La interrogación retórica

Por , publicado el 13 de agosto de 2018

Tradicionalmente en un enunciado se han tomado en cuenta dos componentes: el contenido al que alude, llamado dictum (lo dicho); y el modus (el modo) o la actitud del hablante ante lo dicho. En la oración ¿Cuál fue el primer caso documentado de corrupción?, corresponde al dictum la descripción de un estado de cosas (el hecho de que hay corrupción) y al modus el hecho de que el hablante presente una información como una pregunta.

Las oraciones interrogativas denotan e implican una pregunta que, supuestamente, demanda una respuesta. Se dividen en dos grupos: Las interrogativas directas –que pueden ser totales y parciales (tema interesante de otro artículo)– que constituyen enunciados interrogativos (¿Cuántos años tienes?), y las indirectas, las cuales constituyen una clase de las oraciones subordinadas sustantivas (No sé cuántos años tienes).

Las interrogativas retóricas estarían dentro de la clase de interrogativas directas. De acuerdo con la Nueva de gramática de la lengua española (2009: 42.12a), son «las que contienen implícitamente su propia respuesta o sugieren de forma velada la inclinación del hablante que las formula hacia una respuesta particular». Hernández Alonso, en La nueva sintaxis de la lengua española (1994: 61), sostiene que las interrogativas retóricas, tan habituales en la comunicación, son preguntas «que no interrogan, que no demandan nada sino que aportan un énfasis al segmento que aparece en forma interrogativa. Es pues, una falsa pregunta, puesto que tanto el emisor como el receptor conocen la respuesta». Además, hay situaciones en las que el hablante no espera recibir una respuesta (¿Qué me pasa? ¿Qué estoy haciendo?). Lo que convierte a una pregunta en retórica es que no demanda información, sino que expresa su inquietud ante una situación determinada, reafirma nuestro criterio o punto de vista o incentiva al oyente a reflexionar sobre un asunto o a adoptar un cambio en su conducta.

Entre las interrogativas retóricas están las que presentan marcas formales que muestran en qué sentido se orienta la respuesta. Por ejemplo, la presencia del adverbio acaso, en ¿Acaso estuvo allí para ayudarnos?, orienta hacia una respuesta negativa. Además, algunas interrogativas retóricas permiten indefinidos negativos (nadie, nada, ninguno, etc.) y otras expresiones de polaridad negativa que, en este caso, cuando van después del verbo, exigen adicionalmente un elemento negativo delante: ¿No vino nadie a visitarla después de todo lo que hizo?

Hay interrogativas retóricas que carecen de verbo (está elidido y se sobreentiende en el enunciado) y son formuladas con interrogativos que denotan causa: ¿Para qué [hacer] tanto esfuerzo? Se encuentran también en este grupo las preguntas retóricas introducidas por ¿A santo de qué…? ¿A cuenta de qué…? ¿A qué viene…? y otras expresiones similares que implican la inexistencia de un motivo por parte de quien las formula: ¿A cuento de qué se presenta en este momento? Aunque pueden usarse también en riñas o peleas para expresar una queja que demanda información por parte del receptor: ¿A qué viene tanto reclamo? ¿Es que no confías en mí? Pensé que nos teníamos confianza, pero ya veo que no te importa mucho.

Por otro lado, las interrogativas retóricas con interpretación enfática presentan sustantivos (diferentes según los países: demonios, diablos, diantre, narices, carajo, etc.) que acompañan a los pronombres y adverbios interrogativos y revelan fastidio, incomodidad, impaciencia, desesperación y otras actitudes similares, como en ¿Dónde diablos habrá dejado la llave?; ¿Qué demonios tiene que meterse?…

Las preguntas retóricas con ¿A que…? dan a entender que lo que se dice es correcto o que el interlocutor plantea un reto o una apuesta real o ficticia: ¿A que no sabe usted Azorín, en lo que pensaba don Víctor cuando se estaba muriendo?

Estas construcciones suelen aparecer en textos argumentativos y son utilizadas por el emisor como elementos de captatio benevolentiae (llamar la atención del receptor) o como recursos de afirmación de supuestos o hipótesis de una argumentación. Por ejemplo: ¿No es cierto que todos preferimos una alegría a un sufrimiento?; ¿Y ahora qué? (edit. El Comercio 20.07.2018 / 11:32 pm). En ese mismo editorial hay un párrafo constituido por dos interrogativas retóricas: ¿Qué sigue? ¿Qué es lo que se puede y debe hacer para salir de este delicado trance sin alterar el marco institucional?

