Los topónimos

Por , publicado el 21 de mayo de 2018

Los nombres propios son voces o expresiones que sin tener un sentido léxico se emplean para “designar o referirse concretamente a seres, entidades u objetos únicos, individualizándolos” (Ortografía de la lengua española, 2010: 624). Su clasificación es tan amplia como la de los sustantivos comunes. Así tenemos que los que se refieren a personas se llaman antropónimos (Pedro, Luis, María, etc.), los de animales se designan como zoónimos (Rocinante, Laika, Platero, etc.) y los de lugares se denominan topónimos.

La toponimia, llamada también onomástica geográfica, es una ‘rama de la onomástica que estudia el origen de los nombres propios de lugares, así como el significado de sus étimos’ (Diccionario de la lengua española, 2014). El término toponimia deriva etimológicamente del griego τόπος (tópos, ‘lugar’) y ὄνομα (ónoma, ‘nombre’).

Los topónimos pueden designar continentes (América, Oceanía, Europa), países (Perú, Australia, Francia), estados (California), departamentos (Lima, Madre de Dios, La Libertad), provincias (San Vicente de Cañete, Morropón, Acomayo), ciudades (Piura, Lima, Trujillo), distritos (La Legua, La Matanza, Cristo nos Valga, etc.), calles (Tacna, Tarata), barrios (Norte, Sur, Barrios Altos), montañas o picos (Aconcagua, Huascarán), volcanes (Kilimanjaro, Loa), etc.

Un grupo especial de topónimos lo constituyen los hidrónimos, es decir, los nombres propios que designan los ríos (La Leche, Jequetepeque, Marañón, Amazonas, Guadalquivir, Támesis, etc.), canales (Suez, Corinto, Kiel, Canal de Panamá, etc.), mares (Negro, Caspio, Rojo, etc.), océanos (Pacífico, Índico, etc.), arroyos. En cuanto a estos últimos, la mayoría carecen de nombre propio fijo y se les conoce con el nombre que les dan los pobladores de un lugar, la Nueva gramática de la lengua española. Manual menciona el arroyo Miguelete ubicado el Paraguay (2010: 12.5.1b).

Los topónimos se forman, usualmente, por aposición especificativa que une un término genérico con uno específico. El genérico identifica la naturaleza de la entidad geográfica denominada (pico, río, nevado, laguna, etc.); mientras que el específico identifica de manera particular la entidad geográfica denominada (Huascarán, Chira, Pacífico, etc.). La unión de ambos términos puede darse por yuxtaposición: nevado Huascarán, río Chira, océano Pacífico, mar Cantábrico, etc. (la mayoría de hidrónimos se forman por este mecanismo) o usando la preposición de: laguna de Lauricocha, el cabo de Hornos, la falla de San Andrés, etc.

Cuando los topónimos son pluriverbales mantienen la escritura independiente: San Cristóbal de las Casas, Camino Real, Punta Arenas, etc. Sin embargo, cuando los primeros elementos son átonos, forman con el elemento acentuado un solo grupo que permitirá que se escriba en una sola unidad léxica: Monterrubio, Valparaíso… En muchos casos la amalgama refleja la fusión de vocales, que se da primero en la lengua hablada y pasa después a la escrita: Puntarenas (y no Puntaarenas). En cuanto al uso del guion para unir los términos, en el español, lo normal es  no usarlo, a no ser que la denominación oficial lo contenga: Vélez-Málaga (municipio de la provincia de Málaga en Andalucía, España).

Respecto a la ortografía, como cualquier nombre propio, los topónimos se escriben siempre con inicial mayúscula. Si el artículo es parte constitutivo de su nombre debe escribirse también con mayúscula inicial: La Paz, El Salvador, La Habana, etc.

En cuanto, al sustantivo genérico de carácter geográfico que acompaña al nombre propio debe escribirse con minúscula: mar Mediterráneo, río Amazonas, cordillera de los Andes, la ciudad de Panamá, el país de Gales, etc., pero si el sustantivo genérico forma parte del nombre propio también debe ir con inicial mayúscula: Cabo Verde (país), Ciudad del Cabo (ciudad), Países Bajos (país), Canal de Panamá (canal) (Cfr. Ortografía, 2011: 477).

Sobre las reglas de tildación, los topónimos españoles deben someterse a las reglas generales de acentuación gráfica: Ciudad Juárez, Medellín, Bogotá, París, Huascarán, Mariscal Cáceres.

En el tratamiento de los topónimos de procedencia extranjera, la Academia ha considerado los siguientes criterios: transcripción y adaptación de acuerdo con las normas ortográficas del español, aceptación de grafías no adaptadas o semiadaptadas, pero asentadas en el uso; y reconocimiento de los cambios de denominación oficial, sin dejar de lado las formas tradicionales vigentes. De esta forma cada uno de los topónimos registrados ha recibido un tratamiento diferente de acuerdo con su adscripción a uno de los siguientes grupos:

  1. Topónimos con forma tradicional plenamente vigente en español que, no obstante, aparecen con frecuencia en los medios de comunicación con nombres o grafías propias de otras lenguas. Por ejemplo, se prefiere la forma adaptada al español Amberes y no Antwerpen ni Anvers, Ciudad del Cabo no Cape Town, Milán no Milano o Nueva York no New York.
  2. Topónimos que carecen de forma adaptada al español y se emplean tradicionalmente con la grafía propia de la lengua local o con la grafía correspondiente a una lengua intermediaria. Se respetan estas grafías, incluso en lo concerniente a su acentuación, por tratarse de formas ya asentadas en el uso: Canterbury, Ottawa, Washington o Copenhague, etc.
  3. Topónimos cuya forma tradicional en español ha caído en desuso en favor de la forma local. Se da primacía a la forma local: Bremen (antes Brema), Miami léase [mayámi], etc.
  4. Topónimos con cambio de denominación oficial en favor de la forma local, pero que cuentan con una forma tradicional plenamente vigente. Se prefiere la forma española: Calcuta (no Kolkata), Moldavia (no Moldova), Bombay (no Mumbai). Solo en aquellos casos en que se ha producido un verdadero cambio de nombre se recomienda la nueva denominación, que debe sustituir a la anterior: Burkina Faso (antiguo Alto Volta) o Sri Lanka (antiguo Ceilán).
  5. Topónimos que se emplean a menudo con grafías que pertenecen, por lo general, a lenguas que utilizan alfabetos no latinos o que carecen de escritura. Se propone la adaptación de esas formas al sistema gráfico del español de acuerdo con la pronunciación más generalizada entre los hispanohablantes: Zimbabue (no Zimbabwe), Punyab (no Punjab) o Buriatia (no Buryatia).
  6. En el caso de topónimos pertenecientes a lenguas que utilizan alfabetos no latinos, se recomienda la forma gráfica que resulta de aplicar las normas de transliteración de esos alfabetos al español y se reconocen, si las hay, otras grafías asentadas: Qatar o Iraq (también Irak). Las formas transcritas se acentúan gráficamente de acuerdo con las normas ortográficas del español: Shanghái, Taipéi. En cuanto a los topónimos que responden al estándar «pinyin», se prefiere, si la hay, la forma tradicional española: Pekín (no Beijing), Cantón(no Guangdong [provincia] ni Guangzhou [capital]) o Nankín (no Nanjing) (Diccionario panhispánico de dudas, 2005).

Nelly Trelles Castro

Referencia de la imagen: https://es.globalvoices.org/2016/05/27/los-seguidores-del-escritor-mario-vargas-llosa-podran-seguir-su-ruta-en-lima-y-arequipa/

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