Lenguaje y geometría

Por , publicado el 4 de noviembre de 2020

La geometría, que formaba parte del quadrivium medieval, es una de las ciencias más antiguas de la enseñanza universitaria, por lo que no debe extrañarnos su presencia temprana en el vocabulario general: cuadrado, por ejemplo, era el troquel utilizado para acuñar monedas y medallas. Y en Hispanoamérica llamamos cuadra a la sección de la calle comprendida entre dos esquinas, debido a que originalmente medía la cuarta parte de una milla. Pasaron varios siglos hasta que algunas calles transversales recibieran el nombre de diagonales. Uno puede estar rodeado de un círculo de amigos o rechazar un triángulo amoroso.
La geometría nos ha dado además tres curiosos términos que se lematizan en el diccionario tanto como verbos o como adjetivos: circular, triangular y cuadricular, a los que el diccionario podría añadir ahora cuadrangular. Podemos triangular a alguien en un edificio triangular y cuadrangular algo en un parque cuadrangular.
Aplicado a la matemática, una progresión geométrica es aquella sucesión en la que cada término se obtiene multiplicando al anterior por una cantidad fija, llamada razón. Lo que no entendemos muy bien, aunque nos imaginamos que el periodista quería decir algo muy grande, es “la expansión geométrica del crimen organizado” (La República, 13/10/2011).
En el castellano actual hay en verdad numerosas acepciones que derivan de la terminología de esta antigua ciencia: circular por la calle no es hacer círculos, y la persona cuadriculada no es aquella que está recubierta de líneas rectas entrecruzadas. La rectitud, opuesta a la doblez, la cuadratura y la redondez pronto adoptaron otros sentidos en los ámbitos de la moral o del intelecto. Del mundo militar provienen nuevas acepciones de línea y de alinearse. Vocablos como área, ángulo, punto plano pronto adquirieron nuevos significados y varios de ellos, ya en el Diccionario de autoridades designan novedades del urbanismo y la arquitectura, o de la esgrima y la artillería.
Indudablemente la condición visual de los significados originarios estimula una gran expresividad de las nuevas acepciones que adquieren algunos de estos términos. Así, defender una posición diametralmente opuesta revela un valor incuestionable, mientras que hay que aquilatar la habilidad del que escapa (sale o se va) por la tangente, y nunca faltan cosas que no cuadran bien. También podemos hacer cosas en paralelo, cuando logramos avanzar dos al mismo tiempo, y lo hemos escuchado como una locución preposicional en la frase:«paralelo a esto emprendí con natación». Un caso de éxito es el adjetivo transversal y su derivado, tan de moda últimamente en el léxico político, de la transversalidad, que se aplica a la educación y a otros ámbitos, sobre todo desde cierta tendencia ideológica.
Las más recientes acepciones de estos términos podrían ser triangular y triangulación, voces que proceden del lenguaje de la telefonía celular, de modo que ahora es posible triangular la posición de cualquier persona (detenida o en movimiento) siempre que tenga un aparato telefónico prendido. Por otro lado, el verbo y el sustantivo derivado pueden significar algo muy diferente, con el sentido de incidir o de afectar con un matiz subrepticio:«Esta vez, la triangulación agresiva afecta a Cuba, Colombia y Venezuela pero se proyecta también contra otros» (La República, 29/06/2004).
Tal vez el término geométrico que más líneas ha sobrepasado es tangente, con su derivado tangencial. El diccionario define tangente de esta manera: ‘Dicho de dos o más líneas o superficies: que se tocan o tienen puntos comunes sin cortarse. Recta que toca a una curva o a una superficie sin cortarlas. Y cociente entre el seno y el coseno de un ángulo’. Una tangente es también un subterfugio o evasiva para salir de un apuro:«(…) el nacionalista salió por la tangente y declaró que los candidatos no tienen por qué abordar temas relacionados con el país llanero» (Correo, 06/04/2011);«Burga se salió por la tangente cuando le preguntaron por el veto a la sede del Cusco por la FIFA» (República, 19/07/2007). El derivado adopta el significado de ‘momentáneo’ o ‘superficial’, referido a algo de modo parcial y no significativo: Consultado si durante el interrogatorio que se le realizó a Jorge Barata en el tercer día se mencionó a Lourdes Flores, precisó que fue de manera«tangencial» (Correo, 25/04/2019);«El burgomaestre dijo ayer que prefería abstenerse de opinar sobre cada postulante y solo se pronunció de manera tangencial sobre el tema» (Correo, 11/05/2018).
Fácil se aplica a las personas evasivas o poco significativas. Así pues, Rene Gastelumendi describía a un conocido burgomaestre como un«alcalde tangencial» (La República, 13/02/2020). El adjetivo, así, se sustantiva con el sentido de evasión:«Me pregunto ¿qué tiene que ver tremenda tangente? Esas tangentes son comunes en el mejor alcalde de Lima de todos los tiempos» (La República, 13/02/2020);«(…) aplaudo la forma evasiva del encargado de responder las cartas y, siguiendo sus comentarios, ya sé de qué pie cojean en ese diario y por dónde se dirige la tangente» (La República, 20/02/2004). Con otra acepción muy diferente, adquiere ahora el sentido de relevante, lo que amerita una mayor investigación, porque tal vez se trate de un error:«Los primeros videojuegos de ambas consolas ya muestran su mejor cara. Los gráficos, sin embargo, no será lo más tangente en el avance tecnológico de esta generación». (La República, 05/08/2020).
Como toda extensión semántica, la irrupción de términos geométricos en otras esferas produce distorsiones. Resulta llamativo el empleo de asimetría y relaciones asimétricas, aplicado a las desigualdades socioeconómicas; como si la realidad social, en la que ninguna realidad es idéntica a otra, pudiera someterse tan rígidamente a proporciones geométricas.

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