Fue hace cuchucientos años…

Por , publicado el 22 de enero de 2018

Te lo he dicho miles de veces; Ha rezado un millón de avemarías y nada del milagrito; Te hubiera ganado diez mil veces más; Protestas dejan una veintena de detenidos… El uso de los numerales —miles, millón, diez mil, veintena— en estas oraciones no está relacionado con la medida numérica exacta de un conjunto de entidades, sino que tiene un valor aproximativo que intenta mostrar una exageración o hipérbole en el discurso. Hay que recordar que no siempre los numerales nos indican cantidades precisas. Tal como lo señala la Nueva gramática de la lengua española (2009, 1552, 21.10a), estos se suelen emplear en muchas construcciones en las que se exagera algún cómputo, se presenta como aproximado o se expresan significados análogos a los de los adjetivos innumerables, incontables, y otros semejantes.

Entre los numerales más usados con valor aproximativo están los que se forman con el sufijo -ena: decena, docena, veintena, treintena…, así como los terminados en –ar: centenar, millar, y en -ón: millón, billón… Asimismo, los múltiplos de diez: cien, mil, diez mil, cien mil, etc. En el DLE (2014), este valor aproximativo se registra solo en algunos numerales, por ejemplo en la segunda acepción de millón: ‘Número muy grande indeterminado. Te lo he dicho un millón de veces’; o en la tercera acepción de mil: ‘Muy numerosos o abundantes, en cantidad o en número grande e indeterminado. Se le ocurren mil cosas’. Sin embargo, este uso no se ha registrado en la palabra veintena cuyas acepciones señalan solo cantidades exactas: ‘Conjunto de 20 unidades ‖ Que sigue en orden al decimonoveno ‖ Que es una de las veinte partes de un todo’.

Los usos aproximativos de los numerales son muy frecuentes en el habla conversacional. Incluso en el registro coloquial de muchos países hispanohablantes, se han creado numerales cardinales ficticios para señalar un número elevado de personas o cosas, esta designación no solo marca la imprecisión sino que en algunos contextos conlleva matices pragmáticos casi siempre con intención humorística. En España, se recoge tropecientos para ‘designar un número muy elevado de personas o cosas. He visto esa película tropecientas veces; Presentaron tropecientas firmas; Éramos tropecientos para el puesto’ (DLE, 2014). El Diccionario de americanismos (2010) señala que en Argentina y Uruguay se usan los numerales ficticios chiquicientos y quichicientos con el significado de ‘muchas veces’, asimismo, en México y en algunos países de Centroamérica y del Caribe se utilizan los términos chorrocientos, chorroscientos y sepetecientos.  En el Perú el numeral ficticio más usado es cuchucientos con su variante cuchumil.

Según el Diccionario etimológico de palabras del Perú (2014) de Julio Calvo Pérez, cuchucientos es un peruanismo que se ha formado ex nihilo, es decir, que se ha creado sin tener referentes previos. Aunque su origen puede estar relacionado con la voz quechua k’uchu ‘rincón’ más el plural de ciento, en realidad, parece no tener relación etimológica con esta palabra. Por su parte, el Diccionario de peruanismos (2016) solo recoge cuchucientos —y no cuchumil— con el significado de ‘muchos, en gran cantidad o cantidad incontable’. A continuación citamos algunos ejemplos de su uso: «Había estado de compras con ella, y su rostro irradiaba alegría y satisfacción. Pero no bien me vio, zas, la bizquera. Y qué tal bizquerota en catalanas tierras de celebérrimos oftalmólogos. La agarra Barraquer y de frente cuchucientos mil anteojos y sala de operaciones» (Bryce, E. [1981] La vida exagerada de Martín Romaña. Barcelona: Anagrama, 465); «Las ventas siguen bajando, no hay avisos y tenemos cuchucientos mil empleados que entraron en la época de los militares y que no hay manera de botarlos. Yo no sé qué va a pasar si la cosa sigue así» (Bayly, J. [1996] Los últimos días de «La Prensa». Barcelona: Seix Barral, 202).

El término cuchumil parece no ser un peruanismo exclusivo, pues el Diccionario de americanismos (2010) lo registra como un término usado en el Perú y también en República Dominicana;  así lo comprobamos en un fragmento de la obra Solo cenizas hallarás del autor dominicano Pedro Vergés: «Los primeros días a Lucila le daba mucho miedo salir sola, que eso era un lío del diablo por cualquier cosita y a cada rato se encontraba con que de repente se le echaban encima como cuchumil hombres que corrían a lo loco» (1980, 104).

Como vemos, queridos lectores, no todos los numerales se comportan igual. Hay tropecientos, cuchucientos, sepetecientos, cuchumil, o como prefiera llamarlos, que lejos de expresar cantidades exactas señalan valores aproximados o hiperbólicos, a menudo con carácter humorístico y siempre de manera informal.

Bertha Guzmán Velasco

Referencia de imagen: https://diariocorreo.pe/edicion/tacna/una-veintena-de-expositores-animaran-hoy-feria-gastronomica-797157/

2 comentarios

  • Anatolio Bolivar dice:

    Interesante la nota, que sin desmerecerla me deja una pregunta. Así como habla de “numerales cardinales ficticios para señalar un número elevado de personas o cosas,”, ¿hay algo equivalente para “señalar un número insignificante de …”? ¿Algo menos que “poquitín”?

  • Marta Cortés dice:

    En Chile 🇨🇱 hace muchos años atrás se decía “chorrocientos” por muchos años atrás. Por supuesto no tiene raíz etimológica, jajajaja

Deja un comentario

×