Celia madrecita, deberá hacerse cargo de su padre y sus hermanas menores. Conoce la penuria económica, como conocerá la guerra y el exilio en Celia en la revolución y Celia institutriz. El tono general es melancólico, agridulce, solo dulcificado por el cariño familiar y también por sus primeras experiencias amorosas. En El cuaderno de Celia, aunque esta vuelve a relatar un episodio de su infancia (la preparación de su primera comunión), el tono es igualmente serio, meditativo y poético, en el que apenas se reconoce a la traviesa niña de los años veinte.

La Celia adulta ya está a punto de ceder la voz. Elena Fortún se la hizo conservar, aunque solo como narradora, en dos colecciones de cuentos (Los cuentos que Celia cuenta a las niñas y Los cuentos que Celia cuenta a los niños). Estas historias de contenido maravilloso, basadas en el patrón de los cuentos de hadas tradicionales, siempre traen consigo una enseñanza de humildad, laboriosidad, solidaridad o superación personal, sin que ello distraiga de su gran ingenio y belleza. Por otra parte, la mayoría de ellas recuperan el humor tan característico de su autora.

Al final de la serie de libros de Celia y su mundo, la voz narradora pasa a ser la de su hermanita Mila. Esta recuerda mucho a Celia en su carácter, aunque más atolondrada. A Mila le falta picardía, y eso a pesar de que su primera aventura es, en buena medida, picaresca. Su travesura tiene como tremenda consecuencia verse perdida lejos de su familia, junto a su inseparable perro Piolín, y recorriendo la mísera España de la posguerra en compañía, unas veces, de mendigos, y otras de buhoneros, titiriteros e incluso delincuentes. Su fantasía y buen humor, igual que la meten en problemas, la ayudan a conservar el buen ánimo ante la desventura, y Mila tendrá ocasión de contar como si nada, de vuelta a la normalidad, el episodio que en cierto modo señala el final de todo el ciclo: la boda de Celia. Esta ya vive metida en el mundo de los mayores, y Mila narra, enterándose a medias, los vaivenes del noviazgo, los preparativos del matrimonio, y nuevas divertidas vivencias familiares y escolares. Pero también pasa el tiempo para ella, y en Patita y Mila, estudiantes, último libro escrito por Elena Fortún, encontramos en Barcelona a las dos hermanas de una ya ausente Celia, preparando su bachillerato y trabajando como bibliotecarias.

Otro de los grandes méritos literarios de Elena Fortún es su rica apropiación de una lengua viva, tanto en el tono de conversación que se imprime al relato como en la reproducción del discurso oral y coloquial, en sus diferentes registros, principalmente el popular y el infantil. Podríamos decir que son libros para “escucharse”, para leerse en voz alta, que es una buena manera de introducir a los niños en la literatura. Para mayor accesibilidad, en los últimos años están siendo reeditados por la prestigiosa editorial Renacimiento, de Sevilla. Transcurrido casi un siglo, y pese al innegable sabor añejo de su prosa, sorprende la frescura que mantiene la obra de Elena Fortún para los lectores de hoy en día, quienes tienen con ella asegurados la risa y el placer de una buena narración.

Manuel Prendes Guardiola

Un comentario

  • Anónimo dice:
    Tu comentario está pendiente de moderación

    La colección de narraciones creadas por Elena Fortún (seudónimo de Encarnación Aragoneses, 1886-1952) a partir del personaje de Celia son un clásico indiscutible de la narrativa infantil en castellano, …

    ¿La colección de … es o son un clásico?

Deja un comentario

×