El que no llora no mama

Por , publicado el 12 de agosto de 2020

A propósito de haberse celebrado recientemente la Semana Mundial de la Lactancia Materna, que busca fomentar no solo la alimentación natural del bebé sino la protección de esta práctica, detendremos la mirada en algunas de las palabras relacionadas con esta actividad.

El Corpus diacrónico del español (CORDE), un repertorio de textos que permite ver el idioma en su evolución histórica, recoge como términos más antiguos mamar y amamantar. Documentado desde inicios del siglo XIII, mamar forma parte del Vocabulario español-latino elaborado por Nebrija (1495) y lo recoge también más adelante el diccionario de Covarrubias (1611), que lo define como «atraer el hijo pequeño de las tetas de la madre la leche con los labios y la lengua, y esto es comun a los hombres y a las bestias». Asimismo, señala su origen latino: procede de mamma, «que significa la teta». Vale decir que se mantiene esta distinción entre mama(s), como tecnicismo (cáncer de mama, mamografía, mamadera), frente a teta(s), usada en el ámbito informal, familiar.

En la primera edición del diccionario académico (1734), mamar sigue la definición propuesta por Covarrubias, y viene ilustrada con dos citas de autoridad, una de ellas del Inca Garcilaso. En sus Comentarios (1609, cap. XII), el Inca, al hablar de las costumbres de las indias en la crianza de sus hijos, emplea mamar no solo en el sentido recto («Ya cuando el niño andaba a gatas, llegaba por el un lado o el otro de la madre a tomar el pecho, y había de mamar de rodillas en el suelo, empero no entrar en el regazo de la madre»), sino también figurado (1609, cap. II): mamar la lengua de sus ancestros, la cultura incaica («…ampliamos y extendemos con la propia relación la que los historiadores españoles, como extranjeros, acortaron por no saber la propiedad de la lengua ni haber mamado en la leche aquestas fábulas y verdades como yo las mamé»), acepción que será incluida, sin embargo, mucho más adelante: ‘Adquirir un sentimiento o cualidad moral, ó aprender algo en la infancia’ (DRAE, 1899).

El primer documento que arroja el CORDE en que figura amamantar data de 1400. También lo registran Nebrija (1495) y Covarrubias (1611), quien de esta palabra dice ‘es dar leche, o criar, del nombre mamma, que vale teta, y los cabritillos o corderos que se han sustentado de sola la leche, sin haber pacido, se llaman mamantones’. Como vemos, en ambas definiciones mamar y amamantar son acciones que asemejan a los humanos con los animales mamíferos. Y, quizá, en este afán de marcar distancia con los animales es que se buscan otras formas de denominarlas.

Ya para el siglo XVIII, en el Diccionario de autoridades (1726), se dice de amamantar que «es voz anticuada» y se la define como ‘Dar leche o criar a la criatura dándole el pecho’. Así, en lugar de amamantar se usa “dar el pecho”, lo que marca la diferencia entre la acción animal y la humana, pues de un animal se dirá que amamanta a sus crías, pero no que les da el pecho. Lo reafirma también Terreros (1786) más adelante, quien señala que es palabra anticuada y remite a dar el pecho. Para fines del s. XVIII, pues, el verbo amamantar se considera ya de uso muy restringido y arcaico; la preferencia se dirige a dar el pecho o dar de mamar, sus equivalentes.

Cabe notar una diferencia clave entre la definición de mamar que ofrece Covarrubias y la del Autoridades: mientras que la primera usa tetas, la segunda prefiere pecho, lo que no es casual, pues las palabras nos revelan en cierta medida los cambios que van sufriendo las sociedades. Y es que teta, sin dejar de usarse, empieza a sentirse incómoda y hace falta nombrarla de otra manera, por lo que pecho ocupará su lugar con valor eufemístico: ‘Se toma tambien por lo mismo que teta en las hembras, especialmente en las mugéres, y se usa por mas honestidad’ (1737).  En la misma entrada se registra la locución “criar a los pechos” que, además del significado literal, metafóricamente significa haber criado o haber enseñado a alguien desde pequeño, conocer a alguien desde niño. No obstante, a partir de la edición de 1817, el diccionario ya no recoge dar el pecho, sino tomar el pecho; esto es, la acción ahora se enfoca ya no en la madre, sino en el bebé: ‘Coger el niño con la boca el pezón del pecho para mamar’.

