Las funciones de los signos de puntuación

Por , publicado el 20 de agosto de 2020

Los signos de puntuación son signos ortográficos que organizan el discurso escrito para facilitar su comprensión. Al poner de manifiesto las relaciones sintácticas y lógicas entre sus diversos constituyentes, evitan posibles ambigüedades y señalan el carácter especial de determinados fragmentos (citas, incisos, intervenciones de distintos interlocutores en un diálogo, etc.). En el castellano actual forman parte de este grupo de signos la coma, el punto, el punto y coma, los dos puntos, los puntos suspensivos, las comillas, los paréntesis, los corchetes, la raya, los signos de interrogación y los de exclamación.

El fin primordial de los signos de puntuación es facilitar que el texto escrito transmita de forma óptima el mensaje que se quiere comunicar. De esta manera, los signos desempeñan principalmente tres funciones: demarcativa, indicadores de modalidad y omisión de parte del contenido, funciones de las que se hablará a continuación.

La función principal es la función demarcativa, es decir, indicar los límites de las unidades sintácticas y discursivas del texto escrito. Este empleo permite a los lectores percibir de modo sencillo cómo está organizado el mensaje. En los siguientes casos, el punto (en a) y los signos de interrogación y los exclamativos (en b y c) señalan la existencia de dos enunciados y los límites entre ellos:

 a. Tenemos que trabajar con esa mirada. Primero la salud y luego salir de la crisis económica que ha causado esta pandemia. (larepublica.pe 16/08/20).

b. ¿Vendrás a almorzar el sábado? Me avisas con tiempo.

c. No subirás a ese cerro. ¡Ni lo intentes!

Hay signos de puntuación como la coma, el punto y coma, los paréntesis, etc., que delimitan unidades inferiores dentro de un enunciado. Inclusive los signos de exclamación e interrogación pueden encerrar solo una parte de este, por lo que la palabra que sigue empezaría con minúscula:

a. Carlos, escribe en la pizarra, por favor.

b. Todos estaban alegres; el problema se había resuelto al fin.

c. La Universidad de Piura (UDEP) tiene un campus precioso.

d. Pero ¿qué opinas tú?, me gustaría escuchar tu opinión.

e. –¡No haga desorden! –vociferó.

 Todos los signos de puntuación son delimitadores. Gracias a ello se determina con claridad la función sintáctica de los elementos de un enunciado. Por ejemplo, en el primer ejemplo anterior (a), vemos dos usos de la coma: el primero permite reconocer que el sustantivo Carlos desempeña la función de vocativo y no la de sujeto de la oración. El vocativo, palabra con la que se indica a quién se dirige el interlocutor, debe ir separado por coma del resto del enunciado. Del mismo modo, las interjecciones se separan con coma, y es lo que permite que no interpretemos que por favor es complemento del verbo, o sea, aquello que Carlos debe escribir en la pizarra. La ausencia de las comas, pues, daría como resultado una oración completamente distinta: «Carlos escribe en la pizarra por favor». En la primera tenemos una oración imperativa; en la segunda, una enunciativa afirmativa.

La Ortografía de la lengua española (2010) distingue dos grupos de signos delimitadores: los llamados principales –el punto, la coma, el punto y coma, y los dos puntos–, que establecen los límites entre las unidades básicas del texto; y los de segundo orden, un grupo de signos, todos ellos dobles —raya, paréntesis, corchetes y comillas—, que delimitan fragmentos de texto con los que se interrumpe el discurso principal para aportar información de diversa índole (cita textual, incisos…).

En segundo lugar, algunos signos de puntuación sirven para indicar la modalidad de los enunciados. Esto es, reflejan la actitud del hablante en relación con el contenido de los mensajes. Los signos de puntuación que cumplen con este fin son los de interrogación, los de exclamación y los puntos suspensivos.

Así, un mismo enunciado puede interpretarse de forma diferente según la entonación que los signos de puntuación aporten: Estamos bien, carente de signos de modalidad, se interpreta como una oración enunciativa afirmativa; ¿Estamos bien?, en cambio, como una oración interrogativa (pregunta empática del doctor al paciente, por ejemplo); ¡Estamos bien!, como un enunciado exclamativo que expresa un estado anímico (alegría, dolor, ira…) o también el tono elevado de voz con que se acompañan las órdenes; y con los puntos suspensivos, Estamos… bien, se puede indicar duda, suspenso, temor, ironía, información incompleta o consabida, lo que el contexto ayudará a interpretar de una u otra forma.

Cabe recordar que en castellano la entonación interrogativa y la exclamativa debe ir marcada tanto con un signo de inicio como de cierre y que el signo de inicio se debe colocar exactamente donde empieza la pregunta o la exclamación: ¿Cuántos años tienes?; Si ya saben cómo me pongo, ¿para qué me invitan?; Francamente, ¡qué horror! Asimismo, si el signo de exclamación o interrogación es el que cierra el enunciado, ya no hace falta colocar punto final.

Finalmente, la tercera función consiste en marcar la omisión de parte de un enunciado, función que en español solo la pueden cumplir los puntos suspensivos y la coma. Los puntos suspensivos, que son solo tres (y no hace falta multiplicarlos), indican la supresión de una parte del enunciado, que queda así incompleto. Esta supresión, como se vio más arriba, obedece al interés el hablante por dejar en suspenso algo que, según las circunstancias comunicativas, considera que no hace falta mencionar porque su interlocutor puede completar la información o prefiere no hacerlo por temor, duda, etc. En el ámbito académico, los puntos suspensivos entre paréntesis o corchetes usados en una cita textual indican que se ha suprimido parte del contenido de la cita original.

El uso incorrecto de los tres puntos, como signo que indica omisión, puede dar lugar a textos gramaticalmente incorrectos: *Tenía una cara/ Tenía una cara… En el primer caso, la oración resulta no solo incorrecta, sino incongruente con nuestro conocimiento del mundo, que da por consabido que todos los humanos tienen una cara, por lo que no resulta informativo; en cambio, en el segundo, los puntos suspensivos indican que se omite la información del tipo de gesto que la persona mostraba, pero que por el contexto comunicativo podríamos interpretar (cara de susto, de pena, de molestia…).

Por último, la coma puede servir para omitir un verbo cuando este ya ha sido mencionado previamente y no hace falta volverlo a usar (María pidió hamburguesa y yo, pollo (donde la coma omite pedir) o cuando este podría ser deducido fácilmente: Dos por dos, cuatro (la coma omite son).

 

Un comentario

  • Jacinto Gonzáles dice:

    Leer todo esto de los signos de puntuación y su limitado ámbito, nos dicen para que sirven pero no para qué no sirven, esto es cuándo no usarlas. No sé música, pero he tenido a mano partituras con signos de ejecución tan claros e universales que en Japón quien sea puede ejecutarla como lo propuso su autor. Un escrito en castellano, siguiendo al pie de la letra las “funciones de los signos de puntuación” se presta diferentes interpretaciones.

    “Una pareja hacían comentarios,”cosas”, de su mamá” ¿la mamá de quien o de cual de los dos?

    En la riqueza que se dice que el casellano tiene, le falta el “su de él” y el “su de ella”. Claro que, dando vueltas y explicaciones, hay recursos para determinarlo. Pero que falta,falta.

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