El vaso de plata, de Antoni Marí

Por , publicado el 18 de septiembre de 2018

Decía Rilke que la verdadera patria del hombre es su infancia, y una pequeña gran obra narrativa como El vaso de plata le da la razón. El libro se presenta como una especie de memorias ficticias (el narrador en algún momento delata su nombre, y no es el mismo del autor) y sin orden cronológico, catorce relatos autónomos ambientados en diferentes momentos de la niñez y adolescencia. La pauta que los ordena y hasta les da título remite implícitamente a la etapa formativa del niño: las tradicionales catorce ‘obras de misericordia’ de la religión cristiana.

Este referente de la catequesis, sin embargo, no se utiliza en un sentido didáctico ni alegórico, sino evocativo. El enunciado de cada una de las obras de misericordia conduce algunas veces al tema principal del capítulo, pero otras pueden llamar a un momento culminante de la narración, como en “Dar de beber al sediento” o “Vestir al desnudo”. Con morosidad y elegancia, cada breve relato encierra momentos sumamente emotivos, tan pronto conmovedores (“Dar posada al peregrino”) como dramáticos (“Visitar y cuidar a los enfermos”, “Dar un buen consejo al que lo ha menester”) o incluso humorísticos (“Dar de comer al hambriento”, “Enseñar al que no sabe”). Cada uno, en todo caso, se construye en torno a una anécdota a menudo nimia y cotidiana, pero inesperadamente llena de trascendencia. El narrador es siempre el mismo, aunque los coprotagonistas (hermanos, parientes o amigos) suelen variar de capítulo en capítulo, con algunos recurrentes como el severo personaje del padre o el benevolente abuelo.

Las experiencias narradas en cada cuento, irónicas, crueles o dichosas, revelan en todo caso un descubrimiento para el narrador-protagonista, que las evoca con comprensión y amabilidad (misericordia, al fin y al cabo). En un estilo impecable y preciso, desentraña la percepción juvenil del mundo, con el asombro, la alegría o la consternación de las nuevas experiencias que debe afrontar: el testimonio de la injusticia, la muestra inesperada de cariño, el primer viaje en solitario al extranjero o los primeros encuentros con la naturaleza, el arte, la vejez o la muerte. Curiosamente al tratarse unas memorias de adolescencia, falta la convencional experiencia del primer amor: sirva como índice de la originalidad del libro.

El mundo de El vaso de plata apenas presenta referencias a su contexto histórico, social o geográfico, lo cual refuerza su valor universal. Se publicó por primera vez en 1992, en lengua catalana; que el propio autor lo tradujera impecablemente al castellano justifica su recomendación en estas páginas.

Manuel Prendes Guardiola

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