Por su parte, teta sigue estando presente en el habla: dar la teta (1739) se usa como equivalente de ‘dar de mamar’. Asimismo, con esta base se forman los verbos tetar y atetar, más usado, definido como «Dar el pecho al niño, o al cachorrillo, para que se alimente con la leche dél. Viene del nombre teta, y su uso es más frequente en lo que mira a los irracionales» (Diccionario de autoridades, 1726), definición en la que se manifiesta la preferencia, una vez más, por pecho en lugar de teta (percibida como tabú), así como la intención de diferenciar lo animal de lo humano.

Entrados al siglo XX, los versos de Vallejo «A lo largo de un muelle, alguna madre;/ y sus quince años dando el seno a una hora» («Medialuz», 1919) dan cuenta de una nueva forma, también eufemística: dar el seno. Así como sucedió con pecho, a fines del siglo XVIII el diccionario de Terreros (1788) incluye una nueva acepción para la palabra seno: «equivale a pecho en las mujeres», uso que el diccionario de la Academia no registrará sino hasta mucho después, en 1956, y remitiendo a la sexta acepción de pecho («cada una de las mamas de la mujer»). Hasta la actualidad en Perú y en varios países americanos es común usar dar (el) seno en lugar de dar el pecho.

Junto a estas, empiezan a emplearse también otras formas que hunden sus raíces en el latín: lactar, lactancia, lactante, lácteo y que del ámbito técnico pasan luego al habla general. Lactar (del latín lactare), registrada en el diccionario desde la segunda mitad del XIX, remite a amamantar (‘dar de mamar’), que vuelve a entrar al ruedo, y que ha perdido ya esa asociación con el mundo animal. A esta acepción, se le agregará más adelante (a partir de 1956) una nueva, enfocada en la acción ejercida por el bebé al extraer la leche; esto es, lactar vale para la acción de la madre, que da de mamar, o para la del bebé, que mama: Yo lacto a mi bebé; Mi bebé lacta cinco veces al día. En el primer caso, lactar recibe un complemento directo introducido con a: lactar (a alguien); mientras que en el segundo, lactar se usa como verbo intransitivo, sin complemento directo aunque puede recibir otros, como circunstanciales. A diferencia de mamar y amamantar, lactar y sus derivados se emplean aplicadas solo a la acción humana de alimentar las madres a sus hijos

En la actualidad está bastante extendida la locución “dar de lactar”, lo cual de por sí resultaría redundante, pues, como se ha visto, bastaría con decir solo lactar. No obstante, el uso del tecnicismo lactar parece tener, otra vez, un fin eufemístico, como sustituto de mamar, que ya para mediados del siglo XX había adquirido una connotación sexual.

Lactancia equivale a amamantamiento, periodo en que el niño se alimenta de leche; el lactante se refiere al niño que lacta, forma que tiene la preferencia frente al ya desusado mamante (‘que mama’), y al que si es insaciable se le llama mamón (que en Piura podría competir por ganar el concurso del churre [‘niño’] mamón; y que en el español peninsular se usa como insulto). De lactar también se forma lactario, lugar en un centro de trabajo acondicionado específicamente para que la madre puede lactar o extraerse la leche (forma aún no recogida en la última edición del DLE). Pero como todo tiene su fin, llega el momento de ablactar –cultismo este de muy escaso uso–, conocido coloquialmente como destetar o destete, formados sobre la base ya no de mama ni pecho ni seno, sino de teta.

Por último, la forma que tiene el niño de conseguir su alimento a través del llanto insistente da origen al refrán con que inicia este artículo, El que no llora no mama, recogido ya desde fines del XIX en el diccionario, y con el que en la sabiduría popular da a entender que si se quiere lograr algo, nada funciona mejor que pedirlo, pues ya sea por insistencia o por compasión, se podría conseguir.

 

2 comentarios

  • Jacinto Gonzáles dice:

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    1. Aquí (Octavio Paz)
    Mis pasos en esta calle

    Resuenan

    En otra calle

    Donde

    Oigo mis pasos

    Pasar en esta calle

    Donde

    Sólo es real la niebla.

    1. Aquí (Octavio Paz)
    Mis pasos en esta calle resuenan en otra calle donde oigo mis pasos pasar en esta calle donde sólo es real la niebla.

    No voy a discutir los meritos de esos autores, pero me salta una pregunta:

    ¿En qué momento un escrito cualquiera se convierte o se le considera mi poema?

    En qué momento
    un escrito cualquiera
    se convierte
    o se le considera
    mi poema

  • Jacinto Gonzáles dice:

    No tengo idea cómo se coló la primera parte de mi entrada

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