Entre velas, flores y rezos

Por , publicado el 2 de noviembre de 2012

El 1 y 2 de noviembre los cementerios se vuelven los lugares más concurridos por dolientes, cantores, rezadores, vendedores de flores, aguateros, etc. En todo el lugar se vive un ambiente festivo con la llegada de parientes y amistades que visitan las tumbas de sus seres queridos. Y es que, las velaciones se han convertido, de un tiempo acá, en una verdadera fiesta de costumbres en donde las velas, responsos, angelitos, están a la orden del día. Valiéndome de esta tradición, intentaré explicar algunos vocablos formados a partir de sufijos o morfemas derivativos.

Partiremos de velar, término que da origen a velación, velorio y velatorio, las cuales aluden a un campo semántico funerario. Velar proviene del latín vigilare y cuenta entre sus múltiples significados con el de ‘pasar la noche al cuidado de un difunto’ (Diccionario de la lengua española, 2014).

Teniendo a esta palabra como base y añadiendo el sufijo -orio, obtenemos la palabra velorio. -Orio significa acción y es un sufijo nominalizador; es decir, sirve para formar sustantivos; de modo que velorio hace referencia al ‘acto de velar a un difunto’. Por su parte, -torio (variante del sufijo -orio) indica ‘lugar que sirve para’; entonces velatorio será el ‘lugar donde se vela un difunto’. Ahora bien, aunque velorio y velatorio son registrados como sinónimos por la Real Academia Española, estos términos han ido especificando su uso en toda la región, de manera que hoy cuando escuchamos velorio lo relacionamos con el acto mediante el cual el cadáver es velado con el acompañamiento de quienes fueron sus familiares; mientras que velatorio lo asociamos al lugar donde se lleva a cabo dicho acto.

El Diccionario de la lengua española (DLE) aunque recoge la palabra velación como ‘acción y efecto de velar’, no recoge el sustantivo en plural velaciones. El primer término (velación) se ha formado con la adición del sufijo nominalizador (que forma sustantivos) -ción; mientras que la palabra velaciones que significa ‘costumbre de asistir a los cementerios para colocar ofrendas florales y encender velas en las tumbas’, es recogida solo en diccionarios de piuranismos como el de Edmundo Arámbulo Palacios o el de Esteban Puig. Entonces, teniendo en cuenta que el colocar velas en las tumbas de los difuntos es la acción principal que se realiza el día de los muertos, la palabra velaciones hace referencia a dicha acción; pero en plural es usada para señalar los días que dura la fiesta (1 y 2 de noviembre).

Por otro lado, durante la visita a los cementerios, los familiares pueden elegir a un rezador quien es ‘la persona que tiene por oficio rezar por el alma del difunto’. Esta palabra se ha formado partiendo del sustantivo rezo y añadiendo el sufijo -dor que significa ‘profesión’, al igual que sucede en pescador, labrador, operador, cazador, etc.

Por último, no podemos terminar sin hacer alusión a los famosos angelitos que son los ‘dulces o dinero que se le entrega a los niños el día de Todos los Santos’. Este vocablo alude a una costumbre practicada especialmente en la región norteña, y por tanto recogida solo en diccionarios de piuranismos. Su origen estaría en el hecho de que las madres cuyos hijos han muerto siendo niños, regalan dulces a los niños que tuvieran la misma edad; de este modo la madre recuerda a su hijo y comparte con él como si estuviera vivo. Ahora bien, al difunto niño se le llamaba angelito por lo que el nombre se extendió a los dulces preparados para esta fecha.

Como vemos, las costumbres populares acarrean la creación de términos y significados que nuestro idioma, gracias a sus mecanismos lingüísticos, permite introducirlos para designar las celebraciones y creencias populares.

Lady Noelia Olivares Mauricio

Foto: mcxurxo (CC-BY-2.0)

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