Los roles de género en el debate formal

Por , publicado el 14 de octubre de 2019

Cuando participamos en discusiones de tipo formal, solemos creer que lo más importante es lo que se dice, pero, ciertamente, obtenemos mucho más, ya que lo dicho está matizado por quiénes han intervenido y de qué modo lo han hecho. Estas otras “informaciones” no suelen considerarse ni analizarse, pero es importante hacerlo, pues como sabemos, generan efectos tanto positivos como negativos, en términos de eficiencia en la comunicación entre colegas cuando se tratan problemas que son del interés de todos.

Como señala el filósofo y pensador ruso Mijaíl Bajtín (1989) en su ensayo “El problema de los géneros discursivos”, la palabra siempre adopta significados diferentes que son inseparables del contexto de enunciación, compuesto por la situación social inmediata y de una serie de creencias y valores de un grupo social y una época. En este artículo comentaremos diversos elementos del evento “debate formal” y las peculiaridades del estilo comunicativo del hablante según su género.

Sin duda, el debate es una forma de diálogo. En Las cosas del decir (1999), Helena Calsamiglia y Amparo Tusón señalan que por medio del diálogo se crean y mantienen relaciones, pero estas se enrarecen o se rompen cuando la comunicación se hace difícil. La estructura dialogal es secuencial y jerárquica; secuencial porque el sentido de cualquier enunciado solo podrá interpretarse en función de lo mencionado anteriormente o de lo dicho a continuación; y jerárquica porque señala la existencia de unidades de diferente rango superpuestas unas en otras de menor a mayor en la construcción conversacional (de lo micro a lo macro): acto, intervención, intercambio, secuencia temática o de finalidad, e interacción.

Continuando con estas autoras, el debate es un tipo de texto argumentativo que puede tener un orden progresivo (de la premisa a la conclusión) o regresivo (de la conclusión a la premisa) y sus instrumentos pueden estar orientados a la racionalidad o a la emoción. Además, al analizar su estructura, observamos todos los elementos de la argumentación: existe un asunto problemático; se intercambian puntos de vista para enfrentarlo; el carácter es de confrontación (oposición y defensa de las propuestas); y la función principal es convencer o provocar la adhesión del otro.

Por otra parte, el género del hablante es un aspecto relevante. Deborah Tannen (1990) describe que existen seis diferencias en la comunicación oral entre hombres y mujeres. En seguida, de manera muy general, definimos cada una de ellas:

  1. Estatus versus apoyo (“status versus support”)

Los hombres ven el mundo como un lugar donde la gente trata de obtener estatus e intentan preservarlo. En cambio, las mujeres ven el mundo como una red de conexiones donde buscan apoyo y el consenso.

  1. Independencia versus intimidad (“independence versus intimacy”)

Los hombres, preocupados por el estatus, tienden a centrarse más en la independencia, mientras que las mujeres a menudo piensan en términos de cercanía y apoyo. Estos rasgos pueden llevar a las mujeres y los hombres a dar opiniones totalmente diferentes de una misma situación.

  1. Asesoramiento versus comprensión (“advice versus understanding”)

Para muchos hombres, una queja es un desafío para encontrar una solución, a diferencia de las mujeres, que buscan que las comprendan.

  1. Información versus sentimientos (“information versus feelings”)

La conversación de los hombres se basa en la comunicación de información. Para las mujeres, en la conversación es mucho más importante establecer relaciones y fortalecer los vínculos sociales.

  1. Órdenes versus solicitudes (“orders versus proposals”)

Los hombres al hablar con los demás utilizan imperativos directos. En cambio, las mujeres emplean formas más indirectas para hacer una solicitud.

  1. Conflicto versus compromiso (“conflict versus compromise”)

Los hombres están mucho más dispuestos a defender sus preferencias en un conflicto. Pero la mujer tiene más probabilidades de evitar las peleas y los conflictos, al negarse a oponerse o hacerse valer.

También, recurrimos a Jennifer Coates (1997) quien señala que las mujeres dan prioridad al grupo más que a la individualidad, y, en consecuencia, fusionan sus discursos hasta el punto de producir en conjunto los enunciados para lograr entre todos un texto coherente.

En definitiva, cuando debatimos es aconsejable vigilar que la participación contribuya a lograr buenos resultados. En muchas oportunidades, este tipo de interacciones implica tomar decisiones sobre temas sensibles para el grupo.  Por ello, reconocer este tipo de contrastes nos ayudan a ser más agudos al observar a los otros y a nosotros mismos siempre con el compromiso de entendernos cada vez mejor.

Isabel Martins

Un comentario

  • Anónimo dice:

    ¿Porqué Isabel Martins, y otros en otros casos, en su tesis dice “En este artículo comentaremos…”, usando el plural?

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