El olvido de un signo

Por , publicado el 3 de junio de 2019

Los signos de puntuación pueden entenderse como un intento por plasmar en el papel nuestras actitudes, estados de ánimo y, por tanto, los diferentes matices de nuestra voz. Esta concepción no es para nada inédita. Si bien, los primeros fueron ideados hacia los siglos II o III a. C., por Aristófanes, únicamente para indicar niveles de entonación, desde hace más de dos siglos, quienes reflexionaban en torno al lenguaje los concebían como un aspecto de la escritura que enriquece la significación de los textos. A propósito, en el artículo “Los signos de interrogación en las ortografías del español” (publicado en la revista Historiografía Lingüística y Gramática Histórica. Gramática y léxico de la Universitat de València), Ma. José García Folgado cita cómo Gregorio Mayans escribía en 1734 que los signos de puntuación le otorgan a la escritura «el verdadero sentido y el alma, de suerte que por ellas viene a ser la escritura una viva imitación del lenguaje» (García: 2012, 13).

Me gusta señalar a mis estudiantes que, en la conversación, al ser un acto simultáneo entre quien habla y quien escucha, hay menos posibilidades de equívocos o, al menos, hay mayores oportunidades de enmendar algún malentendido. Pero, ¿qué sucede ante un texto escrito? El proceso de comunicación que se desprende del acto de leer es un proceso esencialmente postergado. Es decir, es difícil determinar cuánto tiempo puede pasar entre el momento de la escritura y el momento de la lectura, incluso pueden ser siglos y, por tanto, la mayoría de las veces, el autor del texto no estará presente. Frente a esta realidad, los signos ortográficos nos dan las pautas necesarias para comprender lo que otros han escrito y que no deberíamos tergiversar. Actualmente, el uso en los textos digitales o chats está contradiciendo esta lógica, en especial cuando se piensa en los signos de apertura tanto interrogación (¿), como los de exclamación (¡).

No parece difícil comprender que los caracteres que indican apertura (¿) (¡) se ignoren cuando la interrogante o la exclamación comienzan con pronombres o adverbios interrogativos o exclamativos, especialmente, cuándo, cómo, dónde, qué… porque en el uso de la tilde viene implícita la modalidad interrogativa o exclamativa. Incluso, la Ortografía de la lengua española acepta prescindir de su uso en los títulos o subtítulos de una obra en los que la interrogante o la exclamación está demarcada por este tipo de palabras: Cuáles son los pasos para hacer un lomo saltado estupendo; o, también, en las interrogaciones retóricas: «Dónde vas a estar mejor que aquí» (2010: 389). No obstante, ¿qué sucede con aquellas oraciones que fácilmente pueden confundirse con enunciados aseverativos?

Si bien es cierto que no fue sino hasta mediados del siglo XVIII, específicamente en el año 1754, cuando se recomendó por primera vez el uso de estos signos al comienzo y no solo al final del enunciado para evitar malas interpretaciones, no es difícil imaginar por qué tuvieron tanta acogida. Este par de caracteres permiten al lector cambiar del ritmo sin desatino. Verbigracia, no es lo mismo leer: ¡Has llegado muy temprano!, has llegado muy temprano o ¿has llegado muy temprano? Cada uno de estos enunciados exigirá una entonación que lleva implícita una significación diferente que, a partir de su contexto, nos puede revelar estados de ánimos y situaciones muy disímiles.

En el Libro de estilo de la lengua española se justifica tal omisión de la siguiente manera: “La delimitación y brevedad de los mensajes hace que los signos de apertura de interrogación y de exclamación puedan ser omitidos sin que el mensaje deje de interpretarse como una pregunta o exclamación” (2018: 282). Lo que fácilmente se podría rebatir con la siguiente interrogante: ¿qué se considera extenso y qué no? Además, agregan que esto se justifica porque en muchos de los dispositivos de hoy en día es difícil acceder a estos signos; planteamiento que también se podría refutar si pensamos en que, más bien, hoy en día es más fácil crear programas que registren los diferentes caracteres que conforman los diversos idiomas que se hablan en el mundo. Por último, y a pesar de la concesión inicial, advierten que “en los sistemas de mensajería rápida, como WhatsApp, se considera excepcionalmente admisible, aunque no se recomienda, prescindir de los signos de apertura siempre que quede claro dónde comienza la interrogación o la exclamación” (2018: 283). Si bien esta es la sugerencia de la norma culta, pareciera que el uso está llevando a que estos signos pierdan parte de su esencia, a saber, dejen de ser signos dobles en cuanto a que cada vez es más frecuente, incluso en enunciados extensos, el obviar los signos de apertura.

Definitivamente, la escritura va evolucionando a medida que el uso oral se lo va exigiendo y, aunque a veces parezca que el olvido de un signo (ya sea por inercia, al copiar el funcionamiento de otro idioma o como resultado de una moda pasajera) no tiene mucho sentido, eso es lo que demuestra que estamos en presencia de una lengua viva… y este parece ser el caso de un signo tan propio de nuestro idioma como es el signo de apertura, tanto para la interrogación como para la exclamación.

Kira Morales

Referencia de la imagen: Preguntas frecuentes sobre WhatsApp. Disponible en https://www.wasapeamos.com/preguntas-frecuentes-sobre-whatsapp/

3 comentarios

  • Juan Pérez Nomás dice:

    Kira, si le escribo “Qué pasa si no pongo el signo de apertura, dejará de ser pregunta esta oración? Qué otra interpretación se le puede dar a esa pregunta? Así no estuviera presente para aclarárselo.

    Todo lo que nos explica en su nota, académicamente tiene razón. Nos dice que “… la Ortografía de la lengua española acepta prescindir de su uso en los títulos o subtítulos de una obra en los que la interrogante o la exclamación está demarcada por este tipo de palabras: Cuáles son los pasos para hacer un lomo saltado estupendo; o, también, en las interrogaciones retóricas: «Dónde vas a estar mejor que aquí» (2010: 389).” Y pregunta ” No obstante, ¿qué sucede con aquellas oraciones que fácilmente pueden confundirse con enunciados aseverativos?

    La respuesta es simple, “No omita colocar el signo de apertura que define la oración como pregunta.”

    Si en la parte del texto que antecede a esa pregunta nos dice que se “acepta prescindir de su uso”, ¡Ambos!!!! Porqué no aceptar que se omita el de apertura, que es redundante en muchos casos,

    Si la RAE, de modo incomprensible para mí, ha suprimido la tilde al adverbio “sólo”, aún en casos de ambigüedad, no veo porque no nos deja eludir el signo de apertura en caso de redundancia.

  • Paco (con ñ) dice:

    Yo. Por reivindicación y por el orgullo de hablar el idioma que nos une a los que por aquí andamos dando nuestra opinión, soy defensor de utilizar el signo de apertura. Es una de nuestras señas de identidad, ¿por qué tenemos que imitar a otros idiomas teniendo uno tan “chulo” como el nuestro?

  • Juan Pérez Nomás dice:

    Paco, ojo que no pretendo suprimir del todo el signo de apertura, lo que propongo es que se nos deje en libertad de no ponerlo cuando, por redundancia, no es necesario. Si te escribo:
    Tú quisieras que se elimine del todo el signo de apertura, como es en todos los idiomas menos el castellano, como en esta pregunta?
    Recién, al final de la lectura te darías cuenta que no asevero sino pregunto.
    Pero si te te digo o escribo:
    Qué has entendido? Cuántos años tienes? Cuál es tu profesión?
    Inequívocamente lo entiendes como pregunta, no cierto?

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