El que tiene boca, se equivoca

Por , publicado el 18 de diciembre de 2017

El conocido refrán El que tiene boca, se equivoca nos recuerda que quien habla es proclive a cometer errores en algún momento del discurso. Justamente las equivocaciones en el ámbito oral reciben el nombre de lapsus linguae. Esta locución latina formada por lapsus (error) y linguae (de la lengua) está recogida en el Diccionario de la lengua española (2014) con el siguiente significado: ‘error involuntario que se comete al hablar’.

Juan de Dios Luque Durán (s. f., p. 97) nos recuerda que «en cada acto verbal el emisor organiza sus ideas e intenciones y las codifica en un mensaje. El acto de codificación no es simple y puede sufrir numerosas interferencias. El resultado son fallos o lapsus en los que el hablante confunde términos, cruza palabras afines, formal o semánticamente, etc. El propio hablante, en muchas ocasiones, es consciente de sus errores y se autocorrige o enmienda, quizá añadiendo una coletilla. Un caso muy frecuente de lapsus es el de palabras semánticamente afines que a veces cruzan sus respectivos significantes, creando nuevos términos. Así, por ejemplo ‘ostentóreo’ es un cruce de ‘ostentoso’ y ‘estentóreo’».

Estas incorrecciones lingüísticas acompañadas de una disculpa pueden pasar desapercibidas en el habla cotidiana; sin embargo, hay situaciones en las que su aparición origina la hilaridad de toda una audiencia. Quién no recuerda al ya fallecido congresista de Perú Posible Gerardo Saavedra Mesones jurar «Por Dios y por la plata». A este error se le conoce como lapsus por sustitución ya que se ha reemplazado la palabra patria por plata. Para el psicoanalista Sigmund Freud, estas equivocaciones son producto del desliz del inconsciente.

Otro bochornoso lapsus linguae lo cometió el presidente del Gobierno de España Mariano Rajoy al decir: «Quiero transmitir a los españoles un mensaje de esperanza. Eta es una gran nación», pues la omisión de la letra s del pronombre esta —para referirse a España— produjo una homofonía con la pronunciación de la sigla de la organización terrorista ETA.

Otros errores de la oralidad consisten en variar o reemplazar los sonidos de un término: Fue un susto por Fue un gusto; o en alterar el orden de los términos, por ejemplo, cuando cambiamos el final por el inicio en una frase: De cuando en vez.

Aunque la mayoría de estos errores son propios de la espontaneidad oral también han sido usados intencionalmente como juego de palabras para producir efectos cómicos. El gran Roberto Gómez Bolaños, más conocido como Chespirito, se valió de este recurso; un claro ejemplo lo tenemos en el lapsus de anticipación cometido por el personaje de don Ramón: Lo último que se pierde es la barriga, señor Esperanza; en lugar de decir Lo último que se pierde es la esperanza, señor Barriga.

Otro caso sería la famosa expresión del Chapulín Colorado: Que no panda el cúnico en vez de Que no cunda el pánico. Este lapsus linguae recibe el nombre de espunerismo y consiste en el cambio casual o deliberado de los sonidos en dos o más palabras cercanas. Su nombre proviene del apellido del pastor anglicano William Archibald Spooner (1844-1930) a quien se le atribuían este tipo de equivocaciones. Otros espunerismos los tenemos en Ron Damón (don Ramón); guitar la tocarra (tocar la guitarra), etc.

Ya lo saben, amigos, los lapsus linguae están ligados a la espontaneidad del habla. Sin embargo, algunos obedecen a creaciones intencionadas como parte del carácter lúdico del lenguaje. Hay que aclarar también que no debemos confundirlos con el error en la escritura, es decir, con el lapsus calami: ‘error mecánico que se comete al escribir’ (DLE, 2014). Y ya que estamos en diciembre aprovecho para desearles a todos felices fiestas favideñas; perdón, felices fiestas navideñas.

                                                                     Bertha Guzmán Velasco

Referencia de la imagen: Adaptada de http://remorada.com/2013/11/15/lapsus-linguae/

3 comentarios

  • Carlos A Gainza dice:

    Con la larga explicación que hoy nos dan, se deduce que todos los errores del hablar son lapsus. Subir para arriba, dentrar en la casa, no importa lo que haiga, pan con quiso, etsetera.

    Creo que “Jurar «Por Dios y por la plata»” más que un lapsus fue un “acto fallido” ya que no hay ningún error gramatical en la expresión.

  • Eleuterio dice:

    Le suele ocurrir a gente que habla mucho y sobre todo ahora con el wasap https://www.wasap.net

  • Milagros dice:

    Conocer como hablar de maner correcta y con propiedad creo que es importantísimo, por ello siempre consulto vuestra web y también http://comosellama.net/ para descubrir nuevos términos que incorporar a mi vocabulario.
    Gracias por su aportación a la world wide web. Saludos!

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