Metáforas vivas y metáforas muertas

Por , publicado el 1 de abril de 2019

Aunque el lector no haya entrevisto exactamente el tema de este artículo, es posible que comprenda por su título que tratará en parte de metáforas que no funcionan como tales. En el habla coloquial, el adjetivo muerto se aplica para describir una serie de situaciones ajenas a la biológica: una fiesta aburrida (La fiesta estuvo muerta), un lugar público que debiera ser más concurrido (Hoy el mercado está muerto). Y cuando alguien grita con mucha fuerza, se dice que grita a viva voz. Ninguna de las frases, pues, suscita sorpresa o mayor dificultad para la comprensión. Muy contraria es, por ejemplo, la reacción de un estudiante cuando, en su clase de literatura, al leer la descripción de un gigante y su hábitat en la Fábula de Polifemo y Galatea (1612) de don Luis de Góngora, se enfrenta a frases como bostezo de la tierra o su barba es un torrente. En ese caso, el lector se sentirá extrañado por la asociación de objetos disímiles, y no sabrá explicarse el significado cabal de las frases.

Sin embargo, hay un suceso común a las dos situaciones. En ambas tiene lugar un traslado de sentido: un significante desplaza a otro y toma su significado. Así, que una fiesta esté muerta no significa que el evento tuviera procesos biológicos en algún momento pasado (y ya no); ni Góngora está diciendo que la tierra tiene sueño y bosteza. Sucede que, para comunicar una idea, se ha figurado unas ideas en otras. En el primer caso, se indica que no hubo actividad en la fiesta, de la manera en que no hay procesos biológicos en un cadáver; en el segundo, se hace referencia a una cueva, la cual semeja la boca humana al bostezar. En todos los casos anteriores, la comunicación se da por medio de la metáfora.

La metáfora describe una tríada: tiene un elemento literal, el que va a ser metaforizado; un vehículo, que es la figuración del elemento literal; y un tertium comparationis, que es el rasgo común entre el elemento literal y aquel que fundamenta la relación. El tertium comparationis es, en primera instancia, aquello que el hablante busca comunicar del elemento literal por medio del vehículo. Aunque los teóricos atisban con sustento una variedad de relaciones, es evidente que, por lo general, el sustento lógico de la metáfora es la comparación de semejanza. En el día está muerto, día es el plano literal y muerto el vehículo: su rasgo común es la falta de movimiento, y es eso lo que se quiere decir del día. Al proponer esta relación en un sintagma lingüístico, no es necesario que todos los componentes de la tríada estén presentes; de hecho, en la retórica, la presencia de la tríada completa se conoce como símil: la fiesta está tan silenciosa como un muerto. Lo que sí es seguro es que para plantear lingüísticamente una metáfora es indispensable la presencia de la figuración. De este modo, cuando la frase presenta el elemento literal y el vehículo (cabellos de sol), se conoce como metáfora en presencia; cuando no (los fragmentos de sol que el viento esparce), es una metáfora en ausencia o plena (puesto que ya solo se consigna el plano figurativo).

Si bien por causa de la educación escolar las personas suelen creer que las metáforas son exclusivas de la literatura, en realidad todos usamos metáforas para expresarnos. E incluso existen metáforas propias de las ciencias. Ciertamente, hay diferencias relativas entre su uso en uno y otro registro. Por ejemplo, las metáforas del uso cotidiano suelen ser en presencia; mientras que en el uso literario hay una clara afición y toda una tradición de metáforas en ausencia. Existen muchas otras formas de clasificar las metáforas.

Por su sintaxis, las metáforas más comunes son las de genitivo:

Uso cotidiano: Era un mar de bondad, la pobre.

Uso literario: Perenne colmenar de Salamanca (J. Sologuren)

Las de adjetivo:

Uso cotidiano: Te gusta vestir colores chillones, ¿no?

Uso literario: con remos gemidores (L. de Góngora)

Las verbales:

Uso cotidiano: Renato voló a la universidad.

Uso literario: La estrella lloró rosa… (A. Rimbaud)

Y las copulativas (otras veces llamadas imágenes):

Uso cotidiano: Luis parece barco [cuando fuma].

Uso literario: Un monte era de miembros eminente… (L. de Góngora)

Se les puede clasificar también según la intención y el efecto semántico. Así, una metáfora puede personificar un elemento literal inanimado o abstracto:

Uso cotidiano: La licuadora no quiere funcionar. [Peruanismo]

Uso literario: ¡Qué mudos pasos traes, oh muerte fría! (F. de Quevedo)

O bien cosificar el elemento:

Uso cotidiano: La muerte le cayó de golpe.

Uso literario: ¡Oh cómo te deslizas, Edad mía! (F. de Quevedo)

Una metáfora también puede amplificar, positiva o negativamente, una cualidad:

Uso cotidiano: No quiere correr, es peor que una piedra.

Uso literario: Érase un espolón de una galera [En referencia a una persona de gran nariz] (F. de Quevedo)

Otra forma de analizar las metáforas es según la cercanía semántica entre el elemento literal y su vehículo. Por ejemplo, una metáfora de sinestesia es aquella en la que el plano literal y la figuración responden a distintos estímulos sensoriales:

Uso cotidiano: Su voz es dulce cuando canta.

Uso literario: … ciego / ambular de color (J. Sologuren)

Pero el lector se habrá preguntado para qué sirve tanta clasificación y formas de metáfora, si como dijimos el elemento metafórico comunica una idea en reemplazo de su significante usual. ¿Por qué no decir simplemente Gritó con voz fuerte o Presiento que está cerca el momento de morir (en el caso de Quevedo)? ¿No es acaso más económico y claro decirlo así? Sucede que la metáfora comunica algo más: si bien en el rasgo común se halla el significado conceptual básico de la relación, la figuración comporta un agregado semántico, sea conceptual o sensorial o afectivo. Cuando Garcilaso de la Vega dice el cabello, que en la vena del oro se escogió, no solo describe el color rubio del cabello de una mujer, sino que le agrega visualidad mental y una valoración afectiva que no tendría si se designase su color directamente como rubio. Existen incluso casos en los que el tertium comparationis no es muy evidente, o es creado, y todo lo comunica el vehículo: Charles Baudelaire dirá tu recuerdo como una custodia; y César Moro, cabeza de cristal. La utilidad de la metáfora está en lo que comunica el vehículo, aquello de que carecen el término común y el literal, y que incluso es más informativo. Entonces, en este punto radica la principal diferencia entre la metáfora cotidiana y la literaria. El enunciante poético coloca la mayor parte del contenido semántico (o todo él) de la comunicación en la figuración, al punto que su término es irremplazable (algunos teóricos dudan de si se trata de desplazamiento semántico o de clarificación de un significado).

En el uso diario, en cambio, por la inmediatez de la situación, y lo directo y económico de su estilo, la metáfora busca ser clara en cuanto al tertium comparationis; y el vehículo solo agrega algún matiz expresivo, no información nueva. En este ámbito se producen metáforas que solo lo son en el análisis, mas no se perciben como tales. A este ámbito pertenece un tipo de metáfora conocido como catacresis: metáforas normalizadas en el la lengua cotidiana por su uso frecuente y extendido; y que, pese a su constitución, se toman por significación directa, e incluso es la forma preferida por los hablantes. Frases como voz chillona, niña dulce, herida viva, mar serena, la licuadora no quiere funcionar, etc., son catacresis. Por otro lado, se dice también catacresis de aquellas metáforas que se crean, por necesidad lingüística, para designar una realidad que no tiene forma propia: cuello de botella, pico de la montaña, agujero negro, boca del río, hoja de afeitar, etc.

Como se observa, en el diseño de la metáfora entran en juego las distintas dimensiones de la lengua, y una sutil diferencia supone toda una nueva forma de generar significado. El estudio de la metáfora, pues, nos muestra la riqueza, la flexibilidad y las infinitas posibilidades expresivas que nos concede el lenguaje.

Renato Guizado Yampi

Referencia de la imagen: Tomada de Escatología, tabúes y tropos, en https://www.youtube.com/watch?v=1z79y1ewII8

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