Interpelar e interpelación

Por , publicado el 4 de septiembre de 2017

La coyuntura política peruana ofrece la oportunidad para tratar la forma y uso de un verbo y su derivado nominal: interpelar e interpelación, dos palabras que en los últimos meses han dado pie a muchos titulares periodísticos y a opiniones sobre su uso como estrategia de actuación de ciertas bancadas políticas. Aquí interesa atender, sin embargo, a su forma y uso.

El verbo interpelar designa la acción de pedir a alguien explicaciones sobre un asunto del cual es responsable o para que cumpla con una obligación asumida, como en estos casos: «Muchos tenemos en nuestras vidas a maestros que nos dejaron una hermosa huella, (…) que nos interpelaron con firmeza cuando la energía adolescente nos arrastraba hacia algunos adorables abismos». (Venturo, S., Lima, Perú21, 22/7/17); «Leí al ‘Boom’ con distintos grados de admiración y cariño pero los escritores que estaban en las orillas me interpelaron más de cerca» (Silva, J., Lima, El Comercio, 9/12/15). Se advierte, pues, que el uso de interpelar se equipara en cierta forma a preguntar, pero no es equivalente, pues el que interpela a alguien lo hace con el afán de pedir o buscar explicaciones, de mover a la reflexión sobre un tema, y, por tanto, la elección de esta forma verbal supone la existencia de un derecho o autoridad para pedir tales explicaciones: la madre al hijo, el profesor al alumno, la opinión pública al funcionario, etc.

En cuanto a su forma, interpelar es un verbo transitivo, cuya acción recae sobre un objeto de persona (como ente individual o colectivo), por lo que este complemento directo debe ir introducido por la preposición a: «Interpelarán a Marilú Martens por huelga nacional de docentes» (Lima, El popular, 26/8/17); «Tras su retorno de Francia, el destacado periodista interpelaba con fiereza a la clase política de los 90» (Santiago de Chile, 24horas, 21/9/13). Si este complemento está sustituido por un pronombre de tercera persona, este debe concordar en género y número:  «O renuncia o lo interpelan» (Lima, RPP, 7/6/17); «Europa se encuentra “desconcertada”, especialmente para hacer frente a los tres retos que la interpelan: el crecimiento económico y la creación de empleo, la inmigración y la lucha contra el terrorismo» (Madrid, Estrella Digital, 15/9/16).

Sin embargo, se registran casos de leísmo (el empleo del pronombre le[s] en lugar de lo[s] o la[s]), probablemente por analogía con preguntar, que actúa como intransitivo cuando se plantea la cuestión sobre la que se formula la pregunta:  Le(s) preguntó sobre los resultados del examen. Así, en «El candidato presidencial (…) sostuvo un breve encuentro con los pescadores de la zona, quienes le interpelaron por la situación de la pesca artesanal en un eventual gobierno suyo» (Lima, La República, 28/1/16), la cuestión planteada no es propiamente una interpelación (según se ha definido antes), sino más bien una pregunta ante un tema que preocupa a los pescadores, pero cuya respuesta no responde a ninguna obligación (al menos formal e inmediata) del candidato. De este modo, no es el verbo interpelar el que se requiere, sino preguntar.

De otro lado, la interpelación, además de designar la ‘acción y efecto de interpelar’, es también una figura jurídica empleada en algunos países democráticos. En Perú, por ejemplo, su uso está regulado por ley: exige un número mínimo de firmas que avalen su moción y debe ir acompañado de un pliego de preguntas que el interpelado deberá responder ante el legislativo. Además, en el caso peruano, la interpelación puede tener un efecto en el interpelado: su censura.

Ya que interpelación deriva de un verbo, este sustantivo admite ir acompañado de unos complementos que precisan el agente (quién interpela) o el paciente (a quién se interpela) de la acción de interpelar. Así, por ejemplo, en «Tras el anuncio de la interpelación por parte del fujimorismo, Basombrío dijo (…) ‘estaré ahí’» (Lima, La República, 22/5/17), el agente de la acción (subrayado) se introduce con la preposición por, mientras que en «El Congreso aprobó la interpelación de la ministra de Educación» (Lima, Gestión, 25/8/17) o «La interpelación a ministra Marilú Martens no será postergada» (Lima, El Comercio, 24/8/17), el paciente, es decir, el interpelado, se introduce con las preposiciones a o de.

Por último, el diccionario académico consigna una tercera acepción del verbo interpelar, ya caída en desuso: ‘Implorar el auxilio de alguien o recurrir a él solicitando su amparo y protección’, como en María, nuestra madre, interpela por nosotros al Padre; Con profusas lágrimas y de rodillas el caballero interpela al rey para que desista de su decisión.  Con este sentido, en el uso actual, interpelar ha sido sustituido por rogar e implorar con el fin de obtener ayuda, humana o divina. Dada la situación, no estaría de más pedir la interpelación divina en la resolución de los conflictos nacionales.

Shirley Yanuaria Cortez González

Referencia de imagen:  http://www.managementjournal.net/item/3827-6-tips-para-manejar-conflictos-en-tu-empresa

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