El tiempo verbal

Por , publicado el 9 de octubre de 2017
¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé. Lo que sí digo sin vacilación es que sé que si nada pasase no habría tiempo pasado; y si nada sucediese, no habría tiempo futuro; y si nada existiese, no habría tiempo presente. (…). (San Agustín).

 Desde la antigüedad se ha considerado el verbo como una de las partes importantes del discurso (y también de la oración) por su capacidad para expresar tiempo. Esto es, que habiendo en nuestro idioma diferentes formas de ubicarnos temporalmente, el verbo lo expresa a través de su desinencia gramatical, así por ejemplo en canté, canto, cantaré, basta con que cambie la desinencia (-e, -o, -aré) para que el verbo exprese acción pasada, presente o futura. Por ello se afirma que el verbo expresa gramaticalmente, tiempo; y, por tradición, ha dominado este concepto de tiempo gramatical sobre las restantes categorías que se expresan por medio de morfemas.

Además, el verbo no solo presenta desinencia de tiempo, sino que se considera la parte de la oración que presenta más flexiones (o accidentes) gramaticales, pues combina una información semántica con una información gramatical. Un ejemplo simplificado se aprecia en estudiaremos en el que el elemento léxico (o raíz) sería estudi– y la desinencia gramatical –aremos. Estas significaciones se presuponen y son imprescindibles para que haya verbo. Por medio de las desinencias o morfemas gramaticales expresa las significaciones de modo tiempo y aspecto –propias del verbo–, número y persona que comparte con sustantivo y pronombre. En ciertos casos, sí se pueden separar algunos elementos de la desinencia, como en estudiábamos donde la desinencia -ábamos, se podría analizar en á, vocal temática de modo indicativo; -(á)ba– parte de la desinencia que indica a la vez tiempo pasado y aspecto imperfectivo; -mos, indicadores de número y persona; pero no se podría analizar así en cant-o, cant-a, etc.  en las que en –o y –a estarían las cinco significaciones gramaticales (modo, tiempo, aspecto, número y persona).

La Nueva gramática de la lengua española (2011: 23.1.1a), define el tiempo verbal «como la categoría gramatical que permite localizar los sucesos en relación con el momento en que se habla». Da como ejemplo las oraciones El tren salió puntualmente y El tren saldrá puntualmente; en las que, si bien no se informa el momento preciso de la salida, sí se especifica que esta tuvo lugar en un punto temporal que es anterior o posterior, respectivamente, al momento en que se emite el enunciado.

De ahí que, en un enunciado por medio del verbo conjugado señalaremos si la acción se ubica en presente, pasado o futuro. Es decir, la idea fundamental de los tiempos del verbo se expresa por el momento que se pronuncia el enunciado (presente), el momento que le antecede (pretérito o pasado) y el momento que le sigue (futuro). El momento de la enunciación aparece, casi siempre, implícito en un enunciado: (digo que) Conocí la torre Eiffel; (digo que) conozco la torre Eiffel; (digo que) Conoceré la torre Eiffel.

En suma, en la enunciación de un verbo se distingue entre el momento de la enunciación, es decir, el momento en que el hablante se expresa, que coincide con el presente; y el momento de los acontecimientos, acciones o procesos expresados.  En otras palabras, yo como hablante puedo hablar ahora (presente) de hechos que han sucedido (pasado) o sucederán (futuro).

Un caso muy conocido son los usos del presente del modo indicativo como en Sube las escaleras, el «subir» coincide con el momento de la enunciación, pero en Llaman a la puerta, el «llamar» es inmediatamente anterior al acto de del habla, y en Ahora mismo subo, el «subir» será posterior a la expresión del enunciado. El presente, sabemos que no siempre coincide con el acto de la enunciación, así tenemos el llamado presente histórico de la narración o de un relato coloquial para referirse a hechos ocurridos en el pasado: Yo que salgo de la peluquería… y me lo encuentro cara a cara. Otras veces se utiliza para aludir a realidades atemporales: La tierra es achatada en los polos; o señalar realidades anteriores o posteriores al «ahora» de la enunciación: El Titanic se hunde en 1912; Mi hermana se casa en febrero del próximo año, etc. (Cfr. Alarcos Llorach (2005) Gramática de la lengua español. p. 156).

En conclusión, se puede afirmar que los tiempos no son, por lo tanto, valores fijos, sino modificaciones relativas al concepto verbal. Aun los que se ubican por sí mismos en el tiempo –los llamados tiempos absolutos-  pueden desplazarse hacia el pasado o hacia el futuro, de acuerdo con las conexiones temporales de la oración en que aparecen.

Nelly Trelles Castro

 

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