Huano o guano

Por , publicado el 20 de marzo de 2017

isla_guanera

Pedro Benvenutto Murrieta, en una nota sobre la ortografía de los peruanismos (1938), aconsejaba seguir el ejemplo de Rodolfo Lenz y escribir huano, huahua, etc., aunque el uso posterior contradice la recomendación y ha preferido mantener guano, guagua, igual que la mayoría escribe otros varios términos: guata, guasca, guacamayo, guanaco, guanay, guarapo, guaraca y guarango. Arona escribía huano y huanear, pero en cambio mantenía guagua. Martha Hildebrandt escribe guagua y guano, pero considera que es indistinto escribir huacho y guacho, y la alternancia, como muy bien afirma, “es simplemente gráfica y no expresa diferencia de pronunciación, la cual es normalmente fluctuante en castellano tratándose del diptongo inicial (h)ua”.

La pregunta es obvia: ¿cuál es la forma como se deben escribir todos esos términos? En realidad, se pueden escribir de las dos maneras, y aunque la tradición ha impuesto el uso de la g en guano, guarapo, etc., hay también muchos vocablos que sí se escriben con h: huaca, huaro, huaso, huaylas, huairuro, huarique y huaquero, entre otros. Lo mismo ocurre con huincha o huífala. No hay una regla fija para la escritura de estas palabras que tienen diptongo inicial y se recomienda en estos casos consultar el diccionario, que suele indicar entre las dos formas la que tiene mayor uso. No todos los términos presentan origen quechua; sin embargo, es cierto que el quechua posee muchas palabras con ese sonido semivocal, y forman un buen número las que se han incorporado al castellano. Son antillanismos guayaba, guaba y guanábana. También hay vocablos similares en México: huarache o guarache (‘sandalia tosca de cuero’). Igual el término antillano guaraguao o huarahuao, que se dice del gallinazo de cabeza colorada y, por insulto, a las personas endebles. Del inglés viene huaipe o guaipe, y la segunda de las formas (más popular) parece estar más difundida y es la que consigna el diccionario.

La preceptiva académica no es estricta en este sentido y permite las dos formas. Se puede escribir guarique y huarique, guaco y huaco. En la tradición popular era normal escribir con la consonante: guano, pero Lenz recomendaba huano por ser más cercana a la etimología del vocablo (del quechua wanu). También porque la Ortografía de la Real Academia Española deploraba aquel otro uso considerándolo vulgar: “el error de los que pronuncian y escriben con g estas voces y otras semejantes” (1820: 34). Al deseo de los académicos se oponía el peso de la tradición que llamaba Guadiana y Guadalquivir a dos de los ríos más grandes de España. Fue el refinado siglo XVIII el que trató de imponer una ortografía más elegante al castellano, y de esa época hay testimonios como el que ofrece el obispo Martínez Compañón, quien recogió la “tonada del huicho” (del quechua wicho, ‘abandonado’) en las serranías de su extensa diócesis.

A la acritud académica dieciochesca había de oponérsele el buen sentido y los manuales reconocerían al fin, ya en el siglo XX, que en cuanto a la h no se podían dar reglas seguras y para ello recomendaban consultar el diccionario. Finalmente, la ortografía del castellano, en especial desde mediados del siglo pasado, ha rectificado y más bien se inclina a que se escriban los préstamos de otras lenguas tal como se pronuncian. En este caso, con el triunfo del fonetismo, la norma viene a refrendar el uso tradicional y popular, que se ha mantenido en los vocablos más usuales.

Los indigenismos históricos y los que han tenido menor uso acabaron fijando su ortografía según la norma académica refrendada por la recomendación del alemán, famoso por haber promovido los estudios lingüísticos en la Universidad de Chile. Seguramente por ello también se les ha otorgado mayor prestigio a las formas escritas con hache, aunque no cambie la pronunciación de las palabras. Pacheco Zegarra en su traducción del Ollantay escribe guairuro, mientras que hoy es más usual huairuro. Esa reacción cultista se dio quizás más en Perú que en otros países cercanos. Así, esto también se aplica a nombres de ciudades y gentilicios, que han “realzado” su ortografía con una forma que parece más culta; y así se cambió Guamanga por Huamanga, Guarmaca por Huarmaca, Guancabamba por Huancabamba, Gualgayoc por Hualgayoc, etc. Y se explican “dobletes” en la toponimia andina: Guachipas en Argentina, Huachipa en Perú…

Para casos similares, el diccionario oficial había consagrado otra solución alternativa, tomada también del uso de los hablantes, por la que, por ejemplo, el inglés watio se incorporó como vatio. Así también, aunque se puede escribir huichayo, el uso tradicional se ha referido siempre a esa especie vegetal como vichayo, tal como Álvarez Vita lo registra en su Diccionario de peruanismos (2009). Aunque proceden del mismo étimo quechua, han venido a ser palabras diferentes vincha ‘cinta que ciñe el cabello’ y huincha o güincha ‘cinta de tela o papel, especialmente la cinta métrica’. Sin embargo, registra huaflera como derivado del inglés waffle y se comprueba así la manera general como se siguen integrando al castellano los préstamos que presentan este sonido en la posición inicial de la palabra. Por ello también no parece aceptable escribir Wari para referirnos al pueblo de Huari o a la antigua cultura huari, y hay que percatarse de que esa otra forma es, simplemente, la que emplea la lengua inglesa.

Carlos Arrizabalaga

Foto: Alex Proimos (CC BY 2.0)

2 comentarios

  • Carlos A. Gainza dice:

    Larga el comentario del guano, en que por primera vez lo veo escrito como huano, quizá porque no he leído lo suficiente.
    .
    De esto pregunto. ¿Cuál es la necesidad de poner una “h” a “huano”, que sonaría igual si fuera “uano”?
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    Me dirán, “para que suene como “g”, entonces ¿porqué no poner directamente “guano”?

    • Castellano Actual dice:

      Estimado Carlos:
      Este grupo de palabras procedentes del quechua que presentan un diptongo inicial no tienen una norma fija: unas se escriben normalmente con hache (huaca) y otras no (guano). Algunas pueden escribirse de las dos maneras (huarique / guarique). Se podría decir que se escriben como suenan, pero en verdad apenas hay distinción en el sonido y el castellano siempre tiende a reforzar el inicio con un sonido consonántico, pero en este caso hubo desde el siglo XIX una reacción purista con lo que ambas opciones han disputado su lugar sin que una haya vencido completamente a la otra: conviven en una especie de armisticio. Con lo cual, la preferencia por una forma u otra tiene que ver con la costumbre y el uso, tal como suele suceder en estos casos especiales en que la ortografía no responde a criterios etimológicos o fonéticos, sino más bien a “razones histórico-gráficas consolidadas por el uso” (Ortografía, 144).
      Saludos cordiales,
      Castellano Actual

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