Por último, también pueden aparecen estas interrogativas en otros tipos de textos como, por ejemplo, en los poéticos: ¿Serás, amor, un largo adiós que no se acaba? (Pedro Salinas) o en conversaciones coloquiales en forma de frases hechas: ¿Acaso me estoy riendo?; ¿Tengo monos en la cara?…

Nelly Trelles

Referencia de la imagen: Mafalda. Quino

9 comentarios

  • Jacinto Gonzalez dice:

    Pero, qué es la retórica?

  • Anónimo dice:

    …y, para los profanos o no iniciados, qué es retórica?

  • Carlos GN dice:

    Jacinto y Anónimo:
    Entiendo que la retórica es un sinónimo de oratoria, es decir, la definición tradicional sería “el arte de hablar al público con propiedad, elocuencia y persuasión”. Sin embargo, creo que en este artículo se usa el término “interrogativa retórica” para referirse a un tipo específico de oración interrogativa que usa un hablante en su discurso (retórica). A ver qué nos dice el Castellano Actual

  • Anónimo dice:

    Sí, gracias, pero mejor que lo aclare Castellano Actual, porque eso de que retórica sea “el arte de hablar al público…” y excluya a lo escrito, confunde.
    También, ¿porqué usan “interrogativa retórica” y no “retórica interrogativa”? ¿Por retórica escrita?

  • Carlos GN dice:

    Estimado Anónimo:
    En el ámbito de la lingüística (estudio del lenguaje humano y las lenguas), cuando se habla de discurso se incluyen tanto al oral (el habla) como al escrito (el texto).

    En cuanto a tus preguntas, entiendo que desde el punto de vista de la clasificación de una oración interrogativa queda mejor referirte primero al tema (oración interrogativa) y luego al tipo de interrogativa (retórica) y así te da “interrogativa retórica”. Pero yo también usaría la otra forma (retórica interrogativa) si me refiero primero al discurso (retórica) y luego al tipo de oración (interrogativa) que uso en el discurso, ya sea oral o escrito.

    Felicidades porque veo que te interesa mucho cómo funciona nuestra lengua (el castellano o español); a pesar de que la usamos diariamente, es un tanto complicada ¿verdad?

  • Anónimo dice:

    Me interesa cómo funciona nuestra lengua (el español en España o el castellano, mayoritariamente fuera). Además me divierte participar,

    Que nuestra lengua es complicada, lo es y me huele, me tinka o sospecho que adrede la complicaron un grupo de “intelectuales” para distinguirse y ser ellos los que dominaban o manejaban el saber y, más tarde, ser los que lo enseñan. Nuestra lengua tiene miles de reglas con miles de excepciones y otras tantas “aceptaciones”, largo muchas más que el inglés, que lo sé superficialmente y lo comparo, con su terrible ortografía o deletreo (spelling).

    Si nuestra lengua fuera simple y lógica, natural y espontánea, no estaríamos aquí conversando.

  • Carlos GN dice:

    Agregaría que la lengua oral (el habla) es más simple, tiene menos restricciones, y se aprende en casa (los que saben la llaman lengua materna porque la mamá es la primera que habla con sus hijos desde que nacen y la que más interactúa con ellos en el hogar), en tanto que la lengua escrita sí requiere de ciertas formalidades que debemos aprender en la escuela y en foros como este para dar a entender de manera correcta nuestras ideas, pues no existe la interacción directa entre el que escribe y el que lee.
    De ahí que usamos signos ortográficos inventados por las personas dedicadas a la gramática, aunque no siempre existieron pues en la antigüedad y la Alta Edad Media se escribía sin espacios ni puntuación (seescribiasinespaciosnipuntuación).

  • Jordi Castillejo dice:

    A Anónimo: No entiendo esa insistencia de algunos en definir nuestra lengua como español solo en España y Castellano fuera.
    Lo considero un error. El idioma es el español y la lengua el castellano pero no hay diferencia como tal. Otra cosa es cuando queremos distinguir entre una de las lenguas oficiales de algunas regiones de España (castellano, catalán, gallego y euskera).

  • Anónimo dice:

    Jordi, es un modo de definir dos variantes de lo mismo. Lo que sigue lo grafica:

    “Cuando veo películas o telenovelas provenientes de España, por supuesto en español, hay veces que no se entiende el diálogo y cómo quisiera que tengan subtítulos es castellano.”

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