Los pronombres: “situadores” y sustitutos por siempre

Por , publicado el 31 de mayo de 2012

Cuando hablamos, y más aún cuando escribimos, tenemos la necesidad de reemplazar algunas palabras por otras con el fin de evitar su repetición. En español existe un conjunto de términos que señalan o remiten a unos ya mencionados en el texto o que anticipan a otros en el devenir del discurso. Entre esos términos encontramos los llamados pronombres personales, los posesivos, los demostrativos, los relativos, los indefinidos, etc. Son todos elementos “situadores” (Coseriu, 1967: 301) por el hecho de que se relacionan con las personas que intervienen en el acto comunicativo, y además funcionan como “proformas” o sustitutos textuales.

Por ser “situadores” los pronombres en general son deícticos por antonomasia, es decir, se trata de elementos que al carecer de referente fijo y de significado autónomo, se emplean para localizar e identificar personas, objetos, acontecimientos, etc., dentro y fuera del texto, de acuerdo con un contexto informativo y una situación espacio-temporal dada. Existen dos tipos de deícticos: los endofóricos, que relacionan elementos dentro del texto y presentan dos dimensiones: anafórica, en la que el pronombre remite a algo ya mencionado evitando su repetición: Érase una vez un viejecito y una viejecita muy pequeñitos que vivían en un zapato. “Él” fumaba en pipa y “ella” cosía en una mecedora (“él” y “ella” aluden a “viejecito” y “viejecita”, respectivamente); y catafórica, en la que el pronombre anticipa lo que viene a continuación: “Les” dije a mis padres toda la verdad (“Les” anticipa a “mis padres”). Y los exofóricos, que relacionan un elemento del texto con un referente que está fuera de él: ¡Dame “eso”!

A los pronombres se les distingue, por tanto, por su vínculo con las personas que intervienen en el acto de habla. Así, los pronombres personales señalan directamente a los participantes en la comunicación: “Tú”, izarás la bandera; Lucía y Claudia “se” prepararon con esmero para el desfile escolar. Después “se” enteraron de que no desfilarían (el pronombre personal recíproco “se” se refiere a Lucía y Claudia ). Los posesivos indican un objeto según el grado de pertenencia con respecto a alguna de las personas de la enunciación: Gabina participó en el concurso de marinera. “Su” (de Gabina) garbo y buen estilo gustaron a la concurrencia. Los demostrativos remiten a un objeto destacando el lugar en que se halla con relación a los hablantes del discurso: Juan canta con mucho respeto el Himno Nacional, pues sabe que “este” (el Himno Nacional) constituye el emblema y símbolo sonoro de la Patria.

Los pronombres relativos se emplean para reproducir una parte del texto e introducir un periodo subordinado: La película “que” (“la película”) vimos ayer nos gustó mucho. Por su parte, los indefinidos se refieren a un objeto de forma vaga e indeterminada, pues no lo identifican con precisión: Los alumnos hicieron diversos trabajos alusivos a las fiestas patrias. “Algunos” resumieron varios capítulos de un libro que les dejó su maestra y “otros” recogieron datos en revistas y periódicos (“algunos” y “otros” aluden a una parte de los alumnos, sin señalar un número concreto).

Cabe indicar que solo pueden ser sustitutos textuales los pronombres de tercera persona, pues estos son capaces de enlazarse con un segmento precedente u otro que va a aparecer en el texto; además no se relacionan con ningún papel participante dentro de la comunicación: Daniela practica vóley y básquet. “Ella” (“Daniela”) es una gran deportista. Los pronombres de primera y segunda persona se usan, en cambio, para referirse a las personas que participan en la comunicación, no remiten al texto: –¿Qué tal te va? / –A “mí” muy bien, ¿y a “ti”? (“mí” se refiere a la persona que responde, y “ti” a la persona que pregunta). La primera y segunda personas son anafóricas en la lengua escrita, cuando aparecen en estilo directo, pero conviene que el lector acuda al texto para descubrir quién es quién en el acto de habla: Miguel entraba y se dirigió al dueño con una sonrisa: –¿Cómo está usted? Me (Miguel) han dicho que ha preguntado por mí (Miguel).

Susana Terrones Juárez